Uno de los pasos más importantes y urgentes que se debe dar en este país para resolver el problema de la corrupción, aparte de las necesarias reformas legales e institucionales, radica en que los Partidos políticos se pongan a la altura de los ciudadanos y de lo que les vienen pidiendo desde hace tiempo, y comiencen a negociar y no se detengan hasta conseguir un Pacto de verdad contra la corrupción: Un pacto integral y detallado, un pacto efectivo, y un pacto, en definitiva, que respete la inequívoca voluntad social en este materia.
Hasta el momento, los Partidos políticos han venido dando en el terreno de la corrupción una cierta imagen de analfabetismo social. Según el Diccionario de la Lengua Española el analfabetismo es la incapacidad de leer y escribir. Pues bien, parece claro que los Partidos no saben leer la incuestionable voluntad de los ciudadanos de que se dediquen a combatir la corrupción de forma consensuada y a través de un pacto colectivo, que no convierta en papel mojado todas las promesas que individualmente se dedican a hacer unos y otros en su supuesta cruzada contra la corrupción. Por otra parte, los Partidos tampoco saben escribir lo que les dicta la voluntad de los ciudadanos y poner en negro sobre blanco un mínimo documento en el que pudieran consensuar un conjunto de medidas básicas para combatir desde un punto de vista legal, institucional y social la corrupción.
El diálogo y las reuniones de trabajo entre los partidos deberían ser una práctica cotidiana, como ocurre en otros países, y los representantes de los principales Partidos se deberían reunir de una forma natural y continuada, y no finalizar hasta que tuviesen un documento de acuerdo que recogiese los puntos más importantes para combatir de forma colectiva y consensuada la corrupción; ello sería un hecho que además de histórico aumentaría el nivel de confianza social, tan importante para los agentes económicos y sociales, y que podría mejorar la muy deteriorada opinión de los ciudadanos sobre la clase política.
Este deterioro y desconfianza de los ciudadanos respecto a la clase política se viene evidenciando en muy diversos análisis y encuestas realizados sobre esta materia, tales como el Barómetro Global sobre la Corrupción (de Transparencia Internacional) en cuya última edición los Partidos políticos españoles mostraron una decepcionante puntuación: 4´4 sobre 5 (siendo el 5 el máximo de corrupción), y solamente en siete de los más de cien países incluidos existía una peor valoración que la de nuestro país respecto a la clase política. Por otra parte, en el último Índice de Percepción de la Corrupción, España ha obtenido la peor puntuación (58 sobre 100) de la serie histórica de este Índice. Resultados similares se vienen mostrando en los últimos años a través de las encuestas del CIS, que reflejan la corrupción como el segundo gran problema para la población española, además de otros diversos estudios que vienen a confirmar esa decepcionante opinión de los ciudadanos sobre nuestra clase política.
A todos los Partidos se les llena la boca con lo necesario de un Pacto contra la corrupción, que luego no se traduce en ningún resultado. Transparencia Internacional España organizó una Mesa redonda hace algunos meses, antes de las Elecciones de diciembre, y todos y cada uno de los seis grandes Partidos que participaron en la misma estaban de acuerdo en firmar un Pacto contra la corrupción, lo mismo que han venido afirmando en otros muchos foros y medios de comunicación, sin que hayan hecho nada al respecto, con lo cual el hartazgo y la desconfianza de los ciudadanos va creciendo proporcionalmente al sentirse engañados y ninguneados una vez más por los Partidos en este terreno.
Esa escasa o nula voluntad de pactar por parte de los partidos originó además en buena medida que los españoles tuviéramos que pasar de nuevo en junio por unas Elecciones. La sociedad no está dispuesta a admitir que se nos obligue a pasar una tercera vez por las urnas, por lo que resulta perentoria la necesidad de que nuestros supuestos representantes políticos olviden sus intereses partidistas y sean capaces de pactar y alcanzar acuerdos no solamente en el terreno de la corrupción, sino a un nivel general en el ámbito político y parlamentario.
En resumen, en el terreno de la corrupción es transcendental la educación de la sociedad, tanto de los ciudadanos (materia ésta que merecería otro artículo) como de nuestros representantes y Partidos políticos, que han de resolver de forma urgente esta buena dosis de analfabetismo político y social que nos han venido mostrando en estos últimos años, de forma que puedan llegar finalmente a conseguir los acuerdos políticos que tan firmemente les demanda la sociedad.