ensayo liderado por Javier gomá
¿Cómo ganarse la vida en el arte, la literatura y la música?
lunes 19 de marzo de 2012, 20:52h
Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música es el título de un libro que invita al lector a reflexionar sobre la condición de los artistas como profesionales de unas disciplinas vinculadas hasta el siglo XVIII con los encargos, pero que con el Romanticismo fueron gozaron de una libertad creativa ansiada, aunque no exenta de avatares. Este ensayo, que parte de una tesis de Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, cuenta con la participación de Francisco Calvo Serraller, Juan José Carreras, Antonio Gallego, José Carlos Mainer, Joan Oleza y Alejandro Vergara Sharp-
El filósofo Javier Gomá figura como director del ensayo Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música (Galaxia Gutenberg), un texto reflexivo que plantea la necesidad de valorar la condición económica de los artistas como una fuente más de información que ayude a la comprensión de sus vidas y a la apreciación de sus obras, ya sea una pintura, un poema o una partitura. Francisco Calvo Serraller, Juan José Carreras, Antonio Gallego, José Carlos Mainer, Joan Oleza y Alejandro Vergara Sharp participan también en esta obra de análisis.
“La mayoría de las obras de arte creadas hasta el siglo XVIII fueron encargadas por la monarquía, la Iglesia o la alta burguesía”, comenta Gomá, quien recurre a Miguel Ángel y a Leonardo da Vinci para explicar el funcionamiento de la economía de las artes vigente hasta la irrupción del Romanticismo. “No creo que ninguno de los dos viera el encargo como algo que repugnase a su condición de artista ni que, por hacerlo, viera su ingenio restringido”, comenta, al tiempo que cita como ejemplo La Gioconda, que pintó Leonardo por encargo y cuyo valor es indudable.
Así, opina que la corriente romántica “tuvo una influencia colosal”. Este movimiento “obligó a los artistas a pensar que debían estar por encima de los condicionantes económicos y sociales”, lo que les condujo a tal “pasión por su libertad” que “la economía de encargo fue superada por estas circunstancias para dar paso al mercado del arte”.
Fue a raíz de este cambio cuando aumentó entre los creadores la sensación de soledad. “Llegaron a tener tal concepto de sí mismos y alcanzaron tal pasión por su independencia que quisieron emanciparse de las fuentes tradicionales económicas, es decir, el patrocinio y el mecenazgo”, dice Gomá.
Pero no todo fueron facilidades. “Al principio, no se había creado el concepto de público, por lo que a muchos artistas este nuevo planteamiento les condujo a la bohemia”. Los impresionistas hicieron bandera de esta condición. “Fueron los primeros en prescindir de academias, administración, monarquía o encargos de la Iglesia para ganarse la vida confiándose a un mercado en el que, en ausencia de público, se limitaban a abrir tiendas o a exponer en la calle esperando a que alguien comprara sus obras”.
Luego siempre ha habido dependencia. Lo corrobora este experto, quien matiza que puede ser entendida “a priori o a posteriori”. Pone un ejemplo para explicarlo: “Está el artista que tiene un encargo con unas condiciones predeterminadas y a consecuencia de ello crea una obra, y el que lo hace por su cuenta y debe esperar a que alguien la compre algún día con el riesgo de que nadie se interese por ella”.
Es decir que, según su parecer, “los condicionantes económicos y sociales no deben ser contemplados como negativos”, dado que igual que Miguel Ángel resolvió con maestría la decoración de la Capilla Sixtina por encargo del Papa Julio II, un pintor o escultor hoy en día puede hacer lo propio con un trabajo creado fruto del acuerdo con una galería.
En el libro Aquiles en el gineceo, Gomá defendió la tesis de que el hombre lleva a cabo un proceso de formación que le conduce a desarrollar dos maneras de socializarse: el oficio y el corazón o, como él mismo comenta, “el amor y el trabajo”. Así sostiene que “cuando una persona satisface los dos objetivos se integra en la sociedad de una manera productiva y reproductiva”, al tiempo que se percata de que tiene que hacer algo de provecho para que la gente se sienta interesada en pagar por lo que ofrece. “Mi tesis radica en que la especialización del oficio y la integración profesional en la sociedad son dos factores importantísimos en el individuo para la formación de su identidad”, dice Gomá, quien insiste en que ha sido el pensamiento romántico el que nos ha hecho pensar "lo contrario".
Esta teoría le lleva a afirmar que las obras de arte y el mundo interior del artista “están condicionados por el modo en el que se ganan la vida”. A su juicio, “nos encontramos con que la mayoría de los libros relacionados con el arte, la literatura y la música, por no decir la totalidad, ignoran este aspecto centrándose en qué les influyó o en aspectos personales como las relaciones extramatrimoniales que tuvieron, por ejemplo, sin dar respuesta a cómo se ganaron la vida”. Estudiar esta información, que afirma que “suele ser olvidada, ya que parece que no tiene interés”, cree que se trata de un “factor importante” para interpretar “correctamente” sus vidas.
Rubens y Beethoven han sido dos de los casos estudiados en este ensayo para apoyar la reflexión que propone. En el caso del pintor barroco, Gomá lo nombra como “un caso paradigmático de trabajo en taller y de labor casi asimilada a la de artesano”, ya que recibió encargos de todo tipo y tuvo entre 30 y 50 personas trabajado a su cargo. “Tuvo una especie de patrón que sus discípulos siguieron, lo que derivó en una producción industrial”, explica. Beethoven, por su parte, aceptó encargos, pero pronto se “reivindicó como independiente” al querer vivir “de las ventas de sus partituras y de lo recaudado en las taquillas de los lugares donde se tocaban sus obras”.