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Novela

Tanizaki Junichirō: Crónica de una cocina

lunes 15 de junio de 2026, 02:08h
Tanizaki Junichir: Crónica de una cocina

Traducción de Ana Megumi Pías Suzuki. Prólogo de Patricia Hiramatsu. Satori. Gijón, 2026. 463 páginas. 29,50 €.

Por David Almazán Tomás

La editorial asturiana Satori, gracias a su colección “Maestros de la Literatura Japonesa”, se ha convertido en el sello de referencia para disfrutar de las novelas de los grandes escritores nipones, con traducciones directas del japonés. El número 67 de esta colección es Crónica de una cocina de Tanizaki, autor bien conocido por el público general por su exquisito ensayo El elogio de la sombra, también publicado por Satori. La editorial parece interesada en presentar los grandes títulos de este destacado escritor y, en la citada colección, podemos encontrar Hay quien prefiere las ortigas, La vida enmascarada del señor de Musashi, La historia de un ciego, La gata, Shozo y sus dos mujeres, Sobre Shunkin, Blanco y negro, El muchacho, La llave, así como algunos libros de relatos como Cuatro casos criminales y El demonio y otros cuentos.

Si bien no es su novela más conocida, Crónica de una cocina es una obra muy interesante para conocer a Tanizaki, pues es una obra de madurez, la última que publicó, que tiene mucho de memorias personales, no tanto en su dimensión pública, sino en sus recuerdos domésticos.

Tanizaki Junichirō nació en una familia acomodada de Tokio en 1886, en plena era Meiji (1868-1912) que supuso el proceso de occidentalización de Japón, y también de su literatura. Sus primeras obras, en la era Taisho (1912-1926) están impregnadas del cosmopolitismo de su tiempo hasta el año 1923, cuando un gran terremoto destruyó Tokio y Tanizaki se trasladó a la región de Kansai. Se produjo entonces un giro tradicionalista de su obra, que comenzó a inspirarse en la historia nacional del país.

Durante los años del militarismo y la Segunda Guerra Mundial, Tanizaki se refugió en adaptar al japonés moderno el Genji Monogatari, la gran novela clásica de Murasaki Shikibu. En 1945 cumplió 60 años, una cifra que en Asia oriental se considera una vida plena, pues uno ha logrado vivir los 12 años del zodiaco chino (rata, buey, tigre, conejo, drágón, etc.) en cada uno de los cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua). Su gran reconocimiento como referente de las letras niponas llegó después de la guerra, cuando recibió grandes premios y honores. A medida que pasaba el tiempo, la salud de Tanizaki se deterioraba, pero continuaba dictando sus textos hasta su muerte en 1965. Cuando se publicó Crónica de una cocina contaba con 77 años.

En el magnífico prólogo a la novela, Patricia Hiramatsu ofrece algunas interesantes claves para analizar esta novela como una recreación de los recuerdos del propio Tanizaki con las criadas que había tenida en sus casas durante décadas, en los tiempos de antaño, en los que las familias de buena posición podían tener en sus residencias varias criadas que trabajaban en un entorno muy familiar. Eran tiempos anteriores al “milagro económico” del desarrollismo de los años sesenta, donde ya no había criadas a la vieja usanza, sino empleadas de hogar.

Las criadas de entonces llegaban de lejanas provincias sin casi estudios y con buena disposición a servir. En los sesenta, llamar criada, chacha o muchacha al servicio doméstico resultaba clasista y políticamente incorrecto, pero Tanizaki se refiere así al grupo de muchachas que, con afecto, formaron parte de su casa y de su vida familiar, siempre con una actitud de paternal respeto hacia ellas.

Crónica de una cocina se titula originalmente Daidokoro Taiheiki. El primer término significa simplemente cocina, que es el territorio por antonomasia de las criadas. Taiheiki, “Crónica de la Gran Pacificación”, sin embargo, es un término que aparece en las crónicas medievales de grandes batallas. La combinación de ambos términos crea un curioso contraste en japonés, que se pierde en español, de mezclar lo épico con lo doméstico. Para mantener la privacidad y el honor de las protagonistas, Tanizaki cambia el nombre de todos los personajes.

Él mismo es en la novela un escritor llamado Raikichi. Con el hilo argumental de las mudanzas del escritor y las sirvientas que vienen y van a lo largo de su vida, Tanizaki ofrece un mosaico de tipos femeninos construidos desde la observación paciente y cercana en el seno del hogar. Noviazgos, celos, lesbianismo… lo sexual, como siempre en la obra de Tanizaki, está latente, pero no domina el discurso, marcado, sobre todo, por la nostalgia.

Crónica de una cocina tiene un gran sentido narrativo y una gran capacidad para la descripción costumbrista. Por ello elogiamos la traducción de Ana Megumi Pías Suzuki, quien, con las notas necesarias y con acertadas soluciones, ha conseguido que los lectores podamos seguir la toponimia, la gastronomía, las vestimentas y las tradiciones que aparecen en la novela. Con esta obra final, el maestro Tanizaki salió por la puerta grande de la literatura nipona, abriendo a los lectores la puerta de la cocina de su casa, llena de vida y de historias.

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