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ENTREVISTA A LUISA VILLAR LIÉBANA

“Dejar que un niño no lea es la discriminación más terrible”

“El misterio del dragón de ojos de fuego”, para niños a partir de ocho años, y “La cabeza de Goya”, para mayores de doce, son los últimos títulos de la escritora Luisa Villar Liébana, que lleva más de dos décadas dedicada por completo a las novelas del más puro género de intriga dirigidas especialmente a un público muy exigente. Conocida como la Dama del Misterio Infantil y Juvenil, ha conseguido que con sus personajes, como el Sabueso Orejotas, la Gallina Cloti o los hermanos Gabri y Lucas, que investigan casos de robo relacionados con el mundo del arte, muchos niños y adolescentes se aficionen a la lectura y estimulen su imaginación, juntando las pistas y los indicios que salpican sus novelas para averiguar la clave de los sugerentes misterios que las mismas encierran.
Lleva 20 años escribiendo para niños y adolescentes, ¿Cuál es el cambio más significativo que ha ido notando en las sucesivas generaciones de sus lectores?
Sí, llevo más de veinte años dedicada totalmente a la literatura infantil y juvenil, dejándolo todo, dedicándome ya definitivamente a ello. El cambio primero es en relación con la lectura más que en los lectores en sí mismos, porque los primeros tiempos, en los que yo empezaba a escribir para niños, eran unos años en los que la lectura vivía un vacío enorme en el país en general. He viajado mucho, de norte a sur, incluidas las Islas Canarias, y la percepción, durante aquellos años, era siempre que aquello era dificilísimo, que me estaba dedicando a algo imposible. “Los niños no leen”, te decían los maestros, “cuando les mandamos leer un libro nos cuesta muchísimo y la frase típica, cuando les volvemos a mandar leer otro libro, es no seño, por favor, otro no”. Bueno, esa era la realidad y la realidad tenía también que ver con el olvido que en esos años tenían los organismos públicos en general en relación con la lectura. Era un momento de mucha duda, había quien llegaba a pensar que la lectura estaba superada por las nuevas tecnologías que ya venían o iban a venir muy pronto. Bueno, pues todo eso ha cambiado. Hoy podemos decir que los niños leen y, sobre todo a partir de un tiempo, una serie de años en los que los dirigentes culturales del país se han dado cuanta de que el fracaso escolar estaba íntimamente relacionado con la lectura, muchos profesores han ido tomando conciencia de ello también y, por fortuna, también en muchas familias, pues ahora vivimos un momento positivo, sin echar las campanas al vuelo, pero un momento positivo en la lectura. Ahora los niños leen y los jóvenes leen.

Aparte de este cambio, que es el más importante, los niños, además, han impuesto determinados gustos a los editores y hemos pasado de una literatura que pensaba solamente en los procesos educativos del niño, comprometida con una serie de valores sociales, a que los niños hayan impuesto sus gustos. Y a la vez que se hace esta literatura, que siempre perdurará porque estamos hablando para niños, los editores ya editan mucha literatura fantástica y literatura de misterio, a la que yo me dedico, la que yo siempre he hecho desde mis comienzos.

Sin embargo, se culpa mucho a los videojuegos y a Internet de que los chicos de hoy lean menos que hace años, ¿Qué opina usted al respecto?
Por un lado, quitan tiempo, pero no son el enemigo. Vivimos en un mundo de lo que llamamos nuevas tecnologías, que quizás ya deberíamos empezar a dejar de llamarlas nuevas, porque están totalmente asentadas en nuestros hogares y en los niños. Yo creo que la clave de la lectura será que los niños y los jóvenes encuentren su tiempo y su espacio y que se pueda compaginar con las otras actividades. De hecho, ya se compagina con todo lo demás. El reto está en cómo hacemos llegar a los niños siempre buenos libros, libros que sean de su interés y en que eduquemos a los niños y a los jóvenes en buscar ese espacio personal para la lectura, pero no en contra de nada ni de nadie, simplemente buscando ese espacio. Esa es la clave, y añadiré, porque creo que puede ser interesante, que, en el caso de los jóvenes, ellos simultanean perfectamente las imágenes en Internet, los sonidos y la música con la lectura. Y esto debería llevarnos a reflexionar sobre cómo es nuestra literatura, en cómo hacérsela llegar en este campo. Estas son dudas, reflexiones que hay sobre la mesa en este momento para muchos escritores.

