Garzón, presidente
miércoles 04 de marzo de 2009, 22:02h
Carlos Dívar preside desde hace poco el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo. Un cargo lleva aparejado el otro. Ocurre que, para detentar dicha responsabilidad, hubo de abandonar su anterior destino: presidente de la Audiencia Nacional. Así, la plaza en cuestión lleva vacante desde entonces y ayer noche se cerraba el plazo para la presentación de candidaturas. Hasta aquí, todo normal…de no ser porque uno de los miembros de la carrera judicial que se ha postulado para presidir la AN es Baltasar Garzón. Nada menos.
Experiencia no le falta, desde luego. Además, está en su perfecto derecho de optar a la plaza que estime oportuna, siempre y cuando reúna los requisitos ad hoc. Pero quizá sería bueno precisamente ahora traer a colación unas palabras del anterior inquilino de ese puesto, Carlos Dívar, cuando afirmaba que un juez debe desarrollar su labor de manera “discreta y silenciosa”. Bien está que la administración de justicia sea pública; pero no que su funcionamiento se escenifique -nunca mejor dicho- cara a la galería, con un claro exceso de estridencias mediáticas.
Jueces y magistrados desempeñan cada día una importantísima labor: la de administrar justicia. No son conocidos ni salen en los periódicos. Ni falta que les hace. Se dedican a hacer su trabajo sin distracciones de cámaras y flashes y, menos aún, de cantos de sirena políticos. Quizá por eso, la mayor parte de sumarios en España suelen estar bien instruidos. O tal vez porque los jueces están pendientes de que lo que deben, las personas a las que imputan son, por regla general, acusadas de algún delito a posteriori y no entran por una puerta y salen por otra. Sirva como ejemplo la lista de imputados en la “operación Gürtel”, la mayoría de los cuales han quedado en libertad sin cargos. Eso sí, del juicio paralelo llevado a cabo en los medios de prensa habituales, de Prisa y corriendo -las elecciones apremiaban- no se han podido librar. Si Garzón quiere más protagonismo, que se presente a un casting de actores; seguro que tiene éxito. Pero si lo que pretende es seguir vinculado a la justicia, que obre en consecuencia. Porque, por encima de focos y altavoces, está la ley. Eso es lo verdaderamente importante.