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el chivato
Dios nos coja confesados
El enunciado de este comentario, tan utilizado en ciertas situaciones de apuro, es, según María Moliner, la “expresión, generalmente jocosa, con que se manifiesta miedo por las consecuencias de un acto que se juzga disparatado o por algo fastidioso o pesado que se ve sobrevenir”. Y es la expresión, nada chusca, del recelo de algunos —los de la ceja no, seguros como están, gobierne quien gobierne- tras oír la disparatada promesa de Mariano Rajoy, si llega a presidir el Gobierno alguna vez, de nombrar ministro -o ministra- de cultura a un deportista.
Si, Dios nos coja confesados si de nuevo un político desprecia la cultura e ignora la definición del Diccionario de la Real Academia que dice: “2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. - 3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”, o como dijo la UNESCO, en el 82: “La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”. No es de razón —los políticos lo hacen- vincular administrativamente la cultura y el deporte; dilatando la ambigua expresión “cultura física” para crear ministerios que apiñan las distintas disciplinas de la Cultura con mayúscula, con la cosa deportiva. Cosa de quienes mandan es crear los más absurdos e inservibles ministerios o cambiar sus denominaciones, según el talante de turno. El más despreciado de los ministerios: el de Cultura, cuya desaparición algunos respaldan, debe seguir auspiciando la literatura, la música, el teatro, la danza… Y merecer la atención de los gobiernos todos, nombrando res-ponsables capacitados, independientes en sus preferencias y decolorados políticamente. Y, para el deporte, sus gentes y sus aficiones, que creen otro gabinete a cargo de algún deportista. ¿No hay ya uno de igualdad y otro de vivienda? Y si no, Dios nos coja confesados.




