La caída de Damasco parece sellar el destino de Bashar Al Asad (Damasco, 1965), que en 2023 recibía el aplauso de la mayoría de los líderes del Consejo de la Liga Árabe. Huido de la capital, el expresidente sirio se encuentra en paradero desconocido. The Times of Israel ha publicado que su avión estrelló mientras huía. Fuentes rusas dicen que ha dejado la ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta nada.
Es pronto para valorar, en toda su extensión, las consecuencias de la derrota de Asad. Después de más de veinte años en el poder, el sucesor de Hafiz Al Asad ha terminado perdiendo la herencia que recibió de su padre. A su partido político, el Baaz, una formación socialista árabe fundada en 1947, se le presenta un futuro muy incierto y es difícil que vaya a desempeñar papel alguno en la nueva Siria. Por mucho que Asad tuviese partidarios -por ejemplo, entre los drusos, los alawíes y los chiíes- se mantuvo en el poder mediante la propaganda, la violencia y el miedo. Algo similar, por cierto, hizo Sadam Hussein en Irak. El Baaz iraquí se disolvió en 2003 y ese mismo año, por si acaso, fue ilegalizado. Algo similar podría suceder con el Baaz sirio.
La gran vencedora de esta operación que, en menos de diez días, ha derrocado al régimen de Asad es la República de Turquía. Durante los más de trece años que ya dura la Guerra Civil Siria -comenzó en 2011- Ankara ha sostenido firmemente a los opositores al régimen de Asad y ha acogido a más de 3,5 millones de refugiados sirios dentro de sus fronteras. Incluso cuando el apoyo ruso e iraní permitió al gobierno recuperar el territorio perdido, Turquía mantuvo la apuesta. Gracias a su apoyo se formó una agrupación de organizaciones armadas que operan bajo el nombre de Ejército Nacional Sirio (ENS). Unido a los hombres de la organización yihadista Jabat Al Nusra, que pasó a llamarse Hayat Tahrir Sham (HTS), el ENS ha terminado en el bando vencedor. Esto no significa, por supuesto, que los grupos proturcos vayan a imponerse en el orden post-Asad. En realidad, todo parece indicar que el nuevo hombre fuerte será el saudí Abu Mohammad Al Golani, líder de HTS. Convendría no equivocarse en esto: que Asad fuese un tirano no convierte a Golani en un demócrata. Hace mucho tiempo que es casi imposible saber dónde están los demócratas sirios. Todo parece indicar que para las minorías cristianas se acercan tiempos aún más oscuros.
Los grandes derrotados son la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán. Moscú pierde la posibilidad de proyectar su poder y su influencia sobre Oriente Medio y África desde sus bases en el territorio sirio. En este sentido, la pérdida de la base naval de Tartus y la aérea de Khmeimim es un golpe duro para Moscú, que carece de instalaciones en el Mediterráneo. Peor aún ha sido el golpe para Teherán: ha caído el único gobierno abiertamente proiraní de toda la región y un aliado estratégico a la hora de suministrar armamento y equipos a Hizbulá en El Líbano. Desde Siria, la Fuerza Al Quds podía actuar libremente en el frente norte del Eje de la Resistencia, el espacio controlado por Irán que pretendía rodear a Israel desde el norte (Hizbulá en El Líbano y Asad en Siria), el Sur (Hamás en Gaza), el este (Hamás y otras organizaciones terroristas en Cisjordania) el noreste (grupos terroristas en Irak) y el sureste (los hutíes en el Yemen). Ahora ese eje está roto por tres partes: El Líbano, Siria y Gaza.
Esta fractura revela una debilidad de la República Islámica de Irán: ya no puede ayudar a sus aliados. No ha podido evitar que Israel haya destruido casi por completo la infraestructura de Hamás en Gaza ni que Hizbulá haya sufrido golpes durísimos en El Líbano. Ahora tampoco ha podido salvar a su aliado más antiguo y más fiel. Caída Siria, la debilidad de Hizbulá es aún mayor. Sin duda, quedan los hutíes, la galaxia de grupos terroristas que operan en Irak y la capacidad de Hamás de seguir cometiendo atentados en Cisjordania. Siguen los combates en Gaza y Hizbulá no ha perdido por completo su capacidad ofensiva. Sin embargo, también esto puede cambiar ahora que Asad está fuera del poder.
El Eje de la Resistencia se ha roto y es difícil saber si Teherán podrá reconstruirlo. De momento, sólo acumula derrotas estratégicas en Gaza, en El Líbano y ahora en Siria. Rusia está ocupada en la guerra contra Ucrania. Israel ha tomado posiciones 14 kilómetros adentro del territorio sirio. Todo parece indicar que Turquía tutelará la Siria post Asad.
De momento, la República Islámica de Irán parece insistir en su «paciencia estratégica».