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JORNADA 21: BARCELONA 3 VILLARREAL 2

Messi y Neymar sacan al Barça de su agujero táctico ante un Villarreal rebelde (3-2)

domingo 01 de febrero de 2015, 23:17h
Actualizado el: 02/05/2015 18:14h
Los levatinos helaron el suspiro catalán, que volvió a sufrir a la contra. Por Diego García


Luis Enrique se manejaba en la previa del espinoso duelo ante el Villarreal de este domingo montado, con resignación en el discurso público, sobre la ola disparada de juego y efectividad de su tridente -mención especial a lo fulgurante de Neymar-. Leo Messi parece haber impuesto su jerarquía en la batalla de egos con respecto a la dirección técnica del vestuario y ha decidido regatear fantasmas del pasado. No obstante, este junio no albergará un Mundial sobre el que merezca la pena argumentar el paseo por el césped ejecutado el último tercio de la temporada pasada. Así, sin retocar ni rotar nada salvo a Rakitic -que todavía no ha digerido con naturalidad su rol, acechado por la densa sombra de Xavi-, que cedió su plaza a un Rafinha que debía sostener la espalda de la medular y no provocar el ahogamiento de Busquets en las transiciones rivales. El nivel de presión sin balón ante un equipo que maneja con limpieza la pelota y confirmar la huída definitiva de la horizontalidad en el monopolio de la posesión, variables a identificar en estos 90 minutos valiosos para no ceder terreno en la lucha por el liderato liguero.

El Villarreal, recién clasificado a las semifinales coperas, arribó en el Camp Nou con la intención de mantener fidelidad a su estilo alegre y venenoso en lo vertiginoso de su tercio atacante. Así, Marcelino apostó por Giovani en la labor de enganche entre la lanza en banda que representa Cheryshev y lo escurridizo de la pegada de Vietto. Para sostener esta avanzadilla, el técnico asturiano dispuso a Bruno y Pina como red de seguridad para tapar líneas de pase del coloso rival y a Jonathan dos Santos en el papel de todocampista. Musacchio lucía su regreso a la competición en el centro de la zaga en una línea que marcaría la intencionalidad del equipo en su despliegue, más o menos largos, en los laterales. Mantener la cohesión, el compromiso en el repliegue y la calma en la posesión para respirar, elementos a tener en cuenta para no sucumbir de manera precoz.

Arrancó el envite con un intervalo prolongado de posesiones catalanas más verticales de lo que hubiera deseado el Villarreal. Con Messi y Neymar obligando a establecer ayudas en banda a la zaga visitante, el Barça encontraba carriles laterales y en diagonal para desestabilizar el repliegue levantino. El bloque barcelonés fluía con la pelota en una clara intención de morder de inicio.

Los pupilos de Marcelino buscaron implementar intensidad en su orden, siempre bajo la jurisdicción de su propio campo, para evitar esfuerzos desmesurados y la ruptura de líneas. Esta cohesión minimizó las llegadas al arco del Barça, que manejaba la pelota con velocidad sin un flujo de ocasiones elevado. Luis Suárez se erigió en protagonista de estos primeros 20 minutos de dominio absoluto culé: abrió el duelo con un chut desviado tras pérdida de Bruno y pase al desmarque de Iniesta en el 7, remató desde la frontal un envío que se sacó Asenjo en un escorzo de complicada definición en el 12 y mandó a la valla la oportunidad más limpia local hasta el momento, en posición franca de disparo tras un mal despeje visitante.

Se desperezó el Villarreal anunciando lo efectivo de su guión. Trazó una contra -la suerte que, de manera reiterada, desnudó el sufrimiento de la medular catalana sin la pelota- de tres atacantes para dos zagueros que concluyó con el despeje defectuoso de Mascherano y chut desviado de Mario que Cheryshev alojó en la red blaugrana con una astuta interceptación. Corría el minuto 30 y la endeblez defensiva complicaba la paz del Barça.


