Con su interpretación en la ópera Tosca de Nuria Espert, el tenor tinerfeño Jorge de León se ha convertido en el gran atractivo del final de la presente temporada en el Teatro Real. Antiguo agente de Policía en la localidad de Adeje. De León es ya una de las grandes promesas del panorama operístico internacional.
El regreso al Teatro Real de Jorge de León ha sido el ingrediente sorpresa, y fuerte, del final de una temporada que ha estado marcada por la llegada de las propuestas de un director tan polémico como Gerard Mortier, dispuesto a hacer del coliseo madrileño un centro de referencia de la ópera a nivel internacional, apartándose para ello de las programaciones más clásicas. La primera vez que el tenor tinerfeño se subió al escenario del teatro de la Plaza de Oriente hace año y medio, los vientos que soplaban eran bien distintos, pero el público supo enseguida reconocer en él a un gran artista y la expectación por su inesperada aparición en la Tosca de Nuria Espert, en sustitución de Marcello Giordani, ha hecho que muchos de los que dieron por terminada la temporada después de San Francisco de Asís hayan acudido a la reposición de la producción de la ópera de Puccini que ya se pudo ver en la capital en 2004.
Jorge de León valía el esfuerzo de no dejarse llevar todavía por los calores del verano. Por una parte, el recuerdo de su Andrea Chenier, también en sustitución inesperada del tenor protagonista, Marcelo Álvarez, estaba aún muy presente, y en una época en la que no abundan las voces tenoriles de tan grande intensidad y proyección, hay que aprovechar cuando se presenta la ocasión. Por otra, el público de la capital, que considera suyo al menos un poquito al tenor de La Laguna, quería comprobar cómo había evolucionado De León en este último año y medio transcurrido desde su “descubrimiento” en el Real.

Todos han visto colmados sus deseos. Jorge de León ha elevado una Tosca que parecía simplemente el último tramo de la temporada, algo así como una despedida obligada de Puccini tras la llegada de Mortier, y con su pasión ha hecho que los bravos suenen muy alto y que el público se levante para aplaudir a un artista para quien la música lo es todo. Así lo confesaba esta tarde a El Imparcial justo antes de meterse mañana por última vez en la piel de un fantástico Cavaradossi y volver a su casa de Tenerife, donde le encontró el Real cuando acababa de llegar de Bari y le hizo renunciar a unas merecidas vacaciones. Sin embargo, él lo tiene claro. Sabe que las oportunidades están para aprovecharlas y que el riesgo que tomó cuando hace seis años pidió la excedencia de su trabajo como policía en la localidad de Adeje para volcarse en la música, conlleva sacrificios, mucho trabajo y también inesperados giros del destino.
De modo que cuando a principios de 2010, el público del Real empezó a preguntarse quién era aquel tenor que había sacudido el teatro con su poderosa voz y su gran capacidad escénica, Jorge de León ya llevaba mucho tiempo trabajando en su sueño. Había debutado en el Teatro de la Zarzuela con “La Bruja” en 2003 y seguía alternando sus clases, sus audiciones y sus turnos laborales, y hasta contaba ya con prestigiosos galardones como el Gayarre o el de Mejor Tenor José Carreras.
Apasionado, la luz de sus ojos cuando habla de su profesión deja pocas dudas de que si la Tosca del segundo reparto que se ha visto durante este mes de julio en Madrid es muy distinta a la del primer reparto, esto se debe a su inmensa capacidad para transmitir. “Cuando sales al escenario, te olvidas. No tienes tiempo de pensar en nada”, declara cuando se le pregunta qué se siente en ese instante mágico que precede al momento de ponerse a cantar, llenando con su interpretación todos los rincones del teatro. “Cuando logras tener el control del momento, simplemente sientes que es tuyo, que ahora el público va a escucharte”. Mucho más difícil de explicar, nos dice, es la sensación que le recorre cuando el teatro rompe en aplausos, esos aplausos sentidos y acompañados de bravos que salen de las almas que acaba de conmover hasta lo más profundo y que se han escuchado todas las noches que el tenor ha amado a Tosca en Madrid.

Porque se trata de eso, cuenta, de transmitir al público lo que se está viviendo encima del escenario. En realidad, algo muy parecido a su trabajo de policía, siempre en contacto con la gente. Entonces con los habitantes y turistas de una población a más de 100 kilómetros de su ciudad natal, de quienes se ganó el cariño, y ahora a los aficionados de los teatros en los que actúa. Tampoco hay tanta diferencia en relación a los compañeros, asegura. Estos últimos años ha seguido viendo a sus compañeros policías, orgullosos de la trayectoria del tenor, quienes le facilitaban en lo posible el cambio de turnos para que pudiera compaginar sus dos profesiones, y ahora se siente igual de bien con los artistas de un gremio que, en realidad, afirma que no es muy grande y en el que ha encontrado afecto y ayuda, como en el caso de su actual compañera de escena, la soprano Sondra Radvanovsky, que llevaba días ensayando cuando su compañero vino desde Tenerife para subirse al escenario al día siguiente, sin tiempo para ensayos de ningún tipo.
“Sigo soñando y los sueños se siguen consolidando”, dice cuando se le pregunta cómo le gustaría verse dentro de veinte años. “No me pongo puertas o murallas, yo lo que quiero es vivir. Vivo el momento y me enamoro de cada obra, acepto el reto que me propone el autor”, asegura, a la vez que confiesa tener completa la agenda para el próximo año, con citas tan importantes como el debut en La Scala de Milán con diez funciones de Aída, dirigido por Omer Wellber, el próximo mes de febrero. Tampoco quedan ya demasiadas fechas para completar la de la siguiente temporada y su nombre en Italia ya es muy conocido después de cantar en teatros como el San Carlo de Nápoles o la prestigiosa Arena de Verona.
Pero tiene que haber tiempo para todo y después de clausurar mañana la temporada del Real, volverá con su familia a Tenerife. Septiembre está a la vuelta de la esquina y para entonces ya le estarán esperando en Palermo. Zubin Mehta, igual que las otras grandes batutas con las que ya ha trabajado, ha empezado a contar con él, y el maestro hindú ha dicho de Jorge de León que es un cantante excelente, con gran porvenir, así es que en Madrid ya podemos hacernos a la idea de que no será fácil reencontrarnos con él de forma inesperada.