Hendaya es una novela sobre las fronteras. Fronteras físicas, morales, históricas, psicológicas, teológicas. El hombre es un animal fronterizo, un ser trashumante, un nómada. Siempre está de camino hacia lo indeterminado. El viaje nunca termina porque la frontera está dentro de uno mismo, de acuerdo con la cita de Adam Kovacevic, que Marcos Eymar (Madrid, 1979) emplea para encabezar su novela. Hendaya relata las peripecias de Jacques, hijo de españoles emigrados a Francia. Jacques sabe poco de su padre, que supuestamente les abandonó al cruzar la frontera. Su madre es una mujer callada, hermética, una simple trabajadora sin interés por escarbar en el pasado. Con graves problemas de identidad, Jacques estudia castellano, pues apenas conoce la lengua de sus progenitores. Piensa que el idioma le proporcionará las claves que necesita para averiguar quién es, qué desea y qué puede esperar. Eusebio, amante de su madre y dueño de un bar en Hendaya, agravará su confusión, con su malicia y sus embustes. Al mismo tiempo, le implicará en una red de tráfico de estupefacientes. Jacques se convierte en “mula” y empieza a cruzar la frontera. No es un delincuente y la situación le desborda, pero no tiene metas ni objetivos vitales. Ir de un lado a otro es una buena alternativa, cuando el porvenir es una pesada carga. En Madrid, asiste a un espectáculo erótico. Desde una cabina, contempla a una stripper que baila desganada, pero cuando ésta descubre su presencia, se acerca hasta el cristal y le muestra su vagina, adornada con el pequeño tatuaje de un ancla. Poco después, cree reconocerla en un bar e inicia una relación con ella. Se llama María José, apenas supera los treinta años y trabaja en el metro como taquillera.
Hendaya posee una trama policial que agiliza la narración, creando una atmósfera de suspense desde el principio, con un indiscutible parentesco con The Killers (Robert Siodmak, 1946), donde un atracador apodado “El sueco” (Burt Lancaster), espera la visita de dos pistoleros contratados para matarle. Basada en un relato de Hemingway, la película es una obra maestra del film noir. Hendaya flirtea con el género, pero su ambición es demasiado grande para aceptar límites. Eymar aborda el drama de la guerra civil española, pero desde una perspectiva transversal. El padre de Jacques era comunista. Quizás era un idealista, pero la utopía comunista no soportó el contraste con la realidad, particularmente después de la caída del muro de Berlín, que puso fin a la era de la inocencia política. Jacques simplemente es un pesimista. El mundo no es un hogar, sino una umbría prisión. Es un mentiroso compulsivo, que se inventa vidas ficticias al hablar con los desconocidos. Las patrañas resbalan como “heces” por el sumidero de la conciencia, pero eso no le produce ningún malestar. Vivimos en un mundo de falsas apariencias. Las palomas simbolizan la paz, pese a que sus excrementos resultan letales para las ciudades.
Jacques visita la Casa de Fieras del Retiro y la ermita de San Antonio de la Florida, siguiendo la pista del padre desaparecido. El pasado es la llave del presente, el único recurso para cruzar la frontera y hallar una patria. Sin embargo, los frescos de San Antonio de la Florida insinúan que la razón fracasa en su anhelo de espantar a los fantasmas del inconsciente. Jacques está condenado a soportar los monstruos de una mente dividida entre “dos ciudades, dos historias, dos lenguas”. Marcos Eymar es un excelente narrador, sin miedo a explorar los aspectos más tenebrosos de la condición humana. Hendaya es una novela inquietante, conmovedora y profunda, que nos obliga a lidiar con nuestros propios conflictos, pues -en mayor o menor grado- todos vivimos en una frontera. La frontera entre lo real y lo imaginario, lo sagrado y lo profano, el apego y el desarraigo.