Vietto ahondó en el paradigma con un cabezazo en otra cobertura de contra rival horrible del Barcelona. El argentino, extraordinariamente dinámico en sus desmarques e inteligencia, cabeceó a las manos de Bravo ganando la partida con claridad a Piqué y Mascherano. Sin embargo, la pegada del segundo clasificado hizo acto de presencia en el pase interior de Messi –que limpió a dos rivales- y el remate de Rafinha que cayó en las botas de un Neymar fosforescente de cara a gol. El brasileño empataba el partido en el minuto 44 aunque el Villarreal había maniatado el caudal mostrado en el arranque y Gio, Cheryshev y Vietto bastaban para indigestar el duelo al Barça.

Sin cambios se declaró la guerra sin trincheras en la reanudación. Una volea muy alejada de los palos de Alves en el 48 actuó como disparo al aire de las hostilidades en 10 minutos de bacanal. En el 51 Vietto hizo el 1-2 tras un fallo estrepitoso de Piqué en el control del balón en el centro de la cancha. La pelota cayó en los pies de un Gio que sentó al central en la línea de fondo y envío al centro del área para alimentar la llegada en solitario del punta argentino.

Pero el Barça reaccionó con todo su potencial ofensivo y el cambio de Messi de la banda al centro, para ganar el terreno entre líneas –que había taponado al equipo local desde el minuto 20 de juego- y abrir claros en banda. Iniesta activó su clase en un intervalo exquisito para dejar a Suárez en ventaja en el centro del área en el prólogo de 2-2. El charrúa se giró, cendió a Messi y el remate de la Pulga fue para al cañonazo de Rafinha tras un despeje infructuoso e in extremis de la zaga castellonense. Un minuto de alegría visitante.

Acto y seguido -en el 55- Messi deshizo la confianza defensiva del Villarreal colocando el cuero en la escuadra tras recibir, en la frontal, un pase de Alba que llegaba con el lazo del amague de Suárez. Neymar cerró el apocalipsis levantino con un disparo muy desviado tras una transición fulgurante del astro argentino.


Tomó el Barça un respiro, que se extendería hasta el desenlace del partido, y en la jugada peligrosa inmediatamente posterior -corría el 60 de partido-, el colegido anuló con justicia el gol de Víctor Ruiz por posición de fuera de juego en una falta lateral botada por Jonathan. La siguiente jugada, tras el pitido del árbitro, disparó a Messi a la contra en otra conducción terrible que concluyó en forma de pase con el exterior de terciopelo, control sublime en vuelo de Neymar y posible penalti de Asenjo, superado por encima en su salida. El sombrero del carioca fue mal despejado por la zaga valenciana y Suárez cabeceó fuera, con todo a favor, en el segundo poste. El partido llegada sollozando al minuto 64 y fue entonces cuando se declaró el apagón.

La batalla por el centro del campo, con el Villarreal discutiendo la posesión con Bruno aportando algo de pausa al frenesí del tridente, que no conseguiría ya probar los guantes de Bravo. Luis Enrique entendió que debía sacar del campo a un sobrepasado Busquets –de nuevo en inferioridad táctica- por Mathieu y pasar a Mascherano al centro del terreno. Marcelino sacó a un sensacional Pina en labores de robo y salida para aportar la claridad en la combinación de Trigueros en la frontera del 80 de partido. Pedro -por el desafortunado Suárez-, Moi Gómez -como recambio del impotente Jonathan- , Rakitic –inoperante en comparación con el despliegue de Rafinha, más voluntarioso que acertado desde el prisma táctico- y Uche –por Gio, que desinfló su veneno con el gol de Vietto- también entraron en juego en un escenario en claro declive de intensidad.

Los visitantes probaron suerte a balón parado -privados por falta de energía de seguir castigando el nerviosismo local a la contra- pero el marcador ya no se movería. El Barça arrancó tres puntos vitales para no quedar descolgado en la lucha por el liderato -el Madrid sigue con un partido menos- pero la sensación de endeblez ante una contra dotada de calidad se profundiza. Messi y Neymar se vieron acompañados de Iniesta pero la fluidez combinativa no encontró el mecanismo arrollador de antaño y al Villarreal le faltó concepción colectiva para soportar la responsabilidad de ir por delante en el Camp Nou, una percepción que priva al sensacional proyecto levantino de cotas mayores. Al menos en este punto de trayectoria vital de sus elementos decisivos. Así pues, sonríe Can Barça con una mueca de suspiro helado.

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