De todos los datos biográficos de Peter Matthiesen, el que me parece más interesante es la adaptación que Buñuel hizo de su cuento “Travelin’ man” en México en 1960, y que se llamó La joven. La película de Buñuel, bastante desconocida, participó en el festival de Cannes de aquel año, y merece una vista atenta, ya que Buñuel, siguiendo a Matthiesen en su relato, se desliza por los toboganes de la violación, el racismo, y la rivalidad de dos hombres por una mujer en el aislamiento de una isla. Uno de los hombres es un clarinetista negro acusado de violación y el otro un apicultor que fuerza a una menor de edad a vivir con él. Esto dice ya bastante del autor de En el paraíso, de su capacidad para crear ambientes claustrofóbicos, de su facilidad para adentrarse en las simas del hombre escindido del siglo XX.
En el paraíso es la novela póstuma de Peter Matthiesen, publicada por Seix Barral en la colección Formentor. La historia es atractiva en su simplicidad: un heterogéneo grupo de personas se reúnen para pasar un fin de semana en un antiguo campo de concentración nazi en Polonia. El objetivo es rezar y meditar en el lugar en el que se cometieron atroces crímenes contra los judíos. El protagonista es Clements Olin, un profesor norteamericano, interesado en el zen y deseoso de penetrar en el misterio de la violencia incomprensible del Holocausto. Este protagonista es un claro alter ego del autor. Matthiesen estaba muy interesado en el zen y participó en dos retiros que se llevaron a cabo en Auswitch de meditación budista. Alguna vez expresó su intención de escribir sobre ello, pero solo al final de su vida, se decidió a contarlo en forma de ficción.
Clements Olin es una persona dubitativa, comprensiva, y desgraciadamente desde el punto de vista del placer lector, tremendamente plano. No llega a desarrollarse nunca como personaje, y sus preocupaciones son demasiado generales y estereotipadas como para enganchar al lector en el seguimiento de su trayectoria interna. El libro, escrito en una prosa sencilla y rápida, se demora en arrancar. Tardamos en enterarnos qué es ese viaje, y cuando nos enteramos el aburrimiento ha asomado ya sus orejas.
Luego, el heterogéneo grupo con el que Olin se encuentra allí, está demasiado deshilvanado y dibujado de forma esquemática: Anders, el apático médico sueco, o el griego Gyorgos, un ser negativo que critica a todos y a todo, de manera fastidiosa no ingeniosa. Todos muestran prevención hacia los judíos, cuando no rabia e incomprensión, y son algo así como los contraargumentos de la argumentación de Matthiesen: todavía hay mucha gente que no llega a comprender o empatizar lo suficiente con las víctimas del Holocausto. El único personaje no contraargumental es Catherine, la joven y rebelde monja polaca empeñada en resaltar los trapos sucios de la iglesia en esa parte de la historia, y por la que Olin se interesa irremediablemente. La novela se desliza por ese camino, con reflexiones, nada nuevas, sobre la culpa y la conciencia del horror.
En el paraíso es, más que una novela, el bosquejo de un guion cinematográfico; una serie de escenas a la espera de que algún director las hilvane. Es un libro plano, en el que los personajes son camafeos, y en el que se echa de menos carne, músculo y grasa (esos productos tan denostados últimamente en los periódicos, pero de tanta enjundia literaria). Volviendo al inicio de esta crítica. En el paraíso habría sido una muy buena base para una interesante película de Buñuel: un profesor frío, un grupo internacional de hombres ásperos y llenos de prejuicios, una bella joven monja rebelde, todo ello en el claustrofóbico ámbito de un campo de concentración que se puede visitar, y con el trasfondo esnob de un encuentro zen. Una película que pudo haber sido.