El universo balompédico rinde homenaje este lunes a sus más destacados miembros. Leo Messi, Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta son los candidatos al galardón más deseado por un futbolista aunque el argentino parte como firme favorito. El talento del artista rosarino parece imponerse a la temporalidad anual que exige el premio, lo que confirma el olvido del FIFA Balón de Oro a los líderes de la mejor selección nacional de la historia, la española. El Imparcial analiza los argumentos que arrinconan el hito del combinado dirigido por Vicente del Bosque en los reconocimientos individuales.

La cuidad que acoge las oficinas centrales de la
Fédération Internationale de Football Association, Zúrich, abrirá sus puertas el próximo lunes para impregnar de aroma a tradición la ceremonia anual en la que se condecoran a los astros que brillan entre la excelencia del fútbol. La
FIFA engalana su sede para ornamentar con galardones a la figura de los profesionales más relevantes del balompié internacional, o, para encontrar un mayor rigor, los que consideren periodistas y seleccionadores nacionales bajo el filtro de variables que la organización gestora del fútbol mundial y la revista
France Football han establecido.
En el centro del escenario, tres brillantes artistas del balón y un favorito.
Leo Messi, autor del récord de goles absoluto en un año natural -frenó su embelesadora sangría en
91 tantos -goza de una inmejorable opción para convertirse en el único futbolista que acumula cuatro Balones de Oro en su santuario de galardones particular. El “pibe de oro” atrae todos los focos en un evento al que
Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta están llamados a ejercer el rol de segundones un año más.
El desorbitado talento del genio rosarino excede la temporalidad que demanda el reconocimiento al mejor futbolista del año. Esta es la conclusión que se extrae de las últimas cuatro ediciones. Profundizando en esta vía se desembarca en la incómoda constatación de que esta será una nueva oportunidad perdida. Quizá la última.
La mejor selección nacional de la historia no presumirá de albergar un Balón de Oro en su plantilla. 
El uno de julio de 2012 España otorgaba una lección de juego ofensivo a Italia y, por extensión, a millones de espectadores para conquistar su segunda Eurocopa en cuatro años. Se cerraba un ciclo glorioso y único en similares proporciones. La prensa mundial se rendía a la legendaria selección española. La herida
Gazzetta dello Sport italiana destacaba en primer término que sus compatriotas cayeron
“derrumbados, exhaustos a los pies de España, que sigue en el trono, espléndida reina de Europa y del mundo" para añadir más adelante que
"un solo jugador en la historia había ganado dos europeos y en esta España ahora hay doce y estamos hablando de una generación de fenómenos por lo que sucumbir bajo su peloteo maravilloso, a pesar de los 4 goles, no es tan humillante como parece".
Francia, país fundador de los galardones deportivos más prestigiosos que ha tratado de enfangar los éxitos españoles en reiteradas ocasiones, también se rindió ante la exhibición patria.
L'Équipe titulaba en su portada
"¡Gracias!", en referencia al
“más bello homenaje que se podía rendir al fútbol" ejecutado por "la mejor selección europea de la historia".
France Football, cuna del Balón de Oro, calificaba de “
intocable” a la campeona continental que
“ha confirmado su insolente hegemonía sobre el planeta del fútbol" y se aventuraba a añadir que
Iker Casillas, “
vencedor de la Liga con el Real Madrid y capitán de los tres últimos torneos logrados por la selección, la última muralla de 'La Roja', tendrá seguro algo que decir durante la próxima edición del Balón de Oro”.
Incluso la ostentosa nación alemana, encantada de conocerse en lo que a brillo futbolístico se refiere, domesticó su orgullo ante su bestia negra más reciente.
Bild (
“el mundo futbolístico rinde pleitesía”) y
Frankfurter Allgemeine Zeitung(
“expresión de clase en el juego, voluntad de lucha y unión como equipo en una final que ha demostrado que la filosofía futbolística española es completa y que no hay perspectivas para un fin de su dominio”) dieron buena cuenta . Y los inventores del balompié también se mostraron entusiasmados en su análisis de la cosecha española.
The Times definió el tercer título europeo nacional como “
maravillosa y elegante clase maestra”, al tiempo que
The Guardian se preguntaba si “
hubo alguna vez otro equipo más efectivo que España” y
The Independent calificaba a los jugadores del combinado dirigido por Vicente del Bosque como "
los grandes campeones del fútbol moderno” y reflexionaba en torno a la dificultad de entender lo conseguido por estos futbolistas en cuatro años.
