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ORIENT EXPRESS

La Revolución húngara de 1848 y nuestro tiempo

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 15 de marzo de 2026, 19:36h

Hace 178 años los húngaros se alzaron el armas contra el dominio austriaco. Así comenzó la Revolución Húngara de 1848-1849. Durante un año y medio lucharon como leones. Algunos de sus líderes, como el gran poeta Sándor Petőfi cayeron en combate. En 1849, ya hacia el final de la guerra, 200 húngaros sículos y tropas regulares mantuvieron a raya, en Nyergestető. entre las angosturas de los pasos montañosos de Transilvania, a un ejército ruso de más de 200 000 hombres que acudía en auxilio del emperador de Austria. El valor de aquellos patriotas húngaros asombró incluso a sus enemigos y admiró a toda Europa. Si dirá que fueron derrotados, pero no es cierto: al final, los húngaros lograron que prevaleciese el derecho y que el derecho y las instituciones húngaras se reconociesen. Así nació la Monarquía Dual, de la que hablaremos otro día porque hoy estamos de fiesta en memoria de los patriotas de 1848.

En estos días, cuando ya se acercan las elecciones parlamentarias en Hungría, previstas para el próximo 12 de abril, se ha producido un cruce epistolar entre Viktor Yushchenko, expresidente de Ucrania, y Viktor Orbán, primer ministro húngaro.

Yuschenko llevó la iniciativa el pasado 13 de marzo en una carta abierta donde dirigía un reproche muy duro a Orbán y trataba de presionarlo para que Hungría se una a los esfuerzos bélicos de Ucrania contra Rusia:

«Ucrania está hoy sufriendo por esos mismos valores que una vez debatimos en la mesa de negociaciones. No solo defendemos nuestra propia tierra, sino también la paz de tu país y de toda Europa. La política no se reduce a cifras, beneficios o gas. Por encima de todo, se trata de valores. Cuando eliges el bando del agresor, no solo traicionas a Ucrania, sino que traicionas la memoria de tu propio pueblo, que sabe cómo son los tanques soviéticos en las calles de Budapest. Viktor, detente y recuerda quién fuiste una vez. La historia es un juez implacable. No perdona a quienes guardan silencio o ayudan al mal en tiempos de grandes pruebas. No es demasiado tarde para volver a la luz, a la verdadera hermandad europea, donde el honor importa más que los acuerdos políticos cuestionables».

Los dos políticos se conocen desde hace más de treinta años de modo que las palabras de Yuschenko suponían un golpe que Orbán no podía dejar sin respuesta. Al día siguiente se difundió la respuesta de Orbán, también en forma de carta abierta:

«Querido Viktor, viejo amigo mío: Los húngaros hemos sido siempre, a lo largo de nuestros mil años de historia, un pueblo de luchadores contra la opresión, y así seguiremos siendo. Somos el pueblo que luchó sin miedo por su libertad contra los ejércitos otomanos, las tropas de los Habsburgo, la Wehrmacht del Tercer Reich y el Ejército Rojo de la Unión Soviética, en el que en su día sirvieron los hijos de muchos pueblos. Hoy seguimos con esta tradición». Orbán se sitúa, pues, en la línea histórica de los defensores de la libertad de Hungría y del resto de Europa frente a los opresores internos y externos.

Hay en la carta de Orbán una reivindicación de los esfuerzos húngaros por asistir a la población civil ucraniana, verdadera víctima de esta guerra, sin pedir reciprocidad a Ucrania respecto de la minoría húngara de Transcarpatia: «[...] cuando estalló la guerra, acogimos a sus refugiados. Les dimos refugio, comida y seguridad. Ordené la puesta en marcha de escuelas en lengua ucraniana para sus hijos, algo que ustedes niegan a los húngaros de Transcarpatia. Es una pena que hoy en día los derechos de la minoría nacional húngara en Ucrania sean más limitados de lo que eran en los viejos y malos tiempos».

La defensa de la libertad y la independencia de Ucrania a la hora de tomar partido en la guerra -y en particular, de oponerse a intervenir militarmente de forma directa o indirecta- parte de la afirmación de la soberanía húngara: «Doy gracias a Dios porque el país con el que ahora estáis en guerra no es enemigo de Hungría ni del pueblo húngaro, y no tenemos intención de cambiar eso. Seguimos deseando seguir siendo vuestros amigos, pero no participaremos en vuestra guerra. Por lo tanto, os pido que aceptéis que no enviaremos ni dinero, ni armas, ni soldados a vuestra guerra. Deseo que vuestra guerra fratricida no termine con el debilitamiento fatal del Estado ucraniano, y que podamos volver al antiguo espíritu de amistad entre Ucrania y Hungría». En vísperas de la conmemoración de la Revolución de 1848-1849, que luchó por la libertad de Hungría, estas palabras resuenan con especial fuerza: los húngaros seguirán tomando sus propias decisiones y exigiendo respeto.

Creo que los revolucionarios de 1848 hubiesen aplaudido esta defensa de la libertad de Hungría.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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