"Mente: un misterioso tipo de materia que el cerebro segrega. Su actividad consiste en el intento de determinar su propia naturaleza; lo inútil de tal intento queda patente en el hecho de que no se tiene más que a sí misma para conocerse”. Ambrose Bierce. El diccionario del diablo.
La más extrema de todas las experiencias que he tenido en mi vida ha sido, sin duda alguna, un retiro de 10 días de meditación. Aunque también es y será una de las mejores -y también más extremas- inversiones que he hecho.
Cuando piensan en un retiro espiritual, ¿qué se les pasa por la cabeza? ¿Relajación, tranquilidad, naturaleza, reposo?Si les contara que uno se levanta a las 4 de la mañana, medita 10 horas al día, desayuna a las 6:30 y come a las 11:00 por última vez en todo el día, ¿siguen pensando en peace & love? Para aprender bien la técnica de la que he hablado en otros artículos (Vipassana) es necesario asistir un curso de 10 días pero en esta ocasión acabo de regresar de un retiro corto -de 3 días- que ha eliminado de mi cabeza las ganas que tenía de hacer de nuevo uno largo, al menos por un tiempo.
Cada uno de los diez días que dura el retiro se compone de 10 sesiones de una hora cada una, y cada una de estas jornadas abarca desde las 4:30 am hasta las 21:00 pm. Los alumnos nos reunimos en una gran sala, nos sentamos en un cojín, un banquito o una silla -dependiendo de la resistencia o preferencias de cada uno- y seguimos las audio-instrucciones que el maestro va dando puntualmente y con total precisión. A lo largo de la jornada hay varios momentos en los que se puede elegir entre meditar en la sala común o bien hacerlo en los dormitorios, pero siempre siguiendo las instrucciones y consejos correspondientes. Hay 3 descansos de una hora más o menos, uno después de cada comida: desayuno, comida y merienda (la merienda consiste en una fruta y una infusión a eso de las 17:00 pm, pero solo para los nuevos alumnos). La jornada diaria termina con una charla-vídeo de poco más de una hora que ayuda a profundizar en la enseñanza y que matiza algunos aspectos relacionados con un modo de vida basado en la meditación (también ayuda a relajar la tensión del día y a reírse con alguna de las bromas del maestro).
La base de la técnica es absolutamente científica, pero si entraran en la sala de meditación en medio de los cánticos del maestro o cuando los alumnos saludan al unísono al terminar una sesión en la lengua ancestral Pali: “Sadu, sadu, sadu” (se traduce como “Que así sea”), pensarían que estamos abducidos por el maligno, aunque no estarían más sorprendidos que un agricultor chino que de repente entra en una misa católica apostólico romana. ¿Cómo cambiar el patrón de comportamiento que nos hace sufrir? Neurológicamente creo que todos entendemos que hay ciertos hábitos, respuestas o comportamientos que nos hacen daño. La técnica ayuda a observar todo este dañino e inevitable proceso experimentando los efectos en nuestro propio cuerpo y mente. El propósito de la técnica es -en teoría- disminuir poco a poco el sufrimiento, pero en la práctica a un curso así se apuntan muchas personas que desean “iluminarse”, otras que quieren adherirse a una secta y también los hay despistados que buscan dejar de fumar, adelgazar, descansar, relajarse o incluso ligar. En un retiro de 10 días pasan muchas cosas, incluso alguna de estas últimas.
Como en muchas otras organizaciones religiosas, aunque ésta asegure con vehemencia que no lo es,hay una serie de patrones que se repiten una y otra vez: su verdad es la única, sus normas son ortodoxas, el sexo es degradante y el egoísmo, detestado. También, como en la mayoría de las religiones, las señales de que uno anda por el buen camino después de practicar sus enseñanzas son muy sencillas: se afrontan los problemas, dificultades y deseos del día a día con una mayor serenidad y se pasa gradualmente del egocentrismo a la generosidad y a la comprensión, sobre todo para con uno mismo (porque esa es la clase de generosidad y comprensión sin la cual no puede existir ninguna otra). Aparte de la técnica, durante estos cursos se habla repetidamente del tema del ego, del amor y de la humildad, sin embargo no permiten contacto físico alguno (ni siquiera el día en el que el voto de silencio se levanta). Cuando al final del retiro toca limpiar el albergue, una gran parte de los ‘adoctrinados’ sale pitando y no colabora, y a la hora de hacer la donación la cosa se vuelve un poco sórdida. Sí, han leído bien, el retiro transcurre en absoluto silencio, no se permite ninguna comunicación no verbal (miradas o interacción con otros alumnos), ni distracciones, libros, móviles, música, material de escritura, etc. ¡Y además es gratis!
Como le comenté una vez a un amigo que es muy atractivo, muy exitoso, muy adinerado, pero también muy desdichado: ¿qué se podría regalar a alguien que lo tiene todo? ¡NADA! Uno de estos retiros de meditación sería lo más cerca de la “nada” (y del “todo” por otra parte) que puedan llegar a estar en toda su vida. En cada uno de ellos he sentido durante días un vacío en el estómago que sería como una mezcla explosiva de soledad, melancolía, miedo, vértigo… y hambre; pero también he sentido momentos de meridiana comprensión física y mental del origen de nuestro sufrimiento.
En un curso como este uno espera encontrarse generosidad y sensatez, pero a veces se encuentra ego y normas castradoras. En un retiro de 10 o de 3 días uno se arrepiente de haber ido desde el primer momento, pero al marcharse nunca se arrepiente de haberlo hecho y con el paso del tiempo desea repetir la experiencia. Amor y odio, empacho y desahogo, locura y cordura, los opuestos se intercalan a lo largo de cada una de las largas horas del día. Cuando uno busca un hueco de diez días en su vida para apuntarse a algo así, al menos en Occidente, lo hace empujado por múltiples motivos, como por ejemplo una enfermedad, una pérdida o un dolor insoportable, un reto personal o la necesidad de explorar y descubrir nuevos conocimientos, pero en ningún momento les recomendaría que se apuntaran si no estuvieran completamente convencidos y con las ideas claras acerca de lo que la meditación es, pero sobre todo de lo que NO es. Es extremo, coñazo, anticuado, sectario y doloroso (física y psíquicamente), pero también es medicinal, preciso, completo, profundo y sobre todo muy sanador y revelador.
En unos tiempos donde jóvenes y mayores buscamos nuevas y constantes experiencias que postear y que relatar, ésta debería ser una de las más grandes: un best seller, un top 10, un prime time, un trending topic. Un reto que no es para todo el mundo pero que podría cambiar sus vidas, aunque quedan prevenidos: no es ni un spa, ni un centro antiestrés ni de adelgazamiento, ni un lugar para hacer amigos sino más bien un hospital de la mente donde uno se somete a una terapia de choque que hace que el cuerpo también se resista y se resienta por unos días (todo sufrimiento en el plano mental tiene su expresión y su contrapartida en el plano físico). Si siguen las indicaciones del maestro, esas resistencias se convertirán tarde o temprano en comprensión, y muchos de los dolores (tanto físicos como mentales) que ahora les acompañan, desaparecerán de inmediato.
Anicca
(Palabra en idioma pali que vendría a traducirse como ‘transitoriedad, cambio, impermanencia’).