Es precisamente por lo primero que le preguntamos a
Javier Perianes cuando llega para hablar de su vida y de su carrera con El Imparcial, unas horas antes de coger un avión para viajar a Miami y desde allí a Colombia, donde le esperan sus próximas citas profesionales.
“Una experiencia increíble”, nos asegura “porque desde hace muchos años a Lucerna se la considera algo así como La Meca de la música, donde todos los grandes coinciden. De hecho, cuando me llamaron para decirme que Mehta había pedido que fuera, pensé que era una broma y contesté que no se podía jugar así con las ilusiones de la gente”, contesta con una sonrisa, haciendo gala de un sentido del humor que le hace muy cercano. “Y además las críticas han sido estupendas. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?”, reflexiona sin perder esa sonrisa por la que asoma, además, un profundo interés por todo lo que le rodea. “Uno es un poco preso de su tiempo y además debe serlo. No es posible permanecer vitalmente ajeno a los acontecimientos que te rodean, por ejemplo, en relación con los nuevos datos del paro tan poco halagüeños. A nadie puede darle igual la realidad que nos rodea”.
Enseguida queda claro que Perianes “bebe” de todas las fuentes sociales y culturales, que no es de esos artistas que exclusivamente se fijan en el arte que más les toca. “Cada
arte tiene una emoción distinta, el problema es que en este siglo XXI todos nos especializamos y, en consecuencia, perdemos las conexiones. Este es posiblemente uno de los grandes males de la sociedad actual y creo que sería necesaria una formación humanística más intensa y profunda”. Algo por lo que el pianista aboga especialmente en el caso de los niños, en quienes opina que “se debería sembrar la semilla de la sensibilidad cultural aunque luego se vayan a dedicar a otra cosa que no tenga nada que ver”, y reconoce al mismo tiempo que ahora se está avanzando un poco y que existen proyectos pedagógicos que antes ni se imaginaban. “Se está buscando además atraer a públicos nuevos, pero para ello hay que partir de la creación de una base de interés, de sensibilidad por la música. Seguramente si se posibilitaran las vías para acceder desde muy pequeños a la música, algún escolar encontraría en ella el camino a seguir para su futuro”.

Algo parecido a lo que le ocurrió a él, que jamás había soñado con dedicarse al mundo de la música, mucho menos al piano. Sus inicios, nos cuenta, fueron totalmente casuales: “De pequeño era un verdadero trasto, nunca estaba callado o quieto. Una tarde mis padres me llevaron a un concierto y por primera vez en mi vida me quedé en silencio y sin moverme. Mis padres creyeron que habían encontrado la fórmula para que me mantuviera callado y me apunté a la banda del pueblo para tocar el clarinete. A punto estuve de comprarlo, de hecho estaba ya encargado, pero un día mi tía se enteró y me convenció para que lo intentara con el piano”. Aunque, en realidad, bromea, “cuando me preguntan por el momento en el que decidí ser pianista, siempre contesto que aún no lo he decidido”. Porque el artista onubense confiesa que nunca ha sido un soñador. “
Las cosas han llegado cuando tenían que llegar o simplemente no han llegado. Lo vivo todo con naturalidad y dejo que las cosas sigan su curso para que no se rompa la magia”.
Perianes lleva viviendo en Madrid aproximadamente 12 años y afirma que nunca se ha sentido un extraño en la capital. Aún así, su “residencia espiritual” está y estará siempre en Nerva. “En mi pueblecito de poco más de 6.000 habitantes, con mi familia, con mis padres, que son muy especiales y que lo han sacrificado todo para que mi hermano y yo pudiéramos salir adelante”. Se percibe que les echa de menos, igual que le ocurre cuando tiene que viajar fuera de la capital y dejar aquí a su mujer trabajando. Ella es también pianista, aunque su gran vocación siempre fue la enseñanza y es a lo que se dedica. “Lidia es mi alma gemela y, además, forma parte de mi equipo, lleva mi agenda, me acompaña en las reuniones y en los actos imporantes.
Es una parte fundamental no sólo de mi vida, sino también de mi carrera”.
Después de Miami y Colombia, Javier Perianes volverá a España. Tiene marcada en la agenda una cita muy especial: el Conservatorio de Nerva va a llevar su nombre. “Todavía me parece algo increíble. Será, sin duda, un acto tremendamente emotivo”.