Ismael Crespo

Ismael Crespo

ISMAEL CRESPO es doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG

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A PIE DE CALLE

Lecciones de estrategia

11-11-2008

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Más allá de cualquier simpatía partidista o ideológica, la campaña electoral del senador Obama ha sido aplaudida como una lección de estrategia por parte de todos los analistas políticos. Desde que comenzaron las primarias, el candidato demócrata ha sabido manejarse en un escenario y en unas reglas del juego electoral que en principio no le eran propicias; ha sabido leer el contexto de la competición, estado a estado, y reforzar en cada uno los argumentos que a nivel nacional impulsaban su candidatura; buscó los segmentos de público necesarios para su victoria, algunos de éstos tradicionalmente anémicos a la hora de su participación política tradicional, y finalmente, manejo el aparato proporcionado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación como nunca nadie lo había hecho. Poco improvisado, calculador, con una alta racionalidad en la toma de sus decisiones, Obama ha sabido leer cómo conquistar el poder.

Uno de los grandes gurus electorales de nuestra época, Dick Morris, responsable entre otras cosas de la reelección de Bill Clinton a la Presidencia de los Estados Unidos, escribió hace unos años un libro titulado The New Prince. Es este un texto de referencia para todos aquellos que realizan tareas de liderazgo en empresas, partidos u organizaciones. Además de llevar a cabo una relectura aplicada al siglo XXI de El Príncipe de Maquiavelo, Morris desarrolla algunas ideas que son su más interesante aportación. Habla, en primer lugar, de un tipo de líder, al que llama “Ideological Stalwarts”, que está preocupado por mantenerse en el poder y ganar, o ser reelecto. Es un líder que sacrifica su coherencia y su pureza en aras del pragmatismo. Los ejemplos de este tipo de líder son innecesarios: ya hemos sufrido a suficientes de ellos en América Latina.

En oposición está el líder que, en un giro extraño de la expresión, llama “Men of Affairs”, o lo que Europa se ha venido por denominar “hombres de estado”. Estos están interesados, y comprometidos, en lograr algo, en seguir avanzando, en generar ilusiones colectivas y proyectos que puedan ser soñados y compartidos. Son líderes con idealismo y con capacidad para hacer cómplices de su sueño a los que con él conviven. No este sólo un liderazgo renovador (“change”), sino también un liderazgo transformador: aquel que permite visualizar al ciudadano que algo puede cambiar, pero que además para que esto suceda se necesita de su imperiosa aportación (este mecanismo de hacernos participes, a “nosotros”, ya lo descubrió Kennedy con su famosa frase “pregúntate qué puedes hacer tú por América”).

El éxito electoral de Obama se inscribe en este tipo de liderazgo, que sin duda toma de manera consciente retazos de las habilidades discursivas de Martin Luther King y su “I have a dream”, o de las del propio Kennedy: “cuando oigo hablar a Obama vuelvo a escuchar a mi padre y su ideal de que una nueva era estaba al alcance” (Carolina Kennedy). Sólo el éxito en transmitir ese potentísimo mensaje es lo que nos explica los niveles históricos de participación electoral en los Estados Unidos en estas últimas elecciones.

Obama ha contado, sin duda, con algunos elementos que lo han ayudado en el camino. Sin la crisis económica es difícil explicar su abultado resultado electoral, aunque son los grandes momentos de crisis, no sólo económica, los que ayudan a explicar que mensajes cargados de idealismo tengan esta capacidad de arrastre. Los eslóganes de “Change We Need” o “Yes, We Can” están llenos de indefinición, son difusos, no remiten a ningún elemento concreto, no marcan lo que habrá al final del camino. Y por eso mismo son tan fantásticos. El Nuevo Príncipe trasmite tanto idealismo que genera ilusión, nos embarca en un nuevo proyecto, se compromete a un nuevo contrato con los ciudadanos, con sus iguales, y además les pide (“We”) que participen y sean protagonistas (ellos) de la nueva era.

Las lecciones que nos ha dejado la campaña del senador Obama bien pueden aplicarse a los candidatos que en América Latina lucharan por hacerse con el poder en este nuevo ciclo electoral que comienza. Uruguay, Perú, Costa Rica, Chile, etcétera, son países donde se está reclamando un cambio de rumbo, un giro con la presencia de liderazgos que entusiasmen a sus ciudadanos en proyectos colectivos que excedan las propuestas que hasta ahora han sido predominantes. La conquista del poder no sólo se refiere, por tanto, a la formulación de propuestas distintas a las de “los otros”. Se trata del surgimiento de un liderazgo que comprometa a la sociedad en su conjunto en los retos de una nueva época. Si alguien se ha atrevido a proponer la reformulación del capitalismo, qué no podrán hacer con la refundación de políticas que ya se muestran más que agotadas. De esto y de otras muchas cosas, nos habla La Conquista del Poder.







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