Entrevista
Cuenta Joaquín Leguina que el cura invitó al moribundo general Narváez a confesar sus pecados y a perdonar a sus enemigos antes de abandonar la vida, pero éste le dijo que era imposible: los había matado a todos. "Con Zapatero ocurre lo mismo; se ha cargado a sus sucesores", concluye el ex presidente madrileño. Recibe a EL IMPARCIAL en su despacho del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid, en el encuentro de la Gran Vía con la calle Alcalá. No parece estar de buen humor y mantiene en principio la pose del veterano cascarrabias, sólo pose, al que le encanta mantenerse vivo y escuchado. Pronto desenmascara su carácter y habla con pasión, sin perder un solo momento la ironía ni, por supuesto, la pose. Cercano en el trato y agradecido, abre las puertas a este periódico para hablar, entre otros asuntos, de su última novela, La luz crepuscular (Alfaguara), que lo ha devuelto a la primera plana mediática.