Deporte vs redes sociales: una relación de amor y odio
sábado 29 de enero de 2011, 18:21h
La tecnología digital ha permitido el desarrollo de plataformas como Facebook o Twitter, que se han convertido en herramientas de expresión básicas de miles de personas. Sin embargo, en el ámbito deportivo, ha adquirido una dimensión particular. Futbolistas, jugadores de baloncesto o atletas utilizan las redes sociales ante el temor y la vigilancia de sus clubes. Las salidas de tono a través de Internet de algunos deportistas han provocado censuras temporales y fuertes sanciones económicas. A pesar del uso correcto que la mayoría de los profesionales hacen de las redes sociales, la práctica no está exenta de polémica.
La práctica deportiva de élite ha gozado de un halo de prestigio que situaba a los profesionales más exitosos en una posición de cierta inaccesibilidad. La protección de la vida privada siempre ha constituido uno de los objetivos primordiales de representantes y clubes. Las directivas y los entrenadores han tratado de blindar al máximo el vestuario de su equipo. Las declaraciones fuera de tono en la prensa y las filtraciones han representado la sentencia definitiva a su autor. El romanticismo que emanaba de la unidad de un grupo de deportistas que lavaban los trapos sucios de puertas para dentro del vestuario era básica en la concepción de una entidad deportiva.
Sin embargo, con la llegada de las redes sociales a la sociedad globalizada, la rigidez de estas concepciones se han flexibilizado ciertamente. En la actualidad, miles de deportistas de primer nivel cuentan con un perfil en Facebook o Twitter y disponen de las herramientas necesarias para expresar sus reflexiones acerca del rendimiento del equipo o para mostrar su último reloj adquirido. La libertad y comunicación absoluta que otorgan a sus usuarios no excluye a los profesionales del fútbol, baloncesto, natación o atletismo. El problema radica en la violación del misticismo del vestuario, por el que velan todavía los clubes y entrenadores. Para este colectivo, las redes sociales son un hándicap más a su trabajo.
La libertad de expresar cualquier tipo de pensamiento en las redes sociales ha jugado ya malas pasadas a algunos deportistas de élite. En el mundo del fútbol todavía suenan ecos de la sanción que sufrió el jugador holandés del Liverpool Ryan Babel. El compañero de Fernando Torres se quejó del mal arbitraje que realizó Howard Webb a su equipo en el encuentro de Copa ante el Manchester United (perdieron 1-0 con un penalti inexistente). Al llegar a casa, el jugador abrió su perfil de Twitter y escribió: “¿Y se dice que es una de los mejores árbitros?¡Es una broma!” Además, añadió un fotomontaje en el que se mostraba al colegiado ataviado con la camiseta de los diablos rojos. Ante el estupor de unos y el regocijo de otros, la Federación Inglesa de Fútbol decidió imponer una sanción al holandés de 16.000 dólares.
Este es el último caso de relevancia en el balompié, pero se han producido algunos más de interés. La temporada pasada, el Real Madrid fichó a Kaká como uno de los núcleos de su proyecto ganador. Sin embargo, lesiones y baja forma alejaban al brasileño de la regularidad y titularidad de la que gozó a principio de temporada. Ante la pérdida de protagonismo en el equipo, Caroline Celico –su esposa- atacó al entrenador chileno, llamándole “cobarde” por cambiar siempre a su marido. El mensaje fue enviado desde su perfil en Twister mientras el Real Madrid estaba cayendo eliminado de la Champions League por el Lyon. Tras el encuentro, Kaká se encontró con la noticia y declaró: “Voy a cancelar el twitter de mi mujer, no quisiera representar ningún problema para el club. Cuando ese mensaje fue enviado yo estaba en el campo”. Nuevamente, una red social hacía estragos en la unidad de un club deportivo.
