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jordi bordas y eduardo martín de pozuelo publican [i]El experimento Barcelona[/i]

La conspiración italiana que acabó con el Liceo en llamas, ¿una historia real?

jueves 17 de marzo de 2011, 16:02h
Cómo se originó el incendio del Liceo de Barcelona o quiénes se beneficiaron de su reconstrucción son algunas de las preguntas que Jordi Bordas y Eduardo Martín de Pozuelo se plantean en “El experimento Barcelona”, una novela en la que la destrucción del teatro barcelonés en 1994 sirve a los autores como telón de fondo de una trama que desvela cómo actúan los poderes en la sombra y cuáles son sus consecuencias.
Diecisiete años después del incendio que asoló el Liceo, la publicación de la novela El experimento Barcelona (Planeta) rescata aquel fatídico suceso salpicándolo de intrigas. Con idea de reflexionar sobre la influencia de un supuesto poder en la sombra, sus autores, los periodistas de investigación Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas, proponen la teoría de que una conspiración italiana urdió un plan para destruir el teatro barcelonés y La Fenice de Venecia.

Conscientes del impacto que puede tener el planteamiento de su novela, Martín de Pozuelo y Bordas dejan clara su opinión sobre su hipótesis: “Es ficción pura”. Una afirmación que, sin embargo, no les ha impedido elucubrar sobre qué pudo ocasionar el desastre, ya que “nunca se explicó cómo se originó el incendio”, según Bordas. Algo sobre lo que discrepa Rosa Samaranch, vicepresidenta de la Asociación de Amigos del Liceo, quien afirma que, al término del juicio celebrado en 2000, “la causa concluyó en contra de los soldadores que intervinieron en las obras que se estaban llevando a cabo en el teatro”.

Imagen de la portada del libro El Experimento Barcelona (Planeta)

El hecho de que el juicio concluyera sin aclarar las causas que provocaron el siniestro invita a preguntarse qué fue lo que sucedió. En opinión de Bordas, la paradoja de aquel proceso fue que “sirvió para determinar quién pagaba, pero no quién había sido el responsable”. No piensa lo mismo Samaranch, quien sostiene que “nunca se ha dudado de cómo terminó la causa” y señala a los soldadores como únicos culpables, sin olvidar las medidas de seguridad del teatro que, en 1994, "dejaban mucho que desear”, según comenta. Un dato que quedó patente en el juicio y del que dio cuenta el fiscal Víctor Alegret, quien afirmó que hubo tal “incuria, dejadez y poco cuidado” que era “extraño” que el Liceo “no se hubiera quemado antes”. Once años después de estas declaraciones, Alegret opta por no pronunciarse sobre la teoría que manejan Bordas y Martín de Pozuelo en su novela alegando que “no tiene nada que opinar ni comentar sobre estas teorías literarias”.

Samaranch, por su parte, insiste en que la investigación “nunca dio pie” a que los soldadores pudieran haber sido contratados por una empresa para provocar el incendio, por lo que está convencida de que el siniestro se debió a una “chapuza” de los operarios al “olvidar poner una protección de amianto para proteger el telón de algodón; material que arde muchísimo”.

Interior del Gran Teatro Liceo tras su reconstrucción (Foto: Antoni Bofill)


La curiosidad de los autores de El experimento Barcelona sobre aquellos hechos no ha dejado de avivarse con el tiempo. Más si se atiende a la labor de documentación que han realizado y que les ha deparado sorpresas. “Hemos descubierto cosas que nos han puesto más en duda lo que sucedió”, dice Martín de Pozuelo.

Cuestionados sobre si la sociedad catalana aún se pregunta por el suceso, ambos autores coinciden en afirmar que “ha sido apartado de la memoria”, además de calificarlo como un asunto “cerrado” sobre el que se habla “con el piloto automático”, ya que “nadie se cuestiona nada”. Pero no sólo no lo hace la gente de a pie, sino también otros colectivos, como judiciales, policiales o autoridades. “A nadie le interesa reabrir el caso”, dice Martín de Pozuelo, mientras su compañero sostiene que “no hay voluntad de conocer qué ocurrió ni antes ni ahora”.

Interior del Gran Teatro Liceo tras su reconstrucción (Foto: Antoni Bofill)
La cara oculta del poder
Más allá de buscar culpables, Bordas y Martín Pozuelo han querido incidir en cuál es el alcance de un supuesto poder que obra en la sombra, que teje el curso de la política y de la economía de un país y que, según su novela, puede llevar a la destrucción de un emblema como el Liceo para lograr rédito político y económico. “Lo que más nos ha motivado es reflexionar sobre la existencia de un poder invisible, el que no se ve, es decir, el que está fuera de escena, más allá de gobiernos y parlamentos”, dice Bordas, al tiempo que su colega no duda en alertar sobre la influencia de “grandes corporaciones” en decisiones trascendentales. Tanto que, según ambos, “incluso los líderes políticos no dejan de estar en manos de este tipo de gente”.

En el caso del Liceo, la rentabilidad política y económica que se derivó del siniestro quedó pronto patente. Las administraciones catalanas unieron fuerzas para promover la reconstrucción del teatro sabedoras de que, actuando así, se asegurarían el beneplácito de potenciales votantes, mientras que las empresas constructoras se toparon con una oportunidad única para avivar sus cuentas. Pero no todos salieron beneficiados. A la pérdida del teatro como símbolo de la cultura barcelonesa se sumó la expropiación de las viviendas que habían quedado dañadas por el fuego. Sus inquilinos fueron, a juicio de estos autores, "los únicos perjudicados” de las obras de reconstrucción, que costaron 14.000 millones de pesetas, unos 84 millones de euros.



Casi dos décadas después del incendio, el Liceo celebra haber alcanzado una posición de renombre en el panorama operístico mundial, aunque no sin ciertas dificultades. En febrero ha dado a conocer que ha visto reducido su presupuesto 10 millones de euros en dos años, además de estar planeando un ERE y haber contemplado la posibilidad de subir el precio de las entradas. Recortes confirmados por Samaranch quien, como responsable de la asociación que se encarga de difundir la actividad artística del teatro, detalla que “han sido anunciados después de que estuviera cerrada la programación”, lo que supone una “faena”, ya que ha obligado a la dirección a hacer “más reposiciones de antiguas producciones para amortizarlas”. Así, diecisiete años después de superar la crisis del incendio, el símbolo de la cultura barcelonesa vuelve a padecer una, aunque esta vez económica.






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