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ORIENT EXPRESS

Esta traición cumple 80 años

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 06 de julio de 2025, 18:20h

Hace 80 años que los aliados occidentales abandonaron a Polonia y la traicionaron. Sucedió, como suelen ocurrir estas cosas, con un documento: el Reino Unido y los Estados Unidos de América retiraron el reconocimiento al gobierno polaco en el exilio, que llevaba combatiendo contra Alemania y sus aliados desde 1939, y pasaron a reconocer como autoridad al Gobierno Provisional de Unidad Nacional, que era como se denominaba al régimen títere que los soviéticos habían impuesto en Lublin.

Esta traición diplomática fue una de las consecuencias de la conferencia de Yalta que, en febrero de 1945, había perfilado las fronteras de la Polonia posterior a la guerra. Derrotada Alemania, se impondría en Europa un nuevo orden pactado por los aliados occidentales y la URSS sin participación de los gobiernos en el exilio ni de los pueblos que habían sufrido la ocupación alemana y, entre 1939 y 1941, también la soviética como era el caso de Polonia y de los países bálticos.

En honor a la verdad, durante las sesiones plenarias de la conferencia de Yalta, Churchill intentó salvar al gobierno polaco en el exilio y Roosevelt -ya muy enfermo- advirtió de las presiones de los polaco-estadounidenses para mantener el apoyo a las autoridades polacas en Londres, pero Stalin pudo torcerles la voluntad a los dos con un vago compromiso de que el gobierno provisional permitiría elecciones libres mediante sufragio universal y secreto y con una hipotética reordenación del Comité Polaco de Liberación Nacional, que era el gobierno provisional establecido por los soviéticos en 1944 en la Polonia bajo su control. El compromiso era integrar en él a representantes del gobierno polaco en el exilio londinense.

En junio de 1945 se mantuvieron conversaciones en Moscú sobre la reordenación del gobierno provisional polaco. En realidad, los soviéticos integraron a algunos políticos polacos provenientes del exilio londinense -por ejemplo, Stanisław Mikołajczyk (1901-1966) líder del Partido de los Campesinos y exprimer ministro del gobierno en el exilio- pero sin ninguna influencia ni peso político. Era más bien una maniobra cosmética que un verdadero reparto del poder político. Los comunistas controlaban los puestos clave: Edward Osóbka-Morawski (1909-1997) sería el primer ministro, Władysław Gomułka (1905-1982) se desempeñaría como viceprimer ministro y ministro de Territorios Recuperados y Stanisław Radkiewicz (1903-1987) ocuparía el cargo de ministro de Seguridad Pública. En ese gobierno provisional, los políticos provenientes del exilio apenas tendrían influencia y carecerían de poder.

Ese fue el contexto de la traición de hace 80 años: el Reino Unido y los Estados Unidos prefirieron reconocer a un gobierno provisional cosmético que mantener el apoyo a los que venían luchando por Polonia desde 1939. Es difícil creer que solo fuese ingenuidad. Seguramente se impuso un sentido equivocado del realismo: había que entenderse con Stalin en muchas materias -por lo pronto, el destino de Alemania- y Polonia podía convertirse en una piedra en el zapato para el entendimiento entre los tres poderes. Sin embargo, tal vez fue un error. Como advertiría después Churchill, Stalin sólo respetaba el poder -en especial, el poder militar- y esas concesiones revelaban debilidad y falta de voluntad. Entre febrero de 1945 -Yalta- y agosto de ese año -Potsdam- el destino de Europa Central y Oriental quedó sellado.

Por supuesto, ninguna de esas decisiones tenía respaldo alguno en la Constitución polaca ni en el resto del ordenamiento jurídico del país. Era como si toda la arquitectura institucional de la República de Polonia se hubiese declarado abolida y se estuviese reemplazando por otra nueva a partir del orden comunista. Se trataba, pues, de una decisión inaceptable para el gobierno polaco en el exilio.

En los archivos del Instituto Polaco y Museo Sikorski se conserva un documento que da prueba de la dignidad de aquel gobierno en el exilio traicionado por sus aliados: se trata de la«Nota de protesta del gobierno polaco al Foreign Office británico relativo al reconocimiento del Gobierno Provisional de Unidad Nacional». Está fechado el 6 de julio de 1945 y lo firma el embajador Edward Raczyński (1891-1993):«siguiendo instrucciones de mi gobierno protesto solemnemente contra el reconocimiento por el gobierno británico de un gobierno impuesto en Polonia por la fuerza por un poder extranjero, que equivale al reconocimiento de la supresión de la independencia de Polonia».

Un poco antes, el documento describe la situación de Polonia:«Los territorios de la república polaca permanecen bajo ocupación militar extranjera y bajo el despiadado control de fuerzas policiales y militares extranjeras. Los hechos consumados que han tenido lugar en Polonia desde el estallido de la guerra no han sido resultado del deseo del pueblo polaco expresado ni por medios constitucionales ni por medios revolucionarios. La guerra que comenzó en defensa de la integridad e independencia de Polonia terminó privándola de esa independencia y el sometimiento del país al control de una potencia ajena. [...] La persecución que miles de polacos están sufriendo hoy en Polonia y que aflige con particular severidad a todos aquellos ciudadanos de la República que han mostrado activamente su entrega a la causa de la libertad y la independencia mediante la implacable lucha contra el invasor alemán demuestra más allá de toda duda que el llamado Gobierno Provisional de Unidad Nacional de ningún modo representa el deseo de la nación, sino que constituye un cuerpo sumiso impuesto a Polonia por la fuerza desde el exterior».

Es un documento de una aterradora lucidez y de una dignidad conmovedora. En él se anticipa la oscuridad de más de cuarenta años de dominio comunista y el sometimiento de la nación a los designios de la URSS. No cabe argumentar, pues, que el Reino Unido y los Estados Unidos ignorasen lo que sobrevendría a Polonia. Sí cabe, en cambio, recordar el pasado y aprender sus lecciones: no se podía transigir con una tiranía como la soviética, no había que confiar en sus promesas ni dar crédito a sus palabras. No se debía abandonar, en fin, a quienes lucharon por la independencia y la libertad de su patria.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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