Luisa Villar Liébana (Foto: Manuel Engo)


En todo caso, de lo que no hay duda es de que se trata de un público muy especial ¿Cuál es la mayor dificultad de escribir historias dirigidas particularmente a ellos?
Para mí, escribir para niños ha sido un hallazgo, y ahora, después de tantos años, lo considero un don, porque la literatura es comunicación, el escritor se comunica con el lector y el escritor de adultos es libre totalmente. Yo empecé escribiendo para adultos, era muy joven y gané unos premios de narrativa breve. Y era fácil porque te sentabas en silencio en tu espacio, frente al texto, y tú hacías lo que querías completamente, después sería recibido de una manera o de otra por los lectores, pero con los niños te tienes que situar ante un público que requiere comprender lo que tú estás escribiendo y después, en el campo en el que yo trabajo, en el del misterio, la literatura policiaca, es verdad que hay determinadas historias que no son para niños, de las que no puedes hablar de ninguna manera. Por ejemplo, a mí no se me ocurriría nunca escribir un caso de incesto para niños de diez años. Y entonces, el reto está en hacer novelas con la misma técnica, tan intrigantes, tan misteriosas, tan interesantes, de tanta calidad literaria como si fueran de adultos, pero al nivel de comprensión que ellos puedan tener y con las limitaciones que te dan las distintas edades, esta es la dificultad que los otros escritores no tienen.

Sin embargo, empezó escribiendo para adultos, ¿cuándo y por qué se produjo el cambio?
Es un poco mágico. En literatura pasan cosas muy mágicas, a mí me han pasado unas cuantas. Yo era una niña escritora, escribía los veranos en la hora de la siesta, cuando todo el mundo estaba con ese calor insoportable en un pueblo andaluz. Somos seis hermanos, estaban todos durmiendo la siesta o jugando arriba y yo bajaba al calor del patio, me aislaba y escribía y leía los libros de mis hermanos mayores. Y ahí empezó todo. Escribí mi primer trabajo ese verano, de los once a los doce años, antes de que mis padres se trasladaran a vivir a Madrid y era una literatura para mayores, yo no sabía que existía la literatura infantil y que uno se podía dirigir a niños. Era un relato de tipo descriptivo, del pueblo en el que yo vivía, ese tipo de cosas.

Luego, en Madrid, ocurrió que, con quince y dieciséis años, yo no tenía en casa donde escribir porque éramos muchos hermanos y, aunque el piso era grande, no te podías meter allí en tu ambiente y aislarte. Y entonces escribía en los cafés de Madrid y escribía para mayores, relatos cortos, y alguno de ellos ganó premios de entonces. Ahora yo siempre digo que es difícil que en un café de Madrid puedas escribir un relato corto porque están los clientes esperando o los camareros esperando que te marches para que vengan los nuevos. Entonces había muchos escritores y poetas que lo hacían, y José Hierro, hasta el final de su vida, estuvo escribiendo en un bar. Pues esto hacía yo y lo que escribía era para mayores. Entonces, un verano antes de que yo dejara ya todo para escribir, al salir de casa, había un niño sentado en la puerta de una relojería. En realidad, el niño se había pasado solo todo el verano jugando allí en el escalón de la relojería y entonces me dio por averiguar quién era ese niño, por qué estaba allí. Lo averigüé, se llamaba Juan, su padre era el dueño de la relojería y su madre trabajaba en un Ministerio, tenían una casa en la sierra, pero no tenía hermanos. Ni amigos. Él inspiró mi primer cuento para niños, que se llamó “Juan y el teatro de la lluvia”.

Se le conoce como la Dama del Misterio de la Literatura Infantil y Juvenil Española ¿Piensa que la intriga, a cualquier edad, además de entretener estimula más que ningún otro género la imaginación?
Yo escribo libros de misterio, de intriga. Me dirijo con este género a niños desde los siete años, cosa que no se hacía antes. Los niños cada vez tienen antes un interés por los misterios. Hace años, lo situábamos en el tercer ciclo de estudios, diez, once años, ahora ha bajado, cada vez es antes. Ahora, un niño con siete años empieza ya a estar interesado. Los problemas que yo escribo son lógicos, tienen un razonamiento lógico, en la base de todas las historias hay un razonamiento que se va desarrollando, que es progresivo. Los niños empiezan a ser lectores autónomos a los seis años, pero a esa edad todavía no tienen esa progresión, ese nivel lector que es necesario para seguir la trama lógica del razonamiento, entonces yo lo he situado en los siete años. Yo siempre me he querido acercar lo más posible al género real de intriga para adultos, por ejemplo, con mi personaje de Sabueso Orejotas, un detective privado, que ya tiene siete títulos en la editorial SM. El primer título de la serie, “El ladrón de Salchichón”, está en los 100.000 ejemplares, y en ellos hay toda esa técnica y toda esa intriga para niños pequeños. El protagonista es un caballero, circunspecto, que vive en una ciudad mítica que se llama Ciudad Amable donde habitan todo tipo de razas, y que siempre lo resuelve todo. No es el caso de Cloti, mi gallina detective, mucho más desenvuelta y directa en su lenguaje, y que vive en Villa Cornelia.

