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ORIENT EXPRESS

Más de siete meses de bloqueo

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 30 de julio de 2023, 19:06h

La operación de guerra híbrida que Azerbaiyán viene desarrollando contra los armenios de Nagorno-Karabaj prosigue ante la mirada de la comunidad internacional. Desde que el pasado 12 de diciembre de 2022 agentes azerbaiyanos cortaron la comunicación por carretera entre Stepanakert, la capital del territorio, y la República de Armenia, los habitantes de la ciudad sufren carestía de todo. No es exagerado calificarlo de emergencia humanitaria.

El bloqueo forma parte de una estrategia de Bakú para que dinamitar el alto el fuego de 9 de noviembre de 2020 que detuvo la Segunda Guerra de Nagorno-Karabaj. Por aquel entonces, la resistencia armenia y la intervención diplomática rusa pudieron detener el avance de las tropas de Aliyev sobre Stepanakert. Ahora, casi tres años después, la situación ha cambiado. Los Estados Unidos, la Federación de Rusia y la Unión Europea están ocupados en Ucrania. Bruselas ha hecho de Azerbaiyán un socio preferente en materia energética. Aliyev atraviesa un buen momento en política exterior. La “diplomacia del caviar” combinada con la crisis energética le va dando buenos resultados aun a costa de la pobreza de su propia población y de unas carencias gravísimas en materia de derechos humanos, estado de Derecho y desarrollo humano.

Así, Azerbaiyán ha visto la oportunidad de termina lo que comenzó en 2020 y aplastar a los armenios de Nagorno-Karabaj. Dado que hay una declaración de alto el fuego firmada por Azerbaiyán, Armenia y la Federación de Rusia y otra de las autoridades de Nagorno-Karabaj en el mismo sentido, Azerbaiyán no puede enviar sin más a la infantería y a los drones a acabar con los armenios del territorio. Aliyev ha optado, pues, por hacer imposible la vida de los armenios. Hoy 120 000 viven bloqueados por efectivos azerbaiyanos.

Desde 2020 -bueno, en realidad ya venía sucediendo desde antes, pero se intensificó desde el final de la guerra- los armenios han venido sufriendo un hostigamiento ininterrumpido desde las posiciones militares azerbaiyanas. El objetivo es claro: imposibilitar el desarrollo de la vida económica y social de los armenios de Artsaj. Nadie puede vivir con normalidad bajo la permanente amenaza de que le destruyan la maquinaria que necesita para trabajar, le dañen la casa o directamente le peguen un tiro.

A partir de 2022, comenzó una operación de guerra híbrida mediante la cual Azerbaiyán trata de asfixiar a los armenios de Stepanakert. En primer lugar, fueron unos presuntos activistas ambientales que protestaban por una supuesta explotación de una mina que causaba daños ecológicos. La protesta llevó a un corte permanente de la carretera que unía a Nagorno-Karabaj con Armenia. Hubo protestas y condenas de la comunidad internacional, pero Azerbaiyán hizo oídos sordos. A partir de abril de este año, a los piquetes los ha reemplazado un puesto de control permanente con efectivos azerbaiyanos que vigilan e inspeccionan todo lo que trata de pasar por el corredor de Lachin. No se puede entrar ni salir por ella sin que las autoridades azerbaiyanas lo permitan. Esto infringe el acuerdo de alto el fuego, que pone el corredor bajo control ruso, pero hace tiempo que Azerbaiyán está dispuesto a retorcer las normas.

La instalación de un puesto de control permanente trata de normalizar el hostigamiento y de impedir el desarrollo de la vida en la capital de los armenios de Artsaj, donde ya falta de todo. Las alternativas que se les ofrecen son evidentes: rendirse y aceptar el dominio azerbaiyano, marcharse del territorio en algo que sólo podría calificarse de “limpieza étnica” o tratar de resistir hasta que Azerbaiyán encuentre un “casus bellí” que le sirva de pretexto para acabar con ellos. Las autoridades de Nagorno -Karabaj han manifestado en reiteradas ocasiones que no van a claudicar. Los antecedentes históricos remotos -el Genocidio Armenio en primer término- y los más recientes (pienso, por ejemplo, en la matanza de Sumgait y en la destrucción de la catedral de Sushi) no les permiten albergar grandes esperanzas en relación con Azerbaiyán. El régimen de Aliyev ha hecho del odio a los armenios un eje central de su propaganda. La combinación de nacionalismo, militarismo y odio a los armenios sirven como válvula de escape de los gravísimos problemas internos del país.

La comunidad internacional y, en lo que nos toca más directamente, la Unión Europea está a tiempo de evitar una catástrofe en Nagorno-Karabaj. Si no se incrementa la presión sobre Azerbaiyán, es cuestión de tiempo que esta ofensiva contra los armenios produzca resultados devastadores y trágicos. En Stepanakert faltan alimentos, medicinas, insulina… El puesto de control dificulta -y a veces impide- incluso la acción de organismos de ayuda humanitaria y la asistencia médica a pacientes que deben ser trasladados a Armenia para recibir tratamiento.

El bloqueo de la ciudad es, en fin, el presagio de un desastre humanitario. La comunidad internacional está a tiempo de impedirlo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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