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TRIBUNA

F de François Fillon

domingo 04 de diciembre de 2016, 19:24h

Si la moda y los niños vienen de París, François Fillon es el nuevo fruto de la derecha demócrata y moderna. Suena a clarín de esperanza para Francia. También para la depauperada Europa. Fillon representa la aspiración a compaginar de modo operante y resolutivo el grado de organización necesario con el grado de libertad siempre indispensable. Propugna la reducción del Estado, la rebaja impositiva y el esfuerzo en el sistema educativo. Y encima, es un creyente católico sin complejos. Aquí, Mariano Rajoy se olvida de la esperanza. Suprime la Ley de Educación, sube impuestos, no reduce el poder público y en la cuestión religiosa es de los que no se mojan. A veces pareciera que la socialdemocracia empieza en los Pirineos.

Fillon emerge contra todo pronóstico como candidato de la derecha francesa a la presidencia de la República. Lo hace sin alharacas como hiciera su compatriota Martin du Gard, premio Nobel de Literatura en 1937. Tras un silencio de casi quince años, Du Gard entregó a su editor el original de su novela: exactamente diez kilos de cuartillas, que formarían ocho tomos en los que se narra la historia de una familia entre las dos guerras mundiales: Los Thibault. Para escribir la narración, el novelista vivió en el campo, no frecuentó las tertulias literarias de París ni se pasó las horas enteras despellejando a otros escritores en agotadoras y estériles charlas entre enemigos. Al contrario, trabajó diariamente y con método. No visitó París más que tres veces al año pero logró mantener su pequeño grupo de amigos, siempre los mismos. Cuando por azar acudía a alguna reunión, los subalternos, que se conocían a todos los fantoches de la literatura de entonces, le cerraban el paso. ¿Quién es usted, señor? Martin du Gard, premio Nobel, respondía el escritor. ¿Quién es usted, señor? François Fillon, candidato a la presidencia de la República.

Decadente el socialismo y disparatado el populismo, sea del color que sea, Fillon pretende romper el monopolio cultural de la intelligentzia igualitarista y de género. Consciente de que la batalla política se gana en los debates culturales, cree en sus propios valores, considera legítimo su discurso y no está dispuesto a recibir lecciones sobre democracia de la izquierda a la hora de construir y defender su modelo de sociedad.No es hombre que se limite a nadar en la superficie. Bucea en los caladeros de las ideas profundas con gran capacidad de resistencia a fin de forjar sólidos principios programáticos. También rescata evidencias. Y ante la quiebra de todas las mentiras, ante el vertiginoso derrumbamiento de todos los paraísos artificiales, muestra la evidente necesidad de reconocer las raíces cristianas de Europa. También se asemeja a otro francés, Gustavo Thibon, en el revelado de verdades a la manera casera, o sea, a la manera más luminosa y eficaz. Cuando la cerrazón de Europa solo se ve intermitente iluminada por relámpagos de mal agüero, Fillon nos señala un horizonte ya resplandeciente con un alba de esperanza.

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