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DIRECTOR DE VERÓNICA

Paco Plaza: “Hay algo que nos empuja a tener miedo por diversión”

El director Paco Plaza junto a Sandra Escacena durante el rodaje de Verónica, película que se estrena este 25 de agosto.
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El director Paco Plaza junto a Sandra Escacena durante el rodaje de Verónica, película que se estrena este 25 de agosto. (Foto: Jorge Alvarino (Sony Pictures))
jueves 24 de agosto de 2017, 20:53h
Entrevista con el director de Verónica, que llega a los cines este 25 de agosto.

El director Paco Plaza estrena este viernes Verónica, la película con la que deja atrás el universo que creó en REC. Con el Madrid de principios de los noventa de fondo y a través de los ojos de su protagonista –una genial Sandra Escacena en su debut como protagonista en la gran pantalla-, Plaza rememora con ouijas, monjas y bloques de ladrillo visto el paso de la infancia a la edad adulta en este cuento de terror de ambiente “gótico vallecano”.

Tras escribir sus últimas películas, ¿cómo surge el proyecto de Verónica, donde sólo figura como director?

Me lo ofrece Enrique López Lavigne, que quería hacer una película sobre el caso Vallecas, que se caracteriza por ser el único en el que un policía ha puesto por escrito que, en primera persona, ha sido testigo de fenómenos sobrenaturales. Y eso es lo que hace que sea único en el mundo y muy llamativo. No estás hablando de testigos más o menos fiables sino que un policía lo pone con el sello del Ministerio del Interior. A partir de ahí, lo que pasa es que la película empezó en todo su desarrollo a girar hacia a una historia mucho más personal de iniciación del paso de la infancia a la adolescencia y lo que es el propio caso quedó como un telón de fondo.

De un proyecto de encargo, ¿cómo logra darle el toque personal como director?

Cuando eliges una peli siempre acabas haciendo una autobiografía. No te puedes sustraer al hecho de estar incorporando tus inquietudes, tus conocimientos, tu manera de ver el mundo… Es muy difícil explicar algo sin estar, al fondo, explicándote a ti mismo. También por la época, por las características de Verónica, mi identificación con ella era total y empecé a meterle cosas de mi vida.

¿Cómo afecta esa implicación personal en aspectos como la música elegida, los gustos de la protagonista…?

En odo. Al final Verónica acaba siendo prácticamente yo. Escucha Héroes del silencio, juega a la ouija y va a un colegio de curas. El trasunto femenino es Verónica y el reverso masculino pues soy yo.

¿Hasta qué punto ayuda (o dificulta) a crear esa atmósfera de terror situar la acción en un barrio obrero del Madrid de principios de los noventa?

A mí me ayuda porque es el tipo de atmósfera en el que me he criado y donde veía la ubicación de la historia. A mí me gusta mucho hablar de gótico vallecano. Aquí no tenemos esas mansiones victorianas ni edificios abandonados. El paisaje que yo conozco son los bloques de ladrillo rojo.

¿Cree que la historia podría trasladarse a la época actual; de ese desconocimiento inicial e inocente contrapuesto al mundo de redes sociales y bombardeo de información de hoy en día?

Es posible que hubiéramos tenido que adaptar cosas. Sí que hay cierto cinismo ahora mismo en nosotros que antes no teníamos. Pero, en el fondo, no hemos cambiado tanto desde los cartagineses. Lo que sí lo ha hecho es el atrezzo, la manera de comunicarnos, de desplazarnos… pero al final, lo que nos importa, lo que nos apasiona, sigue siendo lo mismo.

¿Cómo fue el proceso para encontrar a la protagonista (Sandra Escacena, nacida en 2001) y los niños?

Fue un casting muy largo. Queríamos que no tuvieran experiencia y cuando necesitas eso has de abrir muchísimo el abanico. Has de ir a colegios, escuelas de teatro infantiles… fue una búsqueda muy larga. Para el papel de Verónica vimos a 800 niñas hasta encontrar a Sandra.

¿Y cómo fue el rodar con niños?

Es distinto porque los niños tienen una manera de actuar que no es la misma que la de un adulto. Tienen un proceso diferente porque ellos, sobre todo, viven las cosas, no las interpretan. Así que se trataba de recrear situaciones en las que ellos se desarrollasen y nosotros rodarlos como si fuera un documental. Jugábamos con ellas probando cosas, por ver qué era lo más gracia les hacía hacer. Rodábamos desde fuera del decorado para que nunca supieran cuándo se hacía de verdad. Yo les iba diciendo cosas, jugaban juntas… hasta que veíamos algo que valía la pena rodar, sin que ellas lo notaran.

Han pasado ya diez años desde el estreno de REC, ¿cómo han sido para usted?

Pues REC marca en mi carrera y en mi vida un antes y un después ineludible. Tanto para Jaume Balagueró como para mí fue una sorpresa extrema lo que pasó con REC y que marcó lo que vino después con las secuelas, remakes… Ha sido una etapa maravillosa y fue un cambio a mejor para siempre.

Y de aquí a diez años, ¿dónde se ve?

Adelgazando un poco, más calvo, más viejo y haciendo películas de terror. Espero que eso suceda.

Respecto a las películas de terror, ¿por qué cree que sigue siendo un género atemporal, viendo cómo cada año sale más de un gran éxito y muchas veces incluso sin necesidad de grandes presupuestos?

Es que siempre tenemos ganas de asustarnos y de reírnos. El terror y la comedia son géneros infalibles –entendiendo también que hay películas que fallan, claro-. Pero siempre vas a tener la pulsión por divertirte y echarte unas carcajadas, de igual manera que el tren de la bruja funciona desde hace 200 años. Hay algo en nosotros que nos empuja a sentir miedo por diversión.

Y a la hora de hacer una película de terror, ¿cómo es ese proceso de creación, de decir “vamos a dar miedo”? ¿Qué se hace?

Lo que siempre intentas, la preocupación máxima, es que los personajes estén vivos, que respiren, que sean de verdad. ¿Dar miedo? Tenemos fuentes de inspiración en el telediario cada día de cosas que puedan ser terroríficas. Lo siniestro es una manera de mirar el mundo. A todo se le puede encontrar el lado más gracioso y el lado más grotesco, siniestro.

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