Es evidente que cuando alguien acude a un centro especializado de cirugía estética es para mejorar la fisonomía. Pero, ¿qué pasa cuando la noticia es que ese cambio de imagen ha empeorado el aspecto de, por ejemplo, una actriz hasta el punto de casi no reconocerla?
Las últimas apariciones públicas de actrices como Uma Thurman, Renée Zellweger o Meg Ryan han puesto sobre la mesa, por enésima vez, el debate sobre las intervenciones de cirugía estética y hasta dónde se puede llegar en el cambio.
Parece que lo legal y lo ético chocan en la mesa de operaciones cuando un o una paciente quiere hacer un cambio de imagen total, tan radical que parece otra persona. Pero, ¿dónde está límite, hasta dónde se puede llegar en el cambio? ¿Puede uno cambiar con cirugía estética todo lo que quiera?
El presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), Cristino Suárez, ha explicado a El Imparcial que en su opinión “el límite de la cirugía estética está en el sentido común”. Considera que “si no se hacen verdaderas barbaridades, sino retoques grandes o pequeños, pero con sentido común, no habrá ningún problema”.
Cuestionado sobre si existe alguna normativa al respecto, Suárez es tajante: “No. No hay ninguna ley que regule los límites de una operación estética. Un paciente puede hacerse los cambios que quiera”. Aun así, este especialista deja claro que hacer un cambio de imagen tan radical como para cambiar totalmente su fisonomía “es muy difícil, esto no es como el Photoshop”.
El máximo responsable de Secpre insiste en que se pueden hacer muchos cambios: “Podemos cambiar la nariz, subir la línea de implantación del pelo, feminizar un poco la cara, pero hacer un cambio brutal como para decir ‘ahora no te conozco’ es muy difícil”.
La ética del especialista
Además, apunta, un especialista puede negarse a realizar un cambio de imagen que entienda muy exagerado apelando a su ética: “No es que le vaya a decir que no queda bien algo, es que no entra dentro de mi ética”. Y pone un ejemplo: “A mi han venido personas a pedirme que les pusiera la lengua bífida cuando se puso de moda. Es una operación en la que tengo que cortar la lengua en dos partes. Les he dicho que yo no lo hacía”.
“Pero cada uno es cada uno y siempre habrá algún desalmado que haga cosas de esas”, señala, para zanjar la cuestión: “
El límite está en la ética del profesional”.
Sobre el caso de cambio más reciente, el de la actriz Uma Thurman, el doctor Suárez apunta: "Es muy difícil dar una opinión con dos fotografías que no son iguales, pero el cambio, desde mi punto de vista es para bien, pero sobre todo del look cosmético: ha cambiado el peinado, por lo que le ha reducido la frente y la hace más joven, la unidad estética de los ojos está retocada, se ha hecho un lifting porque la línea del mentón que va hasta la oreja la tiene recta completamente y ha disimulado mucho las arrugas que tiene debajo de la mejilla".