Hoy quiero referirme al que es, sin duda, el personaje gastronómico español más internacional: José Andrés. Y lo más interesante es que, a pesar de haber creado un auténtico imperio de restaurantes y de protagonizar exitosos programas televisivos, que bien le merecerían la fama, lo cierto es que es mundialmente reconocido por su increíble labor humanitaria y solidaria, dando de comer a los más necesitados cada vez que se desata una catástrofe en cualquier lugar del planeta.
Por ello ha estado nominado, en más de una ocasión, al Premio Nobel de la Paz, y es la viva imagen de lo que representa la gastronomía solidaria.
De Asturias a Estados Unidos
Aunque nació en Mieres (Asturias), yo conocí a José Andrés en Washington, justo cuando acababa de abrir dos de sus restaurantes: Atlántico y Jaleo. Recuerdo que quedé deslumbrado por su capacidad de organización, de iniciativa, y por sus condiciones de gran chef.
Atlántico me parecía que era un modelo más habitual, por entonces, y en cambio, Jaleo lo veía como una especie de elBulli en pequeño, pero realmente extraordinario y lleno de atractivos en todos los sentidos. No en vano él había estado haciendo prácticas en las cocinas de Ferran Adrià y aprendiendo sus técnicas, mientras compaginaba sus estudios en la Escuela de Restauración y Hostelería de Barcelona.
Después emigró a Estados Unidos y, a partir de ahí, fue creando restaurantes en Nueva York, en Los Ángeles y en diferentes lugares de Norte América, consolidándose como un gran referente a nivel culinario.
World Central Kitchen en las catástrofes
Pero, evidentemente, lo que le ha convertido en el personaje más popular del mundo entre los cocineros, y entre la sociedad en general, ha sido el proyecto solidario World Central Kitchen (WCK), con el que ha dado la vuelta al mundo y por el que creo que debería recibir el Premio Nobel.
Empezó en 2010 tras el terremoto de Haití, cuando el cocinero asturiano vio la necesidad de ofrecer comida a los afectados por esa gran catástrofe. A partir de ahí, con el apoyo de un fondo y de muchas empresas, se creó esta ONG, que se desplaza a aquellos lugares donde ocurren desastres naturales y crisis humanitarias, como incendios, tempestades o conflictos bélicos.
Allí se traslada José Andrés con su equipo, y busca la colaboración de personas del lugar para preparar comidas para la gente que, en esos momentos, lo que más necesita es comer.
Así ocurrió en Madrid durante la pandemia del Coronavirus cuando, con la colaboración de la cocinera Pepa Muñoz (del Qüenco de Pepa), que fue quien coordinó el esfuerzo de los diferentes chefs españoles, la WCK dio de comer a quienes más lo necesitaban.
También aterrizó en Ucrania, con motivo de la guerra con Rusia (donde estuvo cerca de caerle una bomba). Y su presencia no faltó en los incendios forestales ocurridos a principios de año en Los Ángeles; ni en Valencia, donde estuvo al lado de los damnificados por la DANA.
Cocinero, gestor y comunicador
Y todo eso sin olvidar su vertiente de cocinero y gestor hostelero. Ha creado diferentes modelos de restauración, que traslada a distintos lugares, generando empleo y riqueza.
No hace mucho, tuve la oportunidad de almorzar con él en San Laurel, en el Hotel Conrad de Los Ángeles. Probamos varios platos estupendos, donde combina los sabores españoles y mediterráneos con los norteamericanos, utilizando los productos locales más frescos. Algo que me llamó la atención es que, durante la comida, no dejó de levantarse de la mesa para explicar al personal cómo hacer y servir cada plato. Siempre está pendiente de todos los detalles en cada servicio.
El motivo de su presencia ese día en Los Ángeles era, por un lado, presentar una serie de televisión de 10 capítulos, que ha protagonizado y que se titula “Yes, Chef!”. En ella, que espero que podamos verla pronto en España, guía a varios chefs que tienen que enfrentarse a diferentes retos culinarios y personales.
Pero recomiendo, también, no perderse el episodio que Netflix le dedica dentro la exitosa serie “Chef's Table: Legends”, de la que son protagonistas los grandes cocineros del mundo. Ni tampoco la serie documental “José Andrés & Family in Spain”, grabada por el chef asturiano con sus hijas, Carlota, Inés y Lucía, en diferentes lugares de España, descubriendo lo mejor de su gastronomía.
“Change the recipe”
Y, por otro lado, ese día también estaba en la capital californiana con motivo de la presentación de su último libro titulado “Change the recipe: because you can’t build a better world without breaking some eggs” (“Cambia la receta: porque no se puede construir un mundo mejor sin romper algunos huevos), con el sello Ecco de la editorial HarperCollins.
El libro es extraordinariamente interesante, porque pone de relieve, a través de sus consejos y lecciones de vida, cómo la comida puede acercarnos más, y su convicción de que cada uno de nosotros tiene el poder de hacer del mundo un lugar mejor e, incluso, de cambiarlo. Es decir, que la comida puede contribuir a que la gente sea más feliz. Y no siempre tiene que salir bien: como sucede en las recetas y en la vida, hay que saber adaptarse con la mejor de las actitudes.
En nuestro encuentro, hablamos también del proyecto de la Academia Iberoamericana de Gastronomía titulado “Los Ángeles, escenario y altavoz de la gastronomía iberoamericana en el mundo”, que contaría con el apoyo de José Andrés.
Calidad humana
Yo he tenido la oportunidad de disfrutar de su calidad de cocinero, pero también de su calidad humana. Y de su afición y vocación (siempre que puede, se mete en la cocina y cocina).
Y no para de crear diferentes modelos, sistemas y conceptos, que le han valido, entre otros muchos reconocimientos profesionales, las dos estrellas Michelin en su restaurante Minibar en Washington, el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, la Medalla Nacional de Humanidades y la Medalla de Oro de Madrid. No me queda más que darle la enhorabuena y agradecer a José Andrés su grandísima labor como cocinero y como personalidad humanitaria.