Natural de Medina de Rioseco (Valladolid), el cardenal arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, encabeza la diócesis desde 1982. Durante más de un cuarto de siglo, Amigo se ha ganado el cariño y el respeto de numerosos sectores de la sociedad hispalense. A punto de cumplir los 75, sigue teniendo las ideas claras y confiando en las posibilidades que ofrece la sociedad en la que vivimos.
Estamos viviendo una nueva Semana Santa. ¿Cree que se ha perdido el verdadero sentido de esta celebración por el exceso de manifestación artística?Esto lo estoy oyendo desde que era niño. Si lo está perdiendo, tenemos que hacer todo lo posible por que recobre el auténtico sentido. En este aspecto –yo hablo desde Sevilla- tanto las hermandades y cofradías, que son protagonistas principales, como las parroquias, los grupos cristianos, etc. todos estamos trabajando, no solamente para que no se pierda el sentido religioso, sino para que cada vez sea más claro y consciente. Si salimos a la calle es porque tenemos fe y queremos ofrecer, sin imponerlo a nadie, aquello que tenemos.
Algunas hermandades se han manifestado en contra de la Ley del aborto. La ministra de Igualdad ha dicho que no le parece bien que las Cofradías opinen sobre este asunto. ¿Comparte su opinión de que no hay que mezclar religión y política?Con frecuencia, se acusa a la Iglesia de meterse en política, cuando en realidad de lo que todos se debían extrañar es de que los católicos no ejercieran su responsabilidad de interesarse por los asuntos públicos. La política es el interés por el bien común y, desde luego, nadie puede eximirse de participar en él, cada uno en la forma y modo en que Dios quiere que lo haga. Nunca un cristiano podría ser buen cristiano si no es también buen ciudadano, como decía muchas veces San Juan Bosco. Por tanto, no solamente no es ninguna injerencia sino que es una obligación de todo ciudadano, sea católico o no sea católico, interesarse por aquellos asuntos que afectan al bien común. En este caso, naturalmente, con todo el derecho del mundo, los cofrades católicos tienen la obligación de hacer oír su voz en este tema.
Hasta medio millón de personas se manifestaron en Madrid a favor de la vida. ¿Cree que España necesita la reforma de la Ley del aborto que está promoviendo el Gobierno?La vida humana, desde su concepción hasta la muerte, no es negociable, es decir, que el aborto es un crimen abominable y, desde luego, no se puede hacer ninguna concesión a este derecho.
La campaña de la Iglesia que emplea la imagen del lince junto a la de un bebé parece que ha vuelto a tensar las relaciones con el Gobierno. ¿Piensa que el Ejecutivo puede tomar represalias en el futuro?En primer lugar, esta campaña va en favor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte y, por tanto, no va en contra de nadie, sino que, decididamente, es una campaña positiva de ayuda, de protección a la vida humana. Un Gobierno, del color que fuera, debía aceptar que públicamente se criticaran sus decisiones, porque eso puede ser un estímulo para hacer las cosas mejor. Es decir, que la opinión de los ciudadanos no debe molestar, sino ayudar a conocer su opinión. Si no, sería un Gobierno ciego y sordo.
El Gobierno está dispuesto a seguir financiando más bebés medicamento como el de Sevilla. ¿Cómo valora la Iglesia el hecho de concebir una vida, descartando otros embriones, para salvar o curar a un enfermo?Lo primero que tengo que decir es que no me gusta nada la expresión “bebé medicamento”. Me parece una expresión que no es acertada. Por supuesto que todos estamos a favor de la curación de las enfermedades, a favor de la calidad de vida y, desde luego, la Ciencia tiene que investigar y seguir investigando para que se puedan curar las enfermedades sin tener que recurrir a procedimientos que pueden estar bajo el prisma ético.
La muerte de Eluana Englaro el 9 de febrero de 2009 después de que se le retirase la alimentación reabrió el debate sobre la eutanasia. ¿Cree que la vida humana está desprotegida a pesar de las garantías del Estado del Bienestar?Antes que nada debo repetir lo que venimos diciendo, que la vida humana es innegociable desde su concepción hasta la muerte. Otra cosa son estas situaciones especiales en las que la Iglesia ha hablado con mucha claridad sobre la no utilización de medios extraordinarios y que no tienen ningún fin. En estos casos, la espectacularidad resta tranquilidad para reflexionar sobre lo que puede hacerse, que es buscar todos los medios de ayuda a esa persona, cuidados paliativos, etc.
En el plano educativo, hay quien defiende la eliminación de la asignatura de Religión amparándose en que no se debe adoctrinar en las aulas, un argumento que también se utiliza en contra de Educación para la Ciudadanía. ¿Considera que el Gobierno quiere eliminar la doctrina de la Iglesia en los centros educativos para imponer la suya propia?Pongan ustedes Educación para la Ciudadanía pero opcional, porque a nadie se le obliga a cursar Religión en la escuela. Son los padres o los alumnos los que, libremente, eligen tener esta formación completa e integral. Y otra cosa es que, quieras o no quieras, tengas que pasar por unas ideas. Una cosa es la Educación para la Ciudadanía y otra cosa es la ideologización para la ciudadanía. Los ciudadanos tienen que ser educados en los principios constitucionales, la forma de vivir, la relación con nuestra cultura, nuestros hábitos de comportamiento… Todo esto es lógico y es necesario, pero otra cosa es aprovechar la escuela para una campaña ideológica. Esto no es aceptable.
¿Cree usted que la sociedad está perdiendo sus referentes?Yo creo que no. La sociedad no ha perdido su sensibilidad, no ha perdido sus referentes. Lo que sí está perdiendo es el interés por vivirlos con responsabilidad. No es que no se sepa lo que hay que hacer, es que se busca el camino fácil de olvidarse de todo aquello que responsabiliza a una conducta coherente con las ideas morales, las ideas familiares, las ideas religiosas que se tengan. No es que se haya perdido en general el sentido del bien y del mal. Muchas personas lo habrán perdido, pero la sociedad en general, no. Lo que ocurre es que hay una gran incoherencia entre aquello que se piensa o se cree y aquello que se vive.
El modelo de familia está cambiando mucho en los últimos tiempos. ¿Considera que puede ser uno de los referentes que se le tambalea a la sociedad del siglo XXI?Sin duda alguna. La familia es un fundamento de la sociedad, de la misma vida. Todos alabamos a la familia, queremos proteger a la familia, decimos una y otra vez que, cuando el barco se hunde, el último mástil que queda asomando es la familia, donde uno puede todavía asirse… Y somos de una incoherencia increíble. La familia es la que tiene mayores dificultades desde el punto de vista económico, social, educativo… Desde luego, en todo lo que sea ayudar a la familia siempre nos quedaremos cortos porque es, sin duda alguna, el fundamento de la felicidad de la persona.
Al Papa le han llovido críticas por no defender el uso del preservativo en su visita a África, uno de los continentes más castigados por el sida. ¿Se ha quedado atrás la Iglesia en este asunto?No, las que se han quedado atrás son las personas que, sin leer o sin escuchar lo que ha dicho el Papa exactamente, ponen al Santo Padre en la picota por titulares de algún medio interesado. Benedicto XVI, en ese encuentro con los periodistas en el viaje a África, dijo que la utilización del preservativo no era el remedio para el sida, porque esta enfermedad tiene unas causas mucho más graves.
La crisis económica está haciendo mella a todos los niveles. ¿En qué medida está afectando a la Iglesia católica? ¿Se ha registrado un incremento de personas que demandan su ayuda?La crisis económica está causando a la Iglesia, como es lógico, los mismos problemas que al resto. Nuestra debilísima economía claro que sufre, igual que todos. Pero desde el punto de vista de la ayuda, indiscutiblemente, la Iglesia está respondiendo de una manera ejemplar. Son muchas más las demandas que llegan de personas a las que hay que ayudar para poder alimentarse todos los días, personas que han quedado en un desamparo enorme… y la Iglesia, a través de sus instituciones, particularmente de Cáritas, está respondiendo de forma generosísima. Es verdad que han aumentado increíblemente las peticiones de ayuda, pero llegan también más donativos para atender las necesidades.
¿Qué mensaje tiene la Iglesia para las personas que están sufriendo la crisis, por ejemplo, con la pérdida de su empleo?A una persona que está en esta situación las palabras que le pueda decir le ayudan muy poco. Aún así, por una parte, les diría que confíen en Dios y que confíen también en la sociedad a pesar de todos los pesares. Y que nunca dejen que sus brazos se caigan y su corazón claudique. Que sigan confiando en Dios pero que también, a pesar de tantas cosas, se siga confiando en las personas.