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ENSAYO

Eugenio Trías: Thomas Mann

Eugenio Trías: Thomas Mann

Acantilado. Barcelona, 2017. 168 páginas. 11 €. De la unión de dos nombres excepcionales, Thomas Mann y Eugenio Trías, solo podía salir un libro deslumbrante como este acercamiento a la vida y la obra del autor de "La montaña mágica" - Premio Nobel de Literatura-, por parte del filósofo barcelonés. Por Carmen R. Santos

El escritor germano Thomas Mann (Lübeck, 1875-Kilchberg, 1955) es una figura indiscutible de la gran cultura, esa que cada vez está más amenazada por la banal sociedad del espectáculo, pero que nunca desaparecerá pues nos ofrece una mirada iluminadora de la complejidad del mundo y del hombre. Representante y defensor de esa gran cultura es también el filósofo Eugenio Trías (Barcelona, 1942-2013), la voz más brillante del pensamiento español de las últimas décadas. Con títulos en su haber como, entre otros muchos, La filosofía y su sombra, Lo bello y lo siniestro, Tratado de la pasión, La edad del espíritu, La razón fronteriza y Ética y condición humana, su labor mereció innumerables reconocimientos entre los que se encuentra el Premio Nueva Crítica, el Anagrama de Ensayo, el Nacional de Ensayo, el Mariano de Cavia y el Premio Internacional Friedrich Nietzsche, considerado como el Nobel de Filosofía, convirtiéndose en el único español que lo ha recibido hasta el momento.

De la unión de dos nombres excepcionales solo podía salir un libro tan deslumbrante como este acercamiento de Trías al autor de La montaña mágica, que la editorial Acantilado ha tenido el acierto de recuperar para los lectores de ahora mismo. Lectores exigentes que no se conformen con baratijas sino que busquen disfrutar - quizá no hay mayor disfrute que el intelectual-, de propuestas rigurosas. Un rigor que, naturalmente, cuando se realiza comme il faut, nada tiene que ver con lo plúmbeo, lo pedante o lo enrevesado. Este es el caso de esta obra del pensador barcelonés quien, a su solidez y brillantez argumentativas, suma un estilo claro, aunque no menos brillante. La claridad, como bien recomendó Ortega, es la cortesía del filósofo.

En este trabajo, breve en páginas, pero amplio y rico en contenido y sugerencias, Trías -muy atento en su obra a la literatura, el arte, el cine o la música-, se aproxima a quien fue no solo un gigantesco escritor -Premio Nobel de Literatura 1929-, sino un testigo privilegiado, y participante, de uno de los momentos más convulsos y trágicos del siglo XX, cuando el asalto a la razón produjo consecuencias tan funestas como el nazismo, al que Man se opuso, desencadenando en territorio europeo la devastadora II Guerra Mundial y el horror del Holocausto.

Thomas Man -“quintaesencia de la vieja Europa y, dentro de ella, de esa vieja Alemania cuyos valores defendió en las Consideraciones de un apolítico y recreó en sus novelas”, lo calificará Trías-, nació en 1875, en Lübeck, ciudad libre hanseática, comercial y próspera. Precisamente Thomas Mann es hijo de un acaudalado comerciante, propietario de una fábrica de cereales, hombre de rígido talante prusiano, que inculcó en sus hijos la disciplina y el autocontrol. Su madre fue la brasileña Julia Da Silva-Bruhns, de personalidad bien distinta a la de su estricto marido. La dicotomía de caracteres de sus progenitores, que marca su infancia y adolescencia, permanecerá siempre en Thomas Mann, como él mismo explica en su autobiográfico Relato de mi vida. Así, por un lado, la disciplina, el orden -se levantaba muy temprano y, tras una ducha fría, se ponía a escribir-, pero, por otro, la que llama “pereza soñadora”. De ahí que Trías señale: “A la imagen de Thomas Mann encerrado en su gabinete debe sobreimprimirse la imagen del niño tendido en la chaise longue a las orillas del mar”. Y añade: “¿Puede sorprendernos entonces que Gustav Aschenbach, en el instante postrero y definitivo, cuando la enfermedad anímica y corporal se ha apoderado de su persona, aparezca a orillas del mar, tendido en una chaise longue, alargando la mano vanamente para alcanzar el objeto de su anhelo?”. Imborrable la escena que recrea ese momento en la versión cinematográfica de la novela de Man La muerte en Venecia, debida a Luchino Visconti.

Fascinante es que, como apunta muy bien Trías, “al igual que Fausto en el poema de Goethe, todos los héroes de Mann, acaso el propio Mann también, hallan un límite a su voluntad viril de actuar según principios de orden y autocontrol así que sienten la vecindad del universo terrible y desmesurado de las Madres, que habitan espacios que no son propiamente espacio, donde viven, solitarias y solemnes, fuera de toda temporalidad”. Quizá como pocos sintió Mann la llamada de ese universo, pero su inteligencia, portentosa, lúcida, angustiosamente lúcida, sabe que ha de embridar lo que, a la postre, es un destructivo canto de sirenas porque, recuerda Trías, “el espíritu enuncia, esta vez en boca de Thomas Mann, toda pasión, si no es moderada a tiempo, será siempre castigada”. Mann nos plantea la perturbadora cuestión: el desgarro -¿de imposible conjunción?- entre la vida y el arte, entre la vida y el intelecto.

Y fascinante es la lectura que Trías nos brinda, en un recorrido por su trayectoria vital y obra, por sus ideas, de quien creó personajes tan suculentos, entre otros, como el Tonio Kröger de la novela de título homónimo, el Naphta y el Settembrini de La montaña mágica, el Gustav Aschenbach de La muerte en Venecia, o el Adrián Leverkühn de Doktor Faustus, “novela que -recuerda Trías- consideraba la más personal, la más confesional, la más íntima de las suyas, aquella en la que al fin reveló, irónica, lúcidamente, su secreto. Y ese secreto es, quizá, el exceso de lucidez”.

Una lectura, la de Trías, tan personal como clarificadora, porque también participa de esa lucidez del protagonista de su ensayo, con quien Trías se encontró pronto, aunque, confiesa, que su “verdadero ‘flechazo” se produjo, a través de La muerte en Venecia y del Doktor Faustus. Una lectura que nos sumerge “en algunos escondites del alma de Thomas Mann, y del espíritu de su obra”, y que, revela también Trías, le descubrió no pocos aspectos sobre sí mismo. Algo que, sin duda, puede hacerse extensivo a todos nosotros, a todos los seres humanos, con sus contradicciones y desgarros. Esos que alumbra la gran cultura, la gran literatura.

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