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HÁBITOS PARA REDUCIR EL CONSUMO

Cada español consume 150 litros de agua al día, 70 más de lo recomendado por la OMS

domingo 04 de marzo de 2012, 20:58h
Ante la sequía declarada en el país durante los últimos meses, las asociaciones de consumidores instan a cambiar los hábitos cotidianos para inducir a un ahorro en el consumo de agua. A pesar de los pasos que cada año se dan en la concienciación del ciudadano, los españoles seguimos gastando 70 litros más por persona y día de lo recomendado por la Organización Mundial de la salud.
Confirmado: España está inmersa en una sequía que podría ser “catastófrica”, la más intensa “en los últimos 40 años”, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Tomando como referencia el observatorio de Retiro, en Madrid, la cantidad de precipitaciones caídas durante el último trimestre dista mucho de la normal en esta época del año. Entre diciembre y enero, en ese punto, han caído 17,5 litros por metro cuadrado; lo normal serían más de 128.

Por eso, este año las campañas de concienciación del consumidor en el ahorro de agua se adelantan y, antes de llegar la primavera, la llamada de atención se hace más necesaria que nunca. A pesar de que el consumo doméstico supone tan solo el 20 por ciento del gasto total de agua en el país –la mayor parte corresponde al uso industrial y agrario-, el total empleado por los hogares españoles sigue rozando el derroche.
Cada español consume 150 litros de agua al día frente a los 80 que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Además, de ese centenar y medio, sólo 8 litros se destinan a cubrir las necesidades vitales; el resto se destina a la higiene personal y el uso, habitualmente ineficiente, de electrodomésticos.

“El agua es un bien necesario, primario… no podemos dejar de beber, pero con la ayuda de pequeños gestos, con un cambio de hábitos, se puede reducir ese consumo excesivo”, expone a este periódico Jean-Bernard Audureau, portavoz de la Confederación-Asociación General de Consumidores (COAG).

Auderau considera que este “derroche” viene dado, precisamente, porque el agua es un bien primario. “Como ocurre también con la electricidad, no somos tan sensibles al precio y tendemos al despilfarro”, opina el portavoz de COAG.

Desde la Confederación, se ofrecen pautas que muestran cómo, a partir de la modificación de hábitos cotidianos mal aprendidos, puede llegar a ahorrarse más de 70.000 litros anuales por persona.

Por ejemplo, evitar el goteo en los grifos permite un ahorro de más de 90 litros por semana; utilizar la lavadora y el lavavajillas a carga completa consume un 50 por ciento menos de agua y electricidad en cada uso; ducharse en lugar bañarse, supone 30.000 litros menos al año y cerrar el grifo al lavarse los dientes o fregar los platos más de 10.000; además, descongelando los alimentos a temperatura ambiente, y nunca bajo el grifo, ahorra 15 litros en cada uso.

Una visión más compleja
Auderau, más allá de las recomendaciones a los usuarios para su día a día, aboga por transmitir desde las asociaciones de consumidores una visión más compleja del problema del agua. “Es una dificultad global”, advierte el portavoz de COAG, quien asume que en España existe un histórico déficit hídrico que incrementa el problema, pero que en países donde no existe esa carencia también se tiende a consumir más agua de la necesaria.

En opinión de Auderau, los decálogos de ahorro enfocados a los consumidores han de ser completados con dos ideas básicas que no suelen transmitirse tan a menudo en las campañas de concienciación.

“En primer lugar”, recalca, “hay que recordar que no somos nosotros los principales consumidores, por lo que hay que llamar la atención para que las Administraciones Públicas insistan en ahorrar agua en todas las partes”.

Por otro lado, y en estrecha relación con la idea anterior, el portavoz de COAG, cree necesario incidir en el concepto de 'huella hídrica', un indicador que tiene en cuenta, no sólo el consumo directo de agua, sino también el indirecto, es decir, la cantidad de agua que se emplea en la producción de bienes de consumo antes de que lleguen al usuario final.

En base a este concepto, el consumo de un kilo de carne implica, indirectamente, el uso de más de 150.000 litros de agua, derivados del proceso productivo de ese cárnico. “No sólo es un problema de hábitos, sino un problema político”, denuncia Auderau. “Se debe fomentar el ahorro en los sectores de la industria y la agricultura cambiando los modos de producción”.

La evolución en los últimos años se dirige hacia el buen camino. El último dato disponible nos dice que en 2009 se redujo el consumo de agua en los hogares españoles en un 4,3 por ciento con respecto al periodo anterior. Sin embargo, la media sigue situándose por encima de la necesidad, un hecho preocupante en un país tendente a épocas de sequía como la actual. El esfuerzo de los consumidores y la implicación necesaria de los poderes públicos –instados por los primeros, según Auderau- parecen ser las únicas armas a nuestro favor.
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