Los libros de intriga, deductivos y lógicos, desarrollan mucho la lógica en los niños y su capacidad de deducción y, por supuesto, una parte de esas deducciones están en la imaginación. Obviamente, tienes una serie de elementos y otros que no están ahí porque son el misterio, y tienes que ligar los detalles, las pequeñas pistas, los pequeños indicios, con una parte propia creativa tuya que habita en la imaginación, para resolver el puzzle. El lector va resolviendo ese puzzle junto al escritor a lo largo de la narración.

Luisa Villar Liébana (Foto: Manuel Engo)
Siempre ha estado involucrada en temas relacionados con el fomento de la lectura, ¿qué cree que es lo más importante para que un lector lo sea desde muy pequeño?
Hay dos factores: la escuela y la familia. La escuela es imprescindible porque los niños aprenden a leer en la escuela y se hacen lectores autónomos en el colegio y, por eso, el libro tiene que estar necesariamente ligado a la escuela. Ahora los niños leen en los colegios, obviamente no todos los colegios están incorporados a un proceso lector, pero también hay muchos que son vanguardia en este campo. Es una cosa que se debe generalizar y tomar conciencia de ello. Por tanto, hay una parte que el niño tiene que recibir en la escuela y tienen que ser buenos libros, bien elegidos, porque cada vez se edita más y hay toda una selva de títulos que hacen difícil saber por dónde tirar y entonces se trata de elegir bien y dar a los niños el libro adecuado en el momento adecuado.

Luego, en todos los estudios que se hacen de tipo estadístico y de estudiar la realidad de la lectura en estas edades, siempre aparece la familia como un factor, a veces determinante, otras veces no determinante, pero sí importante. Por ejemplo, en los países nórdicos son muy aficionados a hacer este tipo de estudios con cierta periodicidad. Son países lectores que deberíamos tomar como ejemplo y siempre aparece en los niños más lectores la madre sobre todo, la familia en general, pero, sobre todo, la madre como inductora de esa lectura y, además, como lectora. Es decir, cuando la madre, el padre o la madre, tratan el objeto libro con dignidad, con prestigio, lo regalan en los momentos más importantes, leen con su hijo, entonces el niño toma ese objeto libro como un objeto de prestigio, como algo que le va a aportar.

Lo que ocurre es que vivimos en una sociedad muy compleja y muy variada y entonces no todas las familias tienen ese nivel medio de lectura, de cultura. Pongamos por caso las familias inmigrantes, cuando hablas con los papás y las mamás de los niños inmigrantes te responden que ellos viven absolutamente dedicados en cuerpo y alma a sobrevivir, a mandar dinero a sus familias, y no pueden estar pendientes de la lectura ni de otras cosas relacionadas con los niños. Esto no sólo pasa con los inmigrantes, hay muchas familias españolas que no están en esa dinámica y ahí es donde juega ya un papel determinante determinados programas, bien escolares o bien de las bibliotecas públicas o los centros culturales, los ayuntamientos que son los organismos más cercanos o determinadas campañas. Porque es ahí donde se necesita una acción que se dirija especialmente a esos niños menos favorecidos para que, en este campo, la diferencia no sea tan abismal, porque me gustaría decir que yo personalmente opino que los niños lectores de hoy, los que leen mucho, no los que leen esporádicamente un libro, van a ser los dirigentes del mundo el día de mañana. Ellos van a decidir si se paga a los parados y qué cantidad se paga, van a decidir si vamos o no a una guerra, van a decidir cómo es la economía, los servicios sociales y van a dirigir las empresas. Entonces, no leer es discriminar. Dejar que un niño no lea, dejar que un niño no encuentre, no descubra la lectura que le puede aportar tanto, es discriminar Hoy es la discriminación más terrible del mundo actual.

¿Qué recomendación daría entonces a los padres para que sus hijos se aficionen cuanto antes a la lectura?
Los padres tienen que leer con los niños. Los padres son el máximo, el modelo, los niños dependen totalmente de los padres y ellos van a marcar unas pautas. Los padres tienen, desde los comienzos, incluso desde que son bebés, que leerles cuentos y cuando tienen ya los primeros años, leer con ellos. Dormirles con cuentos como se ha hecho en otra época, con los cuentos populares y, por supuesto, que ellos vean que los padres también se toman un espacio y un tiempo para la lectura. Pero estamos hablando de un ideal, porque, en la práctica, esto se da en unos sectores y no en otros.

Y en los colegios, ¿cómo cree que se está haciendo en general en nuestro sistema educativo actual?
Aquí hay que diferenciar entre Primaria y Secundaria. En Primaria, en este momento hay una dinámica de lectura tanto en los colegios públicos como en los colegios privados. Los niños tienen que leer, no es mucho, pero ha sido una conquista, ha sido un proceso evolutivo interesante. Los niños leen tres o cuatro libros al año por prescripción y hay también niños muy lectores, en la medida en que se están abriendo bibliotecas escolares con personal dedicado a ello. Y también hay colegios que no les ponen esta prescripción, es decir hay de todo, pero, en general, la dinámica es positiva.

