Javier Cámara
JAVIER CÁMARA es periodista
Y DIGO YO
Carta de Papá Noel a mí mismo
No se lo van a creer, pero se lo voy a contar. Papá Noel no me trajo nada. A pesar de haberme portado bien, tan sólo me dejó una carta. No sin cierta sorna, Santa Claus me aclara determinados aspectos que paso a enumerar para conocimiento de ustedes. Dice así:
“Querido Javier, antes que nada quería agradecerte tu defensa constante de mi figura ante los que piensan que soy un invento antirreligioso enfrentado siempre a los Reyes Magos. Efectivamente, pocas personas saben que Papá Noel, esa figura gorda que todos se imaginan vestida de Coca Cola y colándose por las chimeneas para dejar regalos a los niños en los calcetines, en verdad es —o sea, soy— San Nicolás.
Pocos saben que mi personaje está inspirado en un obispo griego y que algunas de mis leyendas se las debo a Nicolás de Bari, que se coló por la ventana para dejar una bolsa de monedas de oro para cada una de las tres hijas de un hombre pobre que lamentaba no poder casarlas por carecer de dote.
Dicho esto, me alegro mucho de saber que estás bien y eres feliz. Se trata de algo difícil de imaginar puesto que me había creado una imagen equivocada de ti. Pensaba que eras el eterno cabreado, el típico insatisfecho que no se conforma con nada y que no para de criticar todo lo que se hace desde las altas instituciones de su país, que como bien sabes, todavía se llama España.
Me he leído todos tus “Y digo yo” de este 2008 y, aunque estoy de acuerdo contigo, amigo Javier, en que los españoles lo tenéis complicado, hay ciertas cosas que no se pueden regalar. Por ejemplo, no puedo evitar que el Gobierno de España vuelva a negociar con ETA, pero como soy un enviado de buenas intenciones, voy a interceder para que los mafiosos pistoleros no se salgan con la suya.
Por otra parte, también es difícil conseguir que todo el mundo respete las creencias del prójimo. Lo siento Mr. Cámara, pero siempre habrá quien no entienda que cada cual pueda tener su forma de pensar y la “cristofobia” es difícil de curar. Como señalas, nuestra ética y nuestra moral no deberían depender del gobierno de turno. No puedo hacer nada al respecto.
Igualmente complicado resulta convencer a los responsables políticos de que la Justicia necesita renovar la confianza del ciudadano eliminando las distintas varas de medir que se perciben a diario, de que Obama no es Zapatero aunque tengan palabras bonitas para todo, de que es contradictorio hacer una regularización masiva de inmigrantes y luego tenderles puentes de oro para que regresen a sus países, de que los pederastas no pueden andar a sus anchas sin que se les detenga y de que la crisis económica no es sólo cosa del sistema internacional y que, por eso, nuestros parados no son culpa de Bush.
Para terminar, tampoco voy a poder echarte una mano con lo del Atlético frente al Barça en la Copa del Rey, este año tengo muchas cartas de seguidores barcelonistas.
Siento no poder satisfacerte, pero sí te pediré, pequeño Javichu, que tengas fe en la capacidad de los españoles para escapar de atolladeros como en el que os encontráis. De peores habéis salido. Después de todo, España no es mal sitio para vivir. El año que viene espero estar menos liado.
Un abrazo de Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás, como me quieran llamar”.
Y digo yo: ¿Se enfadará San Nicolás si sigo intentándolo con los Magos de Oriente? ¿O debería seguir pidiéndoselo a Zapatero directamente?




