El portamonedas de Podemos enseñó las uñas en los pasillos del Congreso. Advirtió a un discrepante errejonista que tenga ojito con lo que dice cuando se vuelva al orden estalinista. ¡Si nunca se han desprendido de él! En la historia del comunismo los ojos han sido fundamentales. Ya Marx empezó por abrir los ojos a los obreros de las fábricas manchesterianas. No nos vamos a asombrar de que la masa proceda como masa y vaya a lo que más fácilmente le entra por los ojos, siempre ha sido así y no ha habido motivos para desesperarse. Y las proclamas de El Capital entraron por los ojos al proletariado, que creyó a ojos cerrados en la vulgata marxista. Ronald Reagan nos legó una sutil distinción: un comunista es el que ha leído a Marx y le ha creído. Un anticomunista es el que ha leído a Marx y le ha entendido. Bajo el régimen de la hoz y el martillo, un ciudadano debía andar con cien ojos si no quería que los comisarios políticos le echaran el ojo o le clavaran los ojos porque entonces ya no le quitaban ojo terminando casi siempre en el Gulag cerrando los ojos. La libertad bajo los soviets costaba un ojo, o los dos, de la cara.
Monedero apercibió al disidente como hace la madre en Bodas de Sangre: Dos bandos Aquí hay ya dos bandos. Mi familia y la tuya. Salid todos de aquí [...] Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. Solo que Monedero, a pesar de garabatear informes para Venezuela, no atesora el magisterio de García Lorca. Junto con aquél Quien se mueva no sale en la foto, la suya es una de las aportaciones más robustas a la democracia interna de los partidos: ojito con lo que dices cuando se vuelva al orden estalinista. La solidez de la ley de hierro de las oligarquías (Robert Michels, no Rinus, el entrenador), es el ojo avizor.
En el fútbol lo de tener buen ojo correspondía al ojeador, personaje romántico que se pasaba las matinales deportivas madrileñas en campos de tierra donde veía jugar a terceras como Pegaso, Moscardó o Boetticher y Navarro. Descubría jóvenes promesas a las que emplazaba en la Ciudad deportiva del Madrí a demostrar su pericia balompédica ante el mismísimo don Santiago Bernabéu. Hoy el ojeador va pegado a su iPad en el que archiva datos y métricas sobre goles, balones recuperados, asistencias o kilómetros recorridos por cada promesa. ¡La que hubiera liado la KGB, la Stassi o la Securitate si sus esbirros hubieran dispuesto de un iPad! Tecnología al servicio de la barbarie. La sangrienta tiranía del comunismo ha provocado a la humanidad abundante llanto de ojos y del alma. Con los ojos enrojecidos de dolor, sus víctimas; y de crueldad, sus verdugos. Cría cuervos y te sacarán los ojos (Iglesias sobre Errejón).