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ENSAYO

Jacques Sadoul: Cartas desde la revolución bolchevique

domingo 14 de mayo de 2017, 19:40h
Actualizado el: 14/05/2017 20:18h
Jacques Sadoul: Cartas desde la revolución bolchevique

Traducción de Constantino Bértolo. Turner. Madrid, 2016. 500 páginas. 28 €. Libro electrónico: 9,99 €. Más allá de la ingenuidad y quizá buena fe que se desprende en sus apreciaciones -es sabido a dónde condujo el asalto bolchevique al poder-, el diplomático y escritor francés Jacques Sadoul nos ofrece un privilegiado testimonio de primera mano de lo acontecido en la Rusia de la Revolución de 1917. Por Alejandro San Francisco

La Revolución bolchevique de 1917 es una verdadera fuente fecunda de estudios históricos y literarios, de biografías e ideas -recientemente en estas mismas páginas dimos cuenta de La Revolución rusa, de Richard Pipes-, que muestran la posibilidad de revisar una y otra vez uno de los grandes acontecimientos del siglo XX, con todas sus múltiples y contradictorias manifestaciones.

Parte de esa riqueza es lo que muestran las Cartas desde la revolución bolchevique, escritas por el francés Jacques Sadoul. Se trata de documentos de primera mano, de un testigo directo de los acontecimientos que condujeron al cambio de régimen en Rusia. Sadoul fue destinado a Petrogrado en medio de la Primera Guerra Mundial, para servir en la embajada de Francia. Desde ahí envió una serie de largas y valiosas cartas, especialmente dirigidas a Albert Thomas, ministro de Armamentos del Gobierno francés. Los informes, que originalmente se enviarían cada dos semanas, felizmente modificaron su frecuencia, hasta convertirse en ocasiones en cartas que se despacharon durante algún tiempo día a día, y junto con ser una información relevante para las autoridades de Francia, quedaron a la larga como un extraordinario documento histórico de aquellos días en que la Historia se aceleró y tomó un rumbo inesperado.

El interés de Albert Thomas tenía relación con la política internacional, con las eventuales negociaciones de paz tras tres años de guerra, pero en la práctica las cartas también precisan aspectos internos de las revoluciones que terminaron primero con la caída del zar Nicolás II y su reemplazo por un régimen democrático (burgués), y luego la caída de éste -que lideraba Kerenski-, que dio paso a la Revolución Bolchevique, que extendería su impronta por casi siete décadas.

Lo que narra Sadoul son los primeros meses de los comunistas en el poder, ciertamente en condiciones de indefinición institucional y con peligros internos y externos. Sadoul era socialista y en diversas ocasiones especificó que no era “bolchevique”, aunque muchas veces señalaba esa advertencia para avanzar rápidamente con alabanzas hacia la Revolución o a sus principales líderes, entre los que destaca con frecuencia a Lenin y Trotski. Lo interesante es que no se trataba de referencias de segunda mano, sino que eran en base al conocimiento personal que tuvo sobre ambas figuras, con quienes conversó en numerosas oportunidades, generando relaciones de confianza de gran valor informativo.

Admiró a los dos, y los calificaba como “el alma de la revolución”, reconocía en ellos a “hombres de acción extraordinarios”, “hombres excepcionales”, de quienes estaba convencido que “los mueven en su acción presente los sentimientos más elevados”. Sadoul consideraba que Trotski era “de una inteligencia excepcionalmente viva y flexible”, mientras Lenin no tenía el poder como un objetivo en sí, sino como “el único medio para conseguir que triunfe la Idea” (carta del 26 de diciembre de 1917). En otra parte, los refiere como “dos hombres excepcionalmente notables, pero sin contacto suficiente con el pueblo” (6 de noviembre de 1917); también ambos “de una probidad intelectual y de un valor moral confesado por sus mismos adversarios” (10 de diciembre de 1917).

