Entre adoquines
Próxima estación: Galletas Príncipe Pío
viernes 16 de marzo de 2012, 08:53h
El de “Galletas Príncipe Pío” es tan sólo un ejemplo de las originales propuestas que se están lanzando a través de las redes sociales para rebautizar posibles estaciones patrocinadas, como una nueva forma de capear el temporal de la crisis. Desde que empezó a correrse la voz de que quien ayer pasaba por la estación del kilometro 0 descubría que la misma había pasado de repente a llamarse Sol Galaxy Note!, tuiteros y demás usuarios de redes sociales se afanaban por encontrar otras posibilidades creativas de nuevos nombres. Se aprovechaba, claro, para comentar la inesperada jugada y se realizaban encuestas con el objetivo de comprobar cuál había sido la reacción de los usuarios ante la matutina sorpresa. En general, los encuestados se mostraban por completo de acuerdo y, sin duda, los responsables de este proyecto piloto de un mes de duración tuvieron que disfrutar de lo lindo de sus horas de gloria.
A veces ni los mejores estudios de mercado son capaces de asegurar cuál será la respuesta del público. Y más difícil aún, puede resultar para los publicistas convencer al cliente de que esa campaña publicitaria tan extravagante o revolucionaria va a tener el éxito que se espera de ella o, en todo caso, de que no molestará a nadie ni tendrá que ser retirada apresuradamente para que las aguas vuelvan a su cauce. Eso sí, en muchas ocasiones de lo que verdaderamente se trata es que se hable de ello, para bien o para mal. Que se lo digan a los responsables de la reciente campaña de Loewe. Puede que aún se estén preguntando por las razones de la mala acogida que los chicos protagonistas de sus anuncios han recibido en la red, pero en todo caso han conseguido que los bolsos de la marca aparezcan como trending topic del día.
Parece ser que hace un par de años la propuesta de crear estaciones patrocinadas – técnica conocida como naming rights - ya había pasado por alguno de los despachos de los responsables de Metro de Madrid. Se trataba de rebautizar algunas estaciones del centro histórico de la ciudad como método de financiación, pero la revolucionaria idea acabó por desecharse precisamente porque se consideró que provocaría el rechazo de los madrileños. En realidad, la idea no era tan revolucionaria ni, desde luego, tan nueva. En 2009, el ayuntamiento de Nueva York engordó sus arcas públicas con 4 millones de dólares a cambio de que Barclays rebautizará con su marca una estación de Brooklyn durante un plazo de 20 años. Y fuera del ámbito de las redes de metro y sus estaciones, son numerosos los casos de teatros que han cambiado su histórico nombre por el de la marca que le patrocina – como el Teatro Calderón, rebautizado Häagen Dazs – y, por supuesto, de estadios deportivos en todo el mundo.
Así que, ¿por qué no hacerlo con una estación de metro? Puede que dos años atrás sí que se hubiera producido ese temido rechazo por parte del ciudadano, pero hoy, cuando cualquier hijo de vecino se deja la piel en cuadrar las cuentas domésticas con los correspondientes recortes, nos encontramos en un momento de lo más oportuno para emprender una campaña de este tipo. Metro de Madrid tiene en la actualidad un déficit de 800 millones de euros, de modo que es poco probable encontrar a un usuario que prefiera un incremento del precio del abono o del billete a que al nombre de la estación le añadan un apellido comercial. Pero si hasta más de uno nos prestaríamos gustosos a llevar en la luna trasera de nuestro automóvil el nombre de unos cereales, de unos yogures o de una franquicia de estaciones de servicio, a cambio de que nos dieran un bono mensual para pagar el combustible que gastamos. Y, por supuesto, añadiendo en el DNI nuestro nuevo apellido.
Así, es lógico que la reacción del público, especialmente del que pisa a diario la emblemática estación madrileña con casi un siglo de vida, haya sido participativa y entusiasta. También cargada de la guasa típica con la que los españoles gustamos de regar todos los campos, y los responsables de transportes del consistorio admiten, es de esperar que con la misma dosis de cachondeo, que ya han tomado nota de esas creativas sugerencias que hasta buscan que el nombre auténtico de la estación “haga juego” con sus patrocinadores: Alcampo de las Naciones, Casa de Campofrío, Tirso de Moulinex, Chuecapic o Galletas Príncipe Pío.