www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

Sobre la Operación León Creciente

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 15 de junio de 2025, 19:54h

El pasado 13 de junio Israel lanzó la Operación León Creciente para neutralizar la amenaza existencial que suponen el programa nuclear iraní y los misiles balísticos e impedir una invasión terrestre de Israel.

El detonante fue la eliminación del jeque Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá. el 27 de septiembre de 2024. Esto supuso un golpe fatal para el Eje de Resistencia, el círculo de aliados dirigidos por Teherán que desde Siria, El Líbano, Gaza, el Yemen e Irak seguían rodeando Israel. La derrota de Hezbolá en El Líbano, la muerte de Yahya Sinwar y la caída del régimen de Assad rompieron el Eje. Los ataques aéreos contra los hutíes del Yemen han ido debilitándolos. Las milicias del Mahdi, en Irak, carecen por si solas del poder suficiente para amenazar Israel. Esto dejaba a la República Islámica de Irán sin el escudo que todas aquellas organizaciones le ofrecían, lo que llevó al régimen a ordenar la aceleración del programa nuclear.

La inteligencia israelí hizo el resto: la información que llegaba a Jerusalén indicaba que la República Islámica ya estaba en las fases más avanzadas del proceso de fabricación de la bomba: acumulación de uranio enriquecido al 60% suficiente para construir bombas cuando llegase al 90%, avances en el programa de detonadores y fabricación de misiles que amenazarían no sólo Israel, sino también Europa. No era, pues, cuestión de si Irán iba a disponer de armamento nuclear, sino más bien de cuándo iba a tenerlo. El régimen ha expresado en numerosas ocasiones, a lo largo de décadas, su intención de destruir el Estado de Israel. El armamento nuclear lo permitiría. Mientras tanto, el tiempo juega a favor de Irán.

A lo largo de 2024 y 2025 Israel e Irán han ido midiendo sus fuerzas mientras se esperaba el resultado de las negociaciones entre la República Islámica y los Estados Unidos. Donald Trump había dado a Irán un plazo de sesenta días para avanzar hacia un nuevo acuerdo nuclear. El plazo expiraba el 11 de junio. El día 13 comenzó la Operación León Creciente.

Dos días después la fuerza aérea israelí ha logrado la superioridad en los cielos de Irán y puede alcanzar cualquier lugar del país. Los líderes de la Guardia Revolucionaria, el Estado dentro del Estado que realmente controla el país, han sido diezmados mediante ataques contra sus domicilios. Todo parece indicar que los servicios secretos israelíes han logrado infiltrarse en distintos niveles de la seguridad iraní. La capacidad operativa que ya habían demostrado mediante eliminaciones selectivas, coches bomba y acciones de sabotaje se revela ahora mucho más amplia y profunda dentro del Estado.

La República Islámica ha respondido lanzando oleadas de misiles y drones suicidas contra ciudades israelíes. La táctica consiste en saturar la famosa Cúpula de Hierro, el sistema de protección antiaéreo israelí. Hasta ahora ha lanzado unos 170 misiles balísticos, cada uno con una carga de una tonelada de explosivos, dirigidos contra centros urbanos. También ha enviado centenares de drones suicidas. Gracias a la colaboración de aliados regionales e internacionales, muchos de esos misiles y drones han sido interceptados en vuelo -por ejemplo, sobre Jordania- y no todos han logrado impactar en ciudades israelíes. Entre los misiles utilizados están los famosos Sejjil, capaces de alcanzar objetivos a 2 500 kilómetros, y los Khorramshar y Shahab-3, ambos capaces de llegar a 2000 kilómetros. Esto supone una amenaza para Grecia y los Balcanes. Con cargas más ligeras, podrían llegar hasta Europa Central. La República Islámica de Irán ha insistido en que sus misiles no superan los 2 000 kilómetros, pero eso es una decisión política: con cargas explosivas menores podrían llegar más lejos. Además podrían portar ojivas nucleares si Irán logra desarrollarlas.

Aquí hay una cuestión relevante: el régimen de los ayatolás ha hecho de su programa nuclear y de misiles la clave de su permanencia en el poder. Hasta ahora, ha logrado dominar un descontento creciente gracias al empleo de una violencia formidable para sofocar las protestas. Podríamos recordar la Revolución Verde (2009), las protestas por la crisis económica (2017-2018), el Noviembre Sangriento (2019-2020), las protestas por el asesinato de Mahsa Amimi (2022-2023) y alzamientos regionales como el Levantamiento de los Sedientos (2021-2022) en la provincia de Juzestán. Si el régimen logra dotarse de armas nucleares, no sólo servirán para amenazar a sus vecinos, sino también para perpetuar la opresión del propio pueblo de Irán.

No resulta, pues, sorprendente que la operación israelí haya contado con la colaboración de países árabes, incluso de algunos con los que no existen relaciones diplomáticas. La situación en el interior de Irán es otra cosa. Se prodigan vídeos en las redes sociales que muestran aparentes celebraciones de los golpes que Israel inflige al régimen de los ayatolás. Conviene ser prudentes. Las incursiones israelíes no persiguen un cambio de régimen aunque puedan crear las condiciones para un alzamiento debilitando a la Guardia Revolucionaria y revelando las fallas en seguridad y defensa. Los objetivos más difíciles de alcanzar -por ejemplo, el centro de enriquecimiento de uranio de Natanz y la planta subterránea de Fordow- están bien protegidos. El régimen dispone del control del territorio y nada indica que esto vaya a cambiar. Las operaciones desde el aire no son suficientes para provocar la caída del régimen.

Sin embargo, una derrota de los ayatolás en la protección de las instalaciones y el fracaso del programa nuclear sí pueden actuar como el detonante para que las fuerzas del interior de Irán aprovechen la debilidad del régimen. Es pronto para decirlo. Este domingo Cristiane Amanpour decía que, según su información, el pueblo de Irán quería el fin de la República Islámica y que el príncipe heredero Rea Pahlavi tenía el mayor reconocimiento y apoyo dentro del país para liderar la transición post-régimen. Parece algo precipitado. Incluso si la Operación León Creciente resulta exitosa y el programa nuclear y de misiles resulta anulado, el proceso de cambio no podrá venir impuesto desde fuera de Irán, sino que será fruto de la acción del pueblo iraní. En este sentido, los antecedentes de la Guerra Fría -con el derrocamiento de Mossadegh- y el resultado de otros planes de sustitución de regímenes en la región (Irak, Afganistán) deberían mover a la prudencia.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios