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ORIENT EXPRESS

Maniobras de guerra híbrida en el Cáucaso

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 04 de diciembre de 2022, 18:06h

El sábado pasado un grupo de presuntos “activistas ambientales” azerbaiyanos bloqueó la carretera que une Stepanakert - la capital del territorio de Nagorno-Karabaj, al que los armenios llaman Artsaj- con Goris, ya en el territorio de la República de Armenia. Como motivo invocaron “razones ambientales”. Por supuesto, era un pretexto. En realidad, era una acción de guerra híbrida tendente a impedir la conexión entre el territorio armenio de Artsaj y la República de Armenia, así como a socavar la autoridad de las tropas rusas de mantenimiento de la paz desplegadas en el territorio desde noviembre de 2020.

Los 120 000 armenios de Nagorno-Karabaj viven expuestos al hostigamiento cotidiano de Azerbaiyán tanto a través de acciones militares como mediante operaciones de guerra psicológica, como el corte de esta carretera, la principal vía de comunicación entre Artsja y la República de Armenia. No es la única forma de violencia que vienen sufriendo los armenios del territorio independiente del control de Azerbaiyán. Durante el mes de noviembre, han sido frecuentes las agresiones -tiroteos, por ejemplo- contra los agricultores de Sarushen y otras localidades del valle de Amaras. Aprovechando que los campesinos deben realizar trabajos estacionales, abren fuego contra ellos. A los muertos -por ejemplo, el del 9 de octubre de 2021 a manos de un francotirador azerbaiyano cerca de Martakert- y a los heridos esporádicos, como el vecino de Khramort tiroteado el pasado 10 de marzo, se suman los daños frecuentes a la maquinaria necesaria para los trabajos agrícolas, así como a las granjas y las viviendas. Pueblos como Khramort, Machkalashen, Hatsi y otras localidades viven aterrorizadas por esa violencia que “de baja intensidad” no tiene nada y que imposibilita la actividad económica y la vida cotidiana.

No es necesario advertir que un bloqueo es un acto de guerra porque eso es lo que Azerbaiyán lleva librando de forma abierta desde 2020 contra los armenios de Artsaj. El 28 de noviembre de este año dos soldados armenios de las fuerzas de defensa de Nagorno-Karabaj resultaron heridos por disparos y granadas a manos de tropas azerbaiyanas. Esta violencia ha alcanzado, incluso, a la República de Armenia. El pasado 29 de noviembre un soldado armenio recibió un disparo del lado azerbaiyano en la frontera oriental de Armenia. Aprovechando la guerra en Ucrania y la dependencia energética europea, Bakú intensifica el hostigamiento a los armenios de Artsaj y de la República. Ni siquiera teme ya a la reacción de Moscú ante un desafío a sus fuerzas de mantenimiento de la paz.

Esta violencia cotidiana se está ejerciendo ante los ojos del mundo. Nadie podrá decir que los armenios guardaron silencio. Ningún gobierno puede invocar desconocimiento de lo que está sucediendo. En general, la Unión Europea y los gobiernos de los Estados miembros guardan un ominoso silencio frente a las agresiones del régimen de Ilham Aliyev, que ha encontrado en el ecologismo el nuevo pretexto para asfixiar a los armenios de Artsaj.

No obstante, se han alzado algunas voces en los parlamentos de Europa. El mes pasado habló el Congreso de los Diputados. Ahora lo ha hecho la Asamblea Nacional francesa, que el pasado 30 de octubre aprobó una declaración relativa a “exigir el fin de la agresión de Azerbaiyán contra Armenia y a establecer una paz duradera en el sur de Cáucaso”. La exposición de hechos de la declaración es un resumen de ese Gólgota que viven los armenios desde hace dos años: denuncia la agresión de Azerbaiyán contra Armenia, el incumplimiento del alto el fuego del 9 de noviembre de 2020 en Nagorno-Karabaj, la retención de prisioneros armenios por parte de Azerbaiyán, la incitación al odio y la retórica belicista del régimen de Aliyev, las violaciones de derechos humanos cometidas por tropas azerbaiyanas contra civiles y militares armenios, etc. Se trata de un resumen que describe la violencia de Azerbaiyán contra Artsaj y contra la República de Armenia. Es cierto que la resolución se centra en esta última, pero también pide el establecimiento de una paz duradera en el sur del Cáucaso, una paz que los armenios de Nagorno-Karabaj no conocen desde hace mucho tiempo.

El bloqueo se alzó al cabo de varias horas incluidas las tres de negociación entre el mando de las tropas rusas de mantenimiento de la paz y los “activistas” azerbaiyanos. Los coches y camiones habían quedado retenidos bajo la nieve y en condiciones de frío extremo. Las comunicaciones por tierra se habían interrumpido. Durante buena parte del sábado, 120 000 armenios quedaron aislados gracias a una operación orquestada desde Azerbaiyán. Quedó claro que Bakú puede crear una crisis humanitaria en cualquier momento. En realidad, de eso trató el ensayo de este sábado: unas maniobras de guerra híbrida.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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