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Diarios

Rafael Chirbes: Diarios. A ratos perdidos 5 y 6

domingo 17 de diciembre de 2023, 22:20h
Rafael Chirbes: Diarios. A ratos perdidos 5 y 6

Anagrama. Barcelona, 2023. 968 páginas. 27,90 €. Libro electrónico: 14, 99 €. Se publica la tercera y última entrega de las confesiones a corazón abierto del escritor valenciano. Un impactante testimonio.

Por Carmen R. Santos

Indiscutiblemente, los Diarios de Rafael Chirbes, llamados por él cuadernos, son una pieza esencial e impactante del género en nuestro país. Publicados póstumamente, pocos como el escritor valenciano se han desnudado ante los lectores con tal crudeza, sobre todo en unos tiempos de lo políticamente correcto. En ellos, el autor, entre otras novelas, de Crematorio, En la orilla, y Paris-Austerlitz, aparecida también después de su muerte, nos habla a corazón abierto, sin contemplaciones, de sí mismo y de los demás, en un minucioso repaso que abarca su vida desde abril de 1984 hasta 2015. Se dividen en tres volúmenes, bajo el título de Diarios. A ratos perdidos 1 y 2 (2021); Diarios. A ratos perdidos 2 y 3 (2022) y esta tercera y última entrega, Diarios. A ratos perdidos 5 y 6 (2023). Todos publicados en Anagrama, el sello que acoge en su catálogo la práctica totalidad de su producción narrativa y ensayística.

En esta tercera parte -puede leerse de forma independiente, aunque en su conjunto dan una idea completa de todos esos años consignados por Chirbes-, la primera entrada se fecha el 8 de enero de 2007 y la última el 28 de junio de 2015. Es decir, poco antes de su fallecimiento, acaecido el 15 de agosto de 2015.

A ratos perdidos 5 y 6, la más voluminosa de las entregas –casi mil páginas-, continúa la tónica de las anteriores, pero haciéndose especialmente presente un final que se intuye: “Hace meses que estoy pensando lo peor, pero no tengo muchas ganas de vivir que digamos, y calculo que no es mal momento, antes de que empiecen las limitaciones de verdad, las dependencias ajenas. Lo que sea y cuando sea, con tal de que no resulte desagradable”. Pero a estas palabras, añade: “Luego pienso en mis animalitos, en mis perros y mis gatos. ¿qué hacer con ellos? ¿Dejarlos en manos de quién? Y no tengo tan claro que el momento sea tan bueno como me había dicho antes, y pienso que ojalá no sea lo que llevo meses imaginando”. Aquí se concentra una línea que recorre el cuaderno y que oscila entre una cierta resignación, e incluso una tentación de suicidio, y un deseo de vivir, aunque sólo sea para disfrutar de los libros, la pintura (confiesa que de Madrid echa de menos el Prado) y la música, sus fieles compañeros.

Porque Chirbes es un letraherido excepcional, un lector que lee sin parar –“Más atracón de lecturas. Leo, leo, leo. Novedades y clásicos. Qué más da”-, aunque la literatura, nos dice, le hace sufrir. Así, sus diarios -este y los anteriores- se convierten también en un libro de crítica literaria, y en un repaso por sus filias y sus fobias que revela con absoluta sinceridad. Entre los numerosísimos autores a los que se refiere, destaca de nuevo su devoción por Benito Pérez Galdós, y da un buen consejo: “Para iniciar la los jóvenes en el gusto literario y en el conocimiento de la historia, en el estudio de la difícil relación de las palabras con los hechos, nada como los Episodios nacionales de Galdós”. Y realiza, entre otros, un personal análisis de Del sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno. No tiene pelos en la lengua en arremeter contra no pocos. Y hasta con un determinado tipo de “lector”, que, en realidad, no lo es: “La novela pinta poco en la sociedad contemporánea: vale lo que crece en torno a ella, los retratos de los autores, las declaraciones, las entrevistas, los manifiestos a los que se adhieren. Nadie parece tener tiempo para leerse las quinientas páginas que hace falta leer antes de empezar a hablar de un escritor, pero todo el mundo tiene tiempo para quedarse media hora viéndolo en la tele, o para echar una ojeada a la página que, en el periódico, habla de él. Tendrían que prohibirnos a los escritores decir nada que no fuera por escrito, y negarnos a los novelistas el derecho a verter una sola opinión, o un comentario, sobre la novela que hemos escrito. Si quieres saber de qué trata, léetela”.

Igualmente, sus diarios nos muestran aspectos de su “cocina” como autor, y desfilan por sus páginas críticos literarios, con nombres y apellidos, y medios de comunicación, y vuelve a dar muestras de que en general no es complaciente con la política, no ya sólo con la derecha, sino también con los partidos más cercanos a su ideología.

El Chirbes de juicios acerados y muchas veces inclementes llama la atención, pero no es esto lo fundamental. En la entrada del 17 de febrero de 2007 señala: “Ayer escribía en este cuaderno que, a los cincuenta y ocho años, sigo sin saber quién soy. Hoy apunto respuestas: soy ese que, desde hace más de medio siglo, se busca en los libros, se busca a la vez a sí mismo y el modo de salir de sí mismo; alguien para quien todo lo que le ha ocurrido lo ha devorado con la voracidad de la urraca”. Sus Diarios nos invitan a ser privilegiados testigos de esa búsqueda.

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