El Parlament aprobaba ayer la “desconexión express”, la nueva ocurrencia del nacionalismo catalán con la secesión como telón de fondo. Lo hacía con los votos de Juntos por el Sí y la CUP -por lo demás, verdadera artífice de este último esperpento- y con el plante de la oposición en bloque, aunque el resultado de la votación era lo de menos.
Llama la atención de que el diputado secesionsita Lluis Llac vaya amenazando a los funcionarios que no cumplan “las leyes [ilegales] de desconexión”, cuando su grupo es el primero en vulnerar sistemáticamente la legalidad vigente. Más aún, el nacionalismo catalán lleva demasiado tiempo ignorando resoluciones judiciales con total impunidad; al menos, hasta ahora.
Esta “desconexión express” coincidía en el tiempo con la detención -por fin- de Jordi Pujol hijo por blanqueo de capitales. En realidad, ambos hechos están conectados. Convergencia inició su deriva hacia el independentismo antisistema -y, por ende, su descomposición- como reacción a la enorme cantidad de corrupción que había generado durante décadas, con los Pujol como abanderados. El intento de “desconexión” podrá ser express, pero no así la deslealtad con el pueblo catalán y con el resto de España, que dura ya demasiado.