"
Por fin hemos visto a un campeón que ha jugado con calidad y aunque técnicamente no soy yo quien debo decirlo, la selección ganadora del Mundial ha jugado muy bien al fútbol", decía
Joseph Blatter -presidente de la FIFA- en julio de 2010. El gestor máximo del balompié, que ejecuta su labor con un rigor difícil de compartir en ocasiones, doblegaba su imparcialidad ante el caviar que acaba de degustar en Sudáfrica, un año antes de proponer a Iker Casillas y Xavi Hernández para el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2012. Cerraremos este repaso al inconsciente colectivo del universo futbolístico en torno al monopolio español de los últimos cuatro años con dos de los jugadores más influyentes que ha conocido este deporte:
Franz Beckembauer y Edson Arantes do Nascimento Pele.
El
Kaiser, reticente a considerar a nuestro combinado nacional como favorito en una competición en la que participe “su” Alemania, se vio obligado a reconocer la agria realidad en la final de la Eurocopa de 2008, cuando Fernando Torres tumbó a los teutones, y España todavía gateaba hacia la eternidad. El ganador de tres Copas de Europa, dos Mundiales -uno como jugador y otro como entrenador-y una Eurocopa, señaló que la selección nacional
“habría ganado a cualquier equipo del mundo con ese juego, porque en la segunda parte, la actuación española fue la mejor que he visto en la última década”. El seleccionador alemán actual y sufridor del despliegue español en las últimas citas,
Joachim Löw, declaró su pasión por el fútbol que desarrolla nuestro combinado cuatro años más tarde, días antes del arranque del campeonato de Polonia y Ucrania: “
Son ejemplares y modestos. Los jugadores del Barcelona llevan años en la cima, y nunca les oí una palabra negativa sobre un rival. Iniesta es insuperable en las acciones individuales y Xavi juega como si acabara de debutar. Es la encarnación de la inteligencia”.
Pelé, considerado uno de los mejores futbolistas de la historia amén de líder de algunos de los equipos que con mayor fuerza han brillado en este deporte, realizó un ejercicio de humildad nunca visto con anterioridad, al colocar a la selección española a la misma altura que uno de los gloriosos equipos en los que participó, el Brasil campeón del mundo de 1970. “
España es fantástica y técnicamente es, sin ninguna duda, lo más parecido al Brasil del 70”, avanza para concluir su reflexión del siguiente modo: “
El fútbol del equipo español es total, es un gran equipo y no depende de un gran jugador, por eso creo que es el fútbol más completo y mejor de las últimas dos generaciones”.
Expuesto el paisaje sentimental que han desatado los últimos cuatro años de la selección nacional, se antoja necesario despegarse de la realidad edulcorada para afrontar la inexorable realidad de olvido individual que sufren los líderes de esta histórica plantilla. El bloque de jugadores que ejecutaron la transformación de la selección española de eterna candidata en legítima favorita no recordará este intervalo glorioso relacionado a compartir vestuario con un Balón de Oro. Pero, si la unanimidad en el elogio ha caracterizado al periodismo y a los seleccionadores que votan en el galardón,
¿qué elemento contamina esta atmósfera de admiración para diluir el valor de los campeonatos logrados en la parcela individual?Con el fin de desenredar el cúmulo de factores que confluyen en la negación del premio individual en grado sumo a los jugadores que han abanderado a la mejor selección nacional que ha conocido este deporte, recuperaremos dos variables que guardan un peso protagónico: la perspectiva histórica del galardón y el hecho coyuntural.
