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400.000 según faconauto

Un mar de coches a la espera de venderse

viernes 06 de marzo de 2009, 15:22h
El mes de septiembre de 2007 heló la sonrisa de José Luis Rodríguez Zapatero. Antes, todos los indicadores económicos eran favorables. A partir del noveno mes de ese año, comenzaron a empeorar a ojos vista. Un sector en particular empezó por esas fechas su declive, que en España ha devenido en una auténtica debacle: es el del automóvil, que para las crisis como para las recuperaciones económicas siempre ha sido un “indicador adelantado”.

No es sorprendente que cuando vienen mal dadas la gente se piense dos veces cambiar de coche, dado que el coste ronda el sueldo bruto anual, cuando no lo supera. Lo que sí resulta sorprendente es la medida en que han caído las ventas: de las 161.000 unidades antes de que cambiase el ciclo a los 62.000 registrados en el segundo mes de 2009. Ello supone una caída que supera el 60 por ciento.

El mercado es un sistema eficaz, pero para subsistir en él hay que hacer caso a las señales que envía. La que se enviaba desde España a los concesionarios primero y a los fabricantes después era clara: ahora no se necesitan tantos coches como antes. Los concesionarios no pueden vender más que lo que quieran comprar sus potenciales clientes, pero los fabricantes tienen una salida, al menos a corto plazo, que es seguir vendiendo vehículos a los concesionarios, en virtud de los acuerdos alcanzados entre las dos partes.

Así se ha hecho en este año y medio de crisis del sector, hasta que el espacio físico de los concesionarios no ha dado más de sí. Blas Vives, secretario general de la Federación de Asociaciones de Concesionarios de la Automoción (Faconauto), ha declarado a El Imparcial que se produjo “un exceso de suministro de vehículos”. Cuando éste no pudo continuar, “aparecieron los EREs” en los fabricantes.

La producción, por lo general, no se ha detenido en cuanto empezó a hacerlo el consumo, lo que ha tenido como consecuencia un aumento del stock. Blas Vives ha dicho a nuestro periódico que su asociación calcula que, en estos momentos, “habrá poco más de 400.000 vehículos en stock”, contando tanto con turismos como con vehículos industriales, repartidos entre los concesionarios y las campas.

Antes, el tránsito desde la fábrica hasta el consumidor final era relativamente breve, pero la acumulación de stock en los últimos meses ha cambiado la situación por completo. Para los coches de algunos fabricantes, “los que han gestionado mejor el suministro”, el tiempo de espera ronda los 45 a 50 días. “Pero hay marcas en las que ese plazo se prolonga hasta los 200 días”, nos dice Vives. La situación es peor en el caso de los vehículos industriales. Un gran número de ellos se destinaba a las obras de construcción, pero como ésta se ha parado en seco, “el tiempo en stock alcanza incluso los dos años”.

Si en estos momentos hay 400.000 vehículos en stock, si se mantiene el actual ritmo de ventas, tardarían en salir todos al mercado seis meses y medio, pero dado que los fabricantes siguen surtiendo a los concesionarios de nuevos coches, una parte importante de ellos tendrá que esperar mucho más de seis meses. César Sinde, periodista experto en el mercado del motor, ha señalado a El Imparcial que los coches en las campas están protegidos con parafina, que limita su desgaste. Pero tanto las ruedas como los líquidos pueden tener que renovarse antes incluso de llegar al concesionario, o poco tiempo después.

Pero el mayor problema no es ese sino, como señala César Sinde, que la llegada de nuevas versiones de los modelos hace que el valor de los coches del modelo antiguo que todavía no se hayan vendido caerá precipitadamente. José María Cernuda, periodista especializado en el ámbito del motor y colaborador de El Imparcial con su sección “Sobre ruedas”, va incluso más allá.

La liquidación de un stock que ha quedado anticuado “ha pasado toda la vida”, y las marcas lo resuelven “haciendo ofertas fantásticas”. El problema ahora no es que se de ese fenómeno, sino su magnitud. Son demasiados los coches que esperan su oportunidad para ser conducidos y que pueden perder su valor antes de que ésta llegue. Por eso las marcas pueden incluso plantearse la salida al mercado de nuevos modelos. “Los japoneses impusieron ciclos cortos en la renovación de los modelos”, recuerda José María Cernuda. La salida al mercado del viejo stock “hundirá al mercado en torno a tres años”, una crisis a la que se tendrá que responder “volviendo a los ciclos largos”.

El problema es que, como señala el propio Cernuda, las decisiones de las grandes marcas se basan en la marcha del mercado mundial, y el ritmo de la renovación de sus modelos no se basará en las necesidades del mercado español, que se ha deprimido mucho más que otros. Por eso, el futuro del sector en España sigue siendo un misterio.
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