Las aplicaciones de venta de alimentos caducados están triunfando en Bélgica.
En paralelo al éxito en
Bélgica de las empresas emergentes que recuperan excedentes alimentarios y los venden a bajo precio a través de aplicaciones, han surgido las protestas de las organizaciones caritativas, que acusan a esos negocios de apropiarse de la comida que antes se repartía entre la población más necesitada y de "utilizar reclamos ecologistas y sociales" para hacer negocio.
El pasado diciembre, la red que ayuda a las organizaciones en la recogida y redistribución de alimentos para los más necesitados en la región de Bruselas, llamada LOCO, organizó unas protestas para alertar a los consumidores de las consecuencias de estas aplicaciones.
Pauline Duclaud-Lacoste, de Feed The Culture, una plataforma cívica creada durante la pandemia de covid-19 para ayudar a las personas vulnerables del sector del arte y la cultura y que es parte de la red LOCO, explicó que solo entre un 10 y un 12 % de los alimentos no vendidos por los supermercados y comercios de Bruselas, se recuperan. El resto, cerca del 87 % de la comida no vendida, "va a parar a la basura porque hoy no existe un marco legal que obligue a los supermercados a no tirar la comida".
Éxito comercial
Eso supone, señala, que es un porcentaje de alimentos que "no crece" y que "se tiene que repartir entre nosotros (las asociaciones caritativas) y ahora también entre las empresas emergentes". Sin embargo, estos nuevos negocios insisten en su labor esencial contra el despilfarro alimenticio."El desperdicio de alimentos es un problema y nosotros somos una de las soluciones. Too Good To Go es la aplicación que te permite salvar de un triste destino los alimentos no vendidos de tus marcas favoritas", explica en su página web esta empresa, que fue la primera en empezar a trabajar en Bélgica, en 2018. Desde entonces, cuenta con más de 2 millones de inscritos en el país y su modelo de negocio ha sido imitado por otras firmas, como la belga Happy Hours Market o la finlandesa Foodello. Too Good To Go ha declinado dar su opinión sobre la problemática existente en Bruselas.
Mientras Tood Good To Go ofrece paquetes "sorpresa" con distintos alimentos que proceden tanto de supermercados como de pequeños comercios a precio reducido, a veces hasta el 70 % del original, Happy Hours Market se centra en los grandes supermercados y vende lo que recupera en pequeñas tiendas en distintos puntos de Bruselas. También distribuye una parte de esos alimentos recuperados entre las organizaciones caritativas, pero precisamente eso es lo que ha generado la cólera de algunas de ellas.
Feed the Culture formó parte durante tres meses del sistema de Happy Hours Market, pero lo abandonó al final porque les llegaban "pocos productos (...) y solo los que ya no estaban bien. Nos convertimos en su basura. Recibíamos los no vendidos de los no vendidos", asegura Duclaud-Lacoste. "Desde hace más de tres años ofrecemos una nueva gestión de los productos no vendidos y contra el desperdicio de alimentos", dice en su web Happy Hours Market, que se define como "una nueva red de distribución para evitar que los artículos no vendidos de supermercados y distribuidoras acaben en la basura". "Ha habido mucha prensa, pero le aseguro que no hay guerra en Bélgica, sea cual sea la zona", explicó Marcel Hulin, de Happy Hours Market. "Sólo en la región de Bruselas, cada año se tiran a la basura 25.000 toneladas de bienes y productos no vendidos. Sólo se recupera el 13 % de estos artículos no vendidos. Esto deja el 87 % de los bienes consumibles por recuperar. Trabajamos con 45 tiendas asociadas de 1.006 supermercados en Bruselas", añadió Hulin.
Los centros comerciales grandes tendrán que donar los alimentos que no vendan por ley
Para Happy Hours Market, hacen falta iniciativas privadas para gestionar los productos no vendidos, una visión que no comparten las organizaciones caritativas de Bruselas. "Es totalmente falso. Sencillamente, no hay espacio para todo el mundo", insiste Pauline Duclaud-Lacoste, de Feed The Culture.
Según considera, estas nuevas empresas "hacen negocio aprovechando la crisis y la pobreza de la gente". "Es una problemática muy viva en Bruselas desde hace varios años", reconoció por su parte Flavie Leclair, de la Federación de Servicios Sociales de Bruselas. La solución, dice Feed the Culture, pasa por la adopción de una política a nivel regional que obligue a las empresas a combatir más activamente el despilfarro de alimentos.
El pasado año y a iniciativa del ministro de Acción Social de la región de Bruselas, Alain Maron (Ecolo), se acordó que a partir de 2024 las grandes superficies de la capital de más de 1.000 metros cuadrados estarán obligadas a donar los alimentos que no vendan. Pero las plataformas de ayuda creen que incluir sólo a los negocios más grandes no va a ser suficiente. Según Pauline Duclaud-Lacoste, en la práctica únicamente obligará a "unos sesenta" supermercados, mientras que el resto seguirá tirando a la basura la mayor parte de sus alimentos no vendidos.