Luis Suárez Miramontes, brillante atacante ganador de dos Copas de Europa y dos Intercontinentales con el Inter de Milán, protagonista de la primera Eurocopa española y único futbolista patrio que ha alcanzado el Balón de Oro (1960), profundizaba en esta última variable al ser preguntado por el desenlace del galardón de 2012:
"Ronaldo y Messi son dos rivales temibles para este trofeo y es difícil desbancarles, ya que el año que tuvieron la oportunidad fue el del Mundial y no lo consiguieron". Concretando su pronóstico,
Suárez dirige su comentario hacia Leo:
“Llevamos 20 o 30 años discutiendo quién ha sido el mejor de todos y la discusión estaba entre Di Stefano, Pelé y Maradona. Ahora, si sigue en este nivel y parece que si que va a seguir, discutiremos sobre cuatro”.El interior zurdo considerado como uno de los iconos del balompié del siglo XX,
descarta a Andrés Iniesta. La cima del fútbol actual permanece reservado a dos nombres, y ninguno de ellos es español. Este es un axioma de validez absoluta. Los futbolistas que gobiernan el presente y futuro de este deporte son Messi y Ronaldo porque ningún otro jugador reúne las características que definen a estos astros al nivel que los exhiben. Nadie conjuga la capacidad de regate, olfato goleador, técnica, velocidad, remate, precisión y personalidad ganadora como los símbolos de Barcelona y Real Madrid. No cabe discusión sobre esta hipótesis. El despliegue que estos artistas desarrollan nueve meses al año eleva el asombro generalizado cada temporada al tiempo que erosiona y derriba los récords establecidos a modo de benditos daños colaterales.
Sin embargo, el intervalo de exhibición anual de
Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no concierne al periodo estival.
En verano brillan otras estrellas. Cuando los campeonatos de clubes ceden su espacio a los torneos de naciones, los magos que hechizan a la parroquia llevan la zamarra española. Este es el lunar al que se aferran los detractores del Balón de Oro. La contradicción y su debate parece, irremediablemente, condenados a la irresolución.
El premio se circunscribe a un año concreto. Es por ello que en los 365 días en los que, además de la Liga BBVA, Copa del Rey, Champions League y Supercopa de España y Europa, se juega un Mundial o una Eurocopa, se debería contemplar el plus que estos torneos de primer nivel añaden al calendario futbolístico. Contemplando el desenlace de los últimos 3 Balones de Oro, da la impresión que la circunscripción temporal se ha flexibilizado de manera definitiva, sobre todo ejecutando una comparación entre el galardón actual y el desdoblamiento tradicional entre los votos de periodistas y de los seleccionadores.

Las críticas a la fusión del
Balón de Oro y el Fifa World Player (dos galardones que convivían en existencia paralela hasta unir sus caminos en 2010) entroncan con la segunda variable estrella: el recorrido histórico. Desempolvando las revistas
France Football que condecoraban al mejor jugador del año al tiempo que atravesaban la década pasada, se percibe una diferencia notable en lo relativo al criterio básico diferenciador del mejor futbolista. Veamos. Se aprecian tres filtros decisivos que pugnaban entre sí:
la calidad del jugador, los títulos conseguidos y los torneos en los que el jugador resultó decisivo. En el primer factor (que gobierna la votación actual) se podría clasificar el triunfo de
Luis Figo (2000),
Ronaldinho (2005),
Kaká (2007),
Cristiano Ronaldo (2008) y
Messi (2009); en el segundo baremo -enfrentado frontalmente con el primero- se encuentran
Michael Owen (2001, ganador de cinco títulos),
Ronaldo (2002, campeón del Mundial) y
Shevchenko (2004, ganador de la Champions League y la Serie A); y en el tercero -antagónico al primero- encuadramos a los mencionados
Ronaldo y Shevchenko y al podio completo de 2006, conformado por
Fabio Cannavaro, Gianlugi Buffon y Thierry Henry, tres futbolistas que protagonizaron el Mundial de Alemania pero que no brillaron en absoluto con sus clubes.
La conversión del Balón de Oro (que se manejaba con este cúmulo de variables) en FIFA Balón de Oro parece haber pillado en fuera de juego a los líderes de la generación de oro española. La consecuencia inmediata del cambio de formato -y de variables a tener en cuenta en la votación- es la
degradación del protagonismo de Mundiales y Eurocopa a una presencia casi simbólica. Por ende, jugadores como
Xavi o Iniesta, que han
encadenado Liga española, Copa del Rey, Mundial de Clubes y Mundial de selecciones, se han limitado a aplaudir el nivel de Messi con el Barcelona en la gala de turno.
Considerar que, bajo este baremo,
Andrés Iniesta -recién nombrado mejor jugador de 2012 para la UEFA por delante de los dos gigantes de nuestro tiempo- cuenta con posibilidades de hacerse con el Balón de Oro por delantero del “Pibe de oro” y de Cristiano Ronaldo, adquiere un carácter utópico. Sin embargo, es menester lucir con orgullo que por cuarto año consecutivo -hito histórico en la historia del galardón-
los tres candidatos al Balón de Oro juegan en la misma liga, la Liga BBVA. Eso sí, el triunfador no será español.