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La victoria de Van der Bellen y las dimisiones de Renzi

lunes 05 de diciembre de 2016, 23:36h

Europa ha vivido un fin de semana agridulce: por un lado, en las elecciones de Austria Alexander Van der Bellen ha derrotado al ultraderechista y xenófobo Norbert Hofer. Se trata sin duda de una buena noticia contra el auge del populismo y una victoria importante en el primer test electoral tras el triunfo de Trump, aunque no es oportuno bajar la guardia. Por otro lado, tras la derrota en el referéndum convocado para reformar la Constitución, Matteo Renzi ha dimitido: un hecho de enormes dimensiones, puesto que Italia es la tercera economía de la Eurozona

Se confirma que la decisión de convocar un referéndum no siempre resulta la más acertada. Los ejemplos de este año han demostrado el peligro de apelar al voto popular. Sería oportuno establecer como criterios de garantía una alta participación electoral y un resultado lo suficientemente amplio para avalar las consecuencias del voto. Por otra parte, una vez más se confirma como un error la personalización del voto: más que votar sobre la reforma de la Constitución, los italianos han votado Renzi si o Renzi no. La victoria de esta segunda opción condena a Italia a una nueva fase de incertidumbre política. La ausencia de un Gobierno estable dificultará la solución de problemas tan urgentes como inaplazables como la crisis del sector financiero italiano o la necesidad de crear nuevos empleos. Además, es probable que la prima de riesgo vuelva a niveles preocupantes. La cuarta economía de la Unión Europea necesita reactivar su economía y relanzar su producción. Asimismo, no se debe olvidar la enorme deuda pública, la más alta después de Grecia.

La situación se muestra particularmente incierta: Renzi ha sido derrotado por una heterogénea coalición en la que destacan una serie de partidos populistas y anti europeístas como el Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, sin olvidar la presencia del eterno Berlusconi, que vuelve a la primera plana de la política nacional. Se abre una crisis preocupante y complicada tanto para el país como para Europa. Cabe esperar que el presidente de la República, Sergio Mattarella, encargue la formación de un gobierno provisional que se proponga dos objetivos principales: asegurar a los mercados que Italia seguirá la senda emprendida y reformar la ley electoral en aras de una mayor estabilidad política. El gobierno de “transición” debe seguir el camino iniciado por Renzi, neutralizando el creciente populismo y tranquilizando a los inversores. En los próximos meses, Italia se enfrentará a eventos de gran importancia como el aniversario de los Tratados de Roma o la reunión del G7 en Taormina.

Finalmente, Renzi parece no haber comprendido el riesgo de convocar un referéndum. Entran en juego demasiadas variables y el malestar se suma al cálculo político. Esperaba una nueva victoria tras el arrollador éxito de las europeas de 2014, sin darse cuenta que el poder desgasta, sobre todo a quien lo ostenta. Italia no puede volver a una situación marcada por la precariedad y por las inciertas mayorías. La estabilidad política es vital para Italia y para Europa: el país itálico debe seguir realizando los esfuerzos necesarios para salir de la crisis.

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