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Crónica cultural

Sorprendente concierto en Alella

domingo 24 de julio de 2011, 20:24h
El festival de verano de Alella llega a su fin con un sorprendente concierto de música clásica en los jardines de la Casa señorial de las Cuatro Torres. Además, aniversario del escritor japonés Junichiro Tanizaki a punto de que Siruela publique sus últimas novelas.
Si se llega a Alella, un pueblo cercano a Barcelona por la carretera de la costa, aunque sea pleno verano, los paseantes son locales, las casas y las calles con sabor a pueblo lejano. Entre ellas, casas señoriales de las cuales apenas se divisa, desde afuera, los altos pinos del bosque que las rodea. Pero en verano, las puertas de esas mansiones abren sus puertas para acoger al Festival de Verano de Alella. Desde la Casa señorial del Marqués de Alella, más parecida a un palacio italiano, hasta la de las Cuatro Torres, de la misma época, el escenario es fundamental para enmarcar el ambiente de los Festivales Musicales.

El sábado 23 por la noche tuvo lugar el último concierto del Festival que lleva funcionando desde hace siete años. Esta vez, como el jueves anterior, iba a ser en la Casa señorial de las Cuatro Torres, un imponente edificio del siglo XIX y que dentro de su estructura conserva un bosque como jardín, en el centro del pueblo. Se habían dispuesto unas trescientas sillas en ese jardín en donde oíamos al entrar, músicos de cámara ensayando para el concierto. Quince músicos, de diferentes edades, y lugares, profesionales, algunos extranjeros, llevaban diez días ensayando en el pueblo.

“La idea era copiar lo que se hace en el Festival de Malboro, en Bermont (EEUU). Los músicos, sin haber tocado juntos previamente, se conocen unos días antes, organizan un repertorio para que el concierto que darán posteriormente resulte más auténtico, casi improvisado. Los visitantes pueden asistir a los ensayos durante estos días y convivir con los músicos”, nos cuenta la organizadora.

El concierto se dividió en tres partes, se tocó a Beethoven, a Francis Poulenc y a Schubert. Fue una verdadera sorpresa la energía con la que el grupo de músicos se dejó llevar por las armonías de Poulenc, desacordes, de altos y bajos, modernas, llenas de una magia que conmovió al público en un marco marcado por la elegancia y la sobriedad. El romanticismo de Schubert también cautivó y cabe destacar a los violinistas Helena Satué y David Ethève, y, por supuesto a Vladislav Bronevetzky que dejó constancia al piano de una profunda maestría musical.
También hoy, un 24 de julio, nacía en Nihombashi, cerca de la bahía de Tokio, el escritor Junichiro Tanizaki (1886-1949), uno de los máximos exponentes de la literatura japonesa del siglo XX.

Vivió en Europa varios años, entre París y Londres, conociendo la cultura Occidental que luego desarrollará en sus obras. Volvió a Tokio para dedicarse a la literatura. En sus novelas y ensayos, Tanizaki ha plasmado el conflicto de su país entre el pasado y el futuro, el cruce entre Oriente y Occidente cuando Japón se ve obligado a una revolucionaria modernización.

En 1949 se le otorgó el premio Imperial de literatura por La madre del capitán Shigemoto. Su libro más famoso ha sido Elogio de la sombra, ensayo que se publicó en España en 1994 (Siruela), alcanzando un gran éxito de ventas. El ensayo, escrito en 1933, se desarrolla una idea clave del pensamiento oriental: en la estética tradicional japonesa lo esencial es captar el enigma de la sombra. Desde entonces, sus obras se han ido traduciendo con cierta regularidad como El cortador de cañas, Diario de Shunkin, El puente de los sueños, El cuento de un hombre ciego, Arenas movedizas y La gata, Soho y sus dos mujeres.

Sus otras obras más conocidas son Las hermanas Makioka (1957) y La llave (1961) que, junto con Naomi y Diario de un viejo loco, veremos este año publicados en España por Siruela.
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