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ORIENT EXPRESS

Irán y la «paciencia estratégica»

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 27 de octubre de 2024, 19:29h

El sábado pasado la fuerza aérea israelí realizó una incursión sobre territorio iraní. Con el nombre en clave «Operación Días de Arrepentimiento», tres oleadas de cazas F-35 se dirigieron contra objetivos militares en las provincias de Teherán, Ilam y Khuzestán, así como ciertos objetivos en Siria y en Irak. Los primeros objetivos fueron las defensas antiaéreas iraníes, iraquíes y sirias. Entre ellas, la batería S-300 del aeropuerto internacional Imán Jomeiní de la capital. A continuación, destruyeron fábricas de misiles balísticos y arsenales. En el ataque murieron cuatro soldados iraníes. Los israelíes no sufrieron bajas.

Esta operación es la respuesta al ataque con misiles del pasado 1 de octubre, que a su vez fue la represalia por la eliminación de Ismail Haniyeh en Teherán (31 de julio), Hassan Nasrallah (27 de septiembre) y Abbas Nilforoushan, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Iraní en El Líbano, muerto en el mismo ataque que Nasrallah. En realidad, desde el pasado 1 de abril, cuando la fuerza aérea israelí bombardeó un edificio consular iraní en Damasco desde el que operaban efectivos de la Guardia Revolucionaria Iraní, Jerusalén y Teherán vienen atacándose directamente. La respuesta al bombardeo de Damasco fue el primer ataque directo con misiles desde Irán contra Israel del pasado 13 de abril, en el que participaron también Hezbolá, los Huthies del Yemen y la Resistencia Islámica de Irak, tres grupos a las órdenes del régimen iraní.

Los dos países vienen, pues, midiendo sus fuerzas en ataques medidos que, sin embargo, han hecho saltar las alarmas por una posible escalada regional que agrave los conflictos que ya desgarran el Oriente Próximo. La Casa Blanca ha insistido en presionar a Israel para que no destruya ni las infraestructuras energéticas de Irán ni las instalaciones del programa nuclear que Irán viene desarrollando. Los ayatolás, por su parte, han insistido en la doctrina de la «Paciencia Estratégica», que ha consistido en dejar que el tiempo pase y escoger dónde y cuándo atacar a Israel de modo que los frentes se le multipliquen (Gaza, Cisjordania, El Líbano, Siria, Irak, el Yemen) a lo largo de los territorios en los que opera el Eje de la Resistencia, que controla Irán. La estrategia iraní consiste en obligar a Israel a librar guerras largas que socaven sus apoyos diplomáticos y políticos internacionales, que deterioren su economía y generen un goteo de bajas insoportable para un país de menos de diez millones de habitantes. Teherán confía en que la Unión Europea y los Estados Unidos no podrán mantener indefinidamente el apoyo a Israel a medida que las bajas civiles árabes aumenten, lo que por otra parte alejará a los Estados islámicos que han normalizado sus relaciones con el Estado judío democrático.

Sin embargo, Jerusalén ha logrado mantener esos apoyos no sólo en Estados Unidos, sino también en la Unión Europea, donde Alemania se ha opuesto a suspender sus exportaciones de armamento a Israel. A pesar de la proliferación de manifestaciones y campañas antisemitas, la mayoría de los gobiernos europeos han insistido en el derecho de Israel a defenderse.

Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel han destruido casi por completo la capacidad ofensiva de Hamás. Ha matado a sus líderes. Ha volado buena parte de sus túneles, búnkeres y lanzaderas de cohetes y misiles. Algo similar ha sucedido en El Líbano, donde la infiltración de la inteligencia israelí condujo no sólo a acciones terroríficas y espectaculares como el estallido simultáneo de los aparatos de comunicación - «buscas» y radiotransmisores- de los pasados días 17 y 18 de septiembre, sino a la eliminación misma de Hassan Nasrallah. Al igual que en El Líbano, la Fuerza Aérea Israelí realiza incursiones en territorio sirio sin que las fuerzas armadas de Damasco puedan impedirlo. Las organizaciones terroristas de Irak y el Yemen, por sí solas, no son lo bastante fuertes para responder.

Queda, pues, Irán.

Los dos ataques iraníes de este año han servido a Teherán para estudiar las defensas antiaéreas israelíes y para exhibir una presunta contención ante el mundo: las dos operaciones causaron daños menores y fueron, en general, neutralizadas por el sistema defensivo israelí. Por su parte, Israel ha realizado eliminaciones selectivas y ha destruido infraestructuras militares. Sin embargo, la red del Eje de la Resistencia ya no es tan tupida ni tan fuerte. Hamás y Hezbolá no están derrotadas, pero sí muy golpeadas. Siria y El Líbano ya no son las bases operativas del pasado. Israel ha demostrado que puede actuar dentro del propio territorio iraní, así como en el ciberespacio.

Surge, pues, la duda de si asistiremos a una nueva dosis de «paciencia estratégica» o si, en realidad, se trata sólo de una incapacidad de reaccionar frente a las operaciones israelíes que están rompiendo el Eje de la Resistencia. La filtración de cierta información sobre la incursión israelí que había terminado en poder de Teherán parece una advertencia de que también los aliados de Israel son vulnerables a la infiltración. En el propio Israel, se han practicado detenciones en el marco de un presunto plan iraní para cometer atentados terroristas incluido el asesinato de un científico.

La paciencia requiere de tiempo y puede que a los ayatolás se les esté acabando. El resultado de las elecciones en Estados Unidos puede acelerar la cuenta atrás.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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