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Crítica de ópera

La ópera [i]Elektra[/i] de Strauss inaugura la 15ª temporada lírica del Teatro Real

martes 27 de septiembre de 2011, 16:06h
El próximo viernes el madrileño Teatro Real abre su 15ª temporada lírica con una versión operística de la tragedia griega Elektra compuesta por Richard Strauss.
El coliseo madrileño da inicio a la presente temporada lírica el próximo día 30 de septiembre con 10 representaciones de la ópera Elektra compuesta por Richard Strauss. Se trata de una producción concebida por el prestigioso director de escena alemán, fallecido en 2008, Klaus Michel Grübe y una impresionante escenografía a cargo de Anselm Kiefer, que fue estrenada con éxito en el Teatro San Carlo de Nápoles en 2003.

A pesar de que la Elektra de Strauss ya se ha convertido en una ópera de repertorio para la mayoría de los grandes escenarios líricos de todo el mundo, la inmensa fuerza agónica que desprenden tanto su música como su libreto siguen originando ríos de tinta. Lejos quedan, sí, aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX cuando los sorprendentes descubrimientos arqueológicos de Troya y Micenas habían puesto de moda en Viena la cultura griega a la vez que florecía el psicoanálisis. Era, sin duda, el caldo de cultivo ideal para que Strauss se fijara en la obra del poeta y dramaturgo austriaco Hugo von Hofmannsthal que tenía como protagonista al mítico personaje de Elektra y creara junto a él una ópera que se atreve a ahondar como nunca antes se había hecho en las profundidades psicológicas de la mente humana. Una verdadera interpretación del drama de Sófocles en clave freudiana. Parece lógico, por otra parte, que de la extraordinaria revolución que supuso la obra estrenada en Dresde en enero de 1909 aún resuenen sus ecos y que sea ahora cuando mejor se pueda valorar este psicodrama en su conjunto. Es la simple consecuencia de la perspectiva que otorga el paso del tiempo a la hora de interpretar las obras que dejan aquellos artistas demasiado adelantados a su época.

Por eso, a sólo unos días del estreno de Elektra en la capital, resulta interesante recordar los tremendos efectos que la rompedora obra provocó en el público y en la crítica de entonces. Incluso también en alguno de sus intérpretes. Porque como muchos imaginarán, la ópera tuvo serios problemas para ser comprendida en su momento. La crítica no dudó en calificarla de “abominable, fea y ruidosa”, tachándola de indecente y, por su parte, una de las cantantes confesó su propio estado de shock y aseguró que el público había salido del espectáculo aturdido, sin ganas de comer o dormir, ni siquiera de hablar. Aún sin esperar que hoy dichos sentimientos puedan reproducirse y a sabiendas de que, por el contrario, la crítica se fijará, como es lógico, en los intérpretes, en la orquesta y el coro, en el director de orquesta y en la dirección de escena para valorarla, lo cierto es que Elektra continúa siendo una de esas obras que no dejan indiferente a nadie y están llamadas a provocar al auditorio como sólo el arte parece capaz de hacerlo.

En este sentido, Gerard Mortier, director artístico del Real, recordaba que se trata de una obra escrita a principios del siglo XX, época tremendamente convulsa a punto de estallar la I Guerra Mundial, en la que la duda que se planteaba era acerca de si el arte puede comunicar, de si es capaz, en definitiva, de salvar al mundo. Lo aseguraba esta mañana ante la prensa convocada para la presentación de la obra y lo hacía en un lugar nada habitual para este tipo de encuentros, en el mágico escenario ya preparado para el gran día del estreno a falta sólo de los últimos retoques. Un escenario estático dispuesto en rampa con un 5% de inclinación para que el efecto llegue a todas las alturas en las que se acomoda el público y que ha supuesto, según ha explicado Carlos Abolafia, subdirector técnico del teatro, un gran reto para el coliseo madrileño. A ello hay que añadir el gran volumen del decorado que llegó a Madrid en 10 camiones y que ha habido que partir para poder subirlo desde el sótano y después ensamblar de nuevo sin que queden a la vista ninguna de sus