En el Mundial de Sudáfrica, España llegaba como una de las principales favoritas para obtener el entorchado. Pero ese papel podía desestabilizar a los jugadores nacionales y, por ello, Fernando Hierro y Vicente del Bosque decidieron limitar al máximo las distracciones de sus jugadores: Twitter y Facebook quedaron prohibidos durante la concentración. El resultado, campeones del mundo. Sin embargo, en otro combinado nacional exitoso en el campeonato sudafricano, Uruguay, la situación fue diametralmente opuesta. Diego Forlán se erigió en portavoz del equipo a través de su perfil en Twitter. El mejor jugador del torneo explicó que quería "compartir mis experiencias en el Mundial como si fuera un aficionado y como me gustaría que me lo contaran". En su cuenta, Forlán publicó fotografías de sus compañeros y entrenadores en la concentración, mostrando el buen ambiente reinante en la concentración de su equipo.
La violación más agresiva de la privacidad de una concentración de un club de fñutbol se produjo la semana pasada. Con Ronaldo y Roberto Carlos como protagonistas, varios jugadores del Corinthians desvelaban las intimidades de su equipo a través de un vídeo grabado con la cámara de un ordenador. En ellas, los exjugadores del Real Madrid se grababan mientras comentaban sobre la cama los entresijos de su equipo. La grabación antes del partido de Copa Libertadores ante el Tolima se ha hecho pública, y muestra una vez más el cambio producido en la idiosincrasia de los clubes con la llegada de las redes sociales.
La medida más curiosa contra el mal uso de las nuevas tecnologías comunicativas ha sido impuesta por el entrenador del Portsmouth inglés. Tras la sanción a Ryan Babel, el técnico Steve Cotterril tomó la decisión de prohibir el uso a sus jugadores. “Les he dicho a los muchachos que no deben escribir nada de lo que pasa en el Portsmouth ni en Facebook ni en Twitter. Y si lo hacen, ya saben que tendrán que pagar 1.000 libras por palabra". El entrenador británico concluyó que " si pasaran menos tiempo delante de un ordenador y más jugando a fútbol, seríamos mejor equipo”.
Fuera del ámbito balompédico encontramos el universo NBA. La liga norteamericana ha vivido una serie de flirteos peligrosos con las redes sociales. Ante el desmadre desencadenado, la liga decidió prohibir el uso de estas redes a los jugadores que forman parte de la competición norteamericana a finales de 2009. La directiva organizadora del campeonato decidió vetar, de manera tajante, el uso de móviles y dispositivos portátiles durante el desarrollo de los partidos, para erradicar una costumbre habitual entre las estrellas de la NBA: lanzar improperios durante los descansos sobre los oponentes o incluso los árbitros.
Sin embargo, el torrente de tweets curiosos relacionados con los profesionales del baloncesto estadounidense es inagotable. Algunos de las sanciones más destacadas a nivel profesional se han producido en el seno de la NBA. Por ejemplo, el presidente de los Dallas Mavericks, Mark Cuban , fue sancionado tras comentar de manera ofensiva la actuación de un colegiado con 25.000 dólares. Incluso durante un partido se han publicado comentarios que han dado lugar a sanción. Charlie Villanueva, jugador de loa Milwaukee Bucks explicó en el descanso de un encuentro que estaba disputando que su contrato ya estaba establecido antes de la fecha que establece la liga. Aunque el caso más dramático vivido por un jugador de baloncesto en el uso del Twister no es propiamente NBA sino español. Anthony Giddens jugaba en el Power Electronics Valencia cuando se le ocurrió publicar fotos de los desayunos que realizaba. El resultado fue el despido inmediato. El club explicó que el jugador estaba en baja forma por la falta de entrenamientos. Sin embargo, la peculiar idea de divulgar sus copiosos desayunos parece haber sido el desencadenante.
La NFL, asociación organizadora de la competición de fútbol americano estadounidense también decidió prohibir el uso de redes sociales durante los encuentros. Incluso tomaron la directriz de vetar el uso de móviles. La víctima más destacada de esta nueva ley fue el receptor Chad Orinoco. El jugador de los Bengals tuvo que pagar 25.000 dólares por dos motivos: poseer un móvil durante la disputa de un partido de pretemporada y realizar un tweet a lo largo de desarrollo del mismo encuentro. Ningún deporte queda al margen de las redes sociales y el flujo de información descontrolada que los profesionales emiten.