En el caso de Secundaria, los niños cuando llegan a la adolescencia dan un bajón lector, esto ocurre en términos generales y, por otro lado, el profesorado de Secundaria desconocía antes de la última reforma que existía una literatura juvenil que es la que se dirige a los adolescentes. Hubo una serie de años en los que los profesores, desconociendo esta literatura, seguían mandándoles lecturas para los mayores y se juntaba ese bajón lector con los libros no apropiados para ese segmento de la población. Yo creo que los institutos ahora se han dado cuenta ya de que lo que mejor leen son los autores contemporáneos que escriben para ellos. Pero escribir para ellos no significa escribir sólo de la problemática de la adolescencia y yo nunca he escrito sobre problemas del adolescente.

¿Piensa que existe una edad a partir de la cual es imposible que una persona se aficione a la lectura?
Quiero pensar, con un sentido positivo de todas las cosas, que siempre es posible que alguien encuentre un libro que le abra la puerta de la lectura, un libro que le comunique, pero los que intervenimos en el mundo de la lectura, los políticos, los profesores, los dirigentes de los organismos culturales, los escritores, los editores, los libreros, los bibliotecarios no podemos estar pensando en el azar, sino que se debe mantener una política siempre de apoyo porque los niños lectores suben el nivel del país, suben el nivel de estudios, suben todo. Es un tema que hay que abordar desde todos los flancos.

¿A qué edad empezó usted a leer y cuáles eran sus libros favoritos?
Los niños de la generación mía, de los 50, no teníamos libros, no había escritores que escribieran para nosotros o había muy poquitos y no nos llegaban. Traducciones también había muy poquitas y tampoco nos llegaban, sobre todo, a los pueblos. Entones, en Navidades, cuando los Reyes Magos nos traían unas versiones de los cuentos clásicos como Cenicienta o Los Cabritillos, con papel pésimo y mal versionados, para mí eran una joya. Ahora bien, teníamos por el contrario algo muy positivo que han perdido los niños de ahora y es que nos contaban cuentos los adultos y no sólo los clásicos, sino también los cuentos del territorio, los populares que se transmitían de padres a hijos, y esa fue mi primera literatura, no era lectura, era oral, pero fue mi primera formación literaria, hasta el punto de que yo aprendí la técnica del cuento. Yo soy cuentista también, cuentos editados para niños muy pequeños, de 5 ó 6 años.

Yo era una niña lectora, aunque no tenía libros, porque tengo dos hermanos mayores que ya se estaban preparando para ir a la universidad y ellos sí tenían libros, literatura de adultos y entonces yo se los cogía. Cuando tenía 9 ó 10 años yo leía libros de adulto. No siempre entendía todo, me imaginaba el léxico que yo no comprendía y así empecé leyendo novelas de los años 50, a Cela, por ejemplo.

En cuanto a su profesión, usted combinó durante años la escritura con diversos trabajos relacionados con la Cultura ¿Es cierto que sólo unos pocos autores privilegiados pueden permitirse vivir únicamente de sus libros?
Muy pocos, y en literatura infantil, poquísimos, porque lo que los autores cobramos es el 10% de derechos y en los casos en que hay ilustrador con dibujos a color, cobramos el 8%. Y esto los que lo cobramos, que hay autores que cobran el 6% o el 5%, lo que le dé el editor. Es muy difícil vivir de la literatura en general. Ahora bien, algunos vivimos de ello, hay algunos autores, la minoría, que tenemos la enorme suerte de comunicarnos, seguramente bien, con los niños a través de nuestros libros y hemos logrado vivir o sobrevivir de nuestro trabajo.

Los escritores noveles se quejan de lo difícil que resulta llegar a las editoriales y que sus manuscritos simplemente se quedan sin leer en algún rincón de la misma. ¿Qué sugerencia daría a quienes empiezan?
Es que en Infantil no pasa esto, en Infantil se está publicando todo y el problema es el contrario. Yo creo que en Infantil estamos viviendo un periodo en el que los editores deberían reflexionar y no publicar tanto, quedarse con los autores que les convienen y hacer una literatura de más alto nivel, porque realmente es que se publica todo. Pero hay que matizar también, en el sentido de que se publica mucho porque se publican muchas traducciones. En literatura infantil, las de perder las hemos tenido hasta ahora los autores españoles porque las editoriales se han dedicado a traducir y a combinar con algo de los españoles. Ahora los mismo lectores han impuesto lo contrario y cada vez se publica más español, pero aún hoy, la mitad o un poco más siguen siendo traducciones.
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