A juicio del francés, los bolcheviques habían tenido la capacidad especial de captar muy bien el momento histórico que vivían, y transformar la lucha contra la guerra de la revolución de febrero, por una lucha por la paz, anhelo general del pueblo ruso agotado con un conflicto que no compartía (2 de octubre de 1917). Luego acometieron la batalla por el poder y lo conservaron con decisión ante las amenazas. Los primeros días Lenin y Trotski gobernaron desde el edificio Smolny en Petrogrado, y hasta ahí llegó Sadoul para reunirse con ambos líderes, conversar sobre los avances del nuevo régimen y sobre la situación de la guerra internacional.

Hay algunos contactos humanos y descripciones notables, que reflejan la confusión ambiental y la percepción sobre algunos personajes. En medio de la batalla de octubre, se encontró con un soldado, puesto por un comité en una de las barricadas de la ciudad, pero que no podía precisar “si está atacando o defendiendo al gobierno provisional” (25 de octubre de 1917). Al nuevo régimen bolchevique lo describe indistintamente como una “democracia revolucionaria” (27 de noviembre de 1917) o “dictadura del proletariado” (26 de enero de 1918, entre otras menciones). Kerenski, por su parte, es calificado como un “parlanchín sentimental” y un “eterno indeciso” (29 de noviembre de 1917). Su descripción de la revolución es notable y de una rigurosa coherencia marxista: “Lo propio de toda revolución profunda es precisamente colocar provisionalmente arriba lo que está abajo, abajo lo que está arriba” (30 de diciembre de 1917).

Las cartas traslucen esa idea inicial de expansión de la transformación social en distintos escenarios, especialmente por Alemania, además de mostrar la noción de “revolución permanente” que sostenía Trotski: “Los bolcheviques esperan que la revolución incendie Europa entera”, llegó a decir Sadoul en una ocasión (24 de febrero de 1918). El paso del tiempo mostraría la necesidad de consolidar el proceso interno más que aventurar otras revoluciones.

Si bien Sadoul en ocasiones critica el despotismo bolchevique y destaca la ausencia de estructura y capacidad técnica para ejercer el gobierno de parte de los comunistas, en la práctica manifiesta una admiración decidida hacia la Revolución bolchevique y sus líderes. Con candidez, torpeza o genuina convicción se refiere a la superación de la “esclavitud” del salariado y su reemplazo por un gobierno efectivamente popular; destaca la superioridad de las asambleas soviéticas sobre las democracias parlamentarias europeas; define la dictadura de los sóviets como una “dictadura en beneficio de los trabajadores”.

Como consecuencia el obrero es amo de la fábrica como el campesino es amo de la tierra; los trabajadores son amos de los bancos y “el pueblo ruso, amo soberano de estos destinos” (25 de julio de 1918). Al cerrar la obra llega a proclamar: “¡Viva la república de los sóviets!” (26 de julio de 1918), y se manifestó convencido de que Lenin y Trotski habían visto más claro que los socialistas franceses, siendo más realistas, podían considerarse “los auténticos aplicadores del marxismo” (1° de septiembre de 1918). Sin perjuicio de estas condescendencias o admiraciones acríticas que el tiempo mostraría con más contradicciones y dramatismo que el previsto por Sadoul, lo cierto es que se trata de un conjunto de cartas valiosas y que logran representar el espíritu de una época y el sentimiento y pensamiento propio de una revolución social de gran magnitud.

La obra incluye dos valiosos trabajos preliminares: uno de Constantino Bértolo (uno de los traductores de las cartas desde el francés) y otro del historiador Henry Barbusse, escrito en 1919, cuando se publicó la primera edición original del libro. Sin duda ambos son un aporte valioso para introducir las Cartas desde la revolución bolchevique, que se pueden leer con provecho por su claridad y largas explicaciones, aunque también sería bueno contar en paralelo con una obra general del proceso, de la toma del poder y del primer año del régimen comunista, que permitan una mayor claridad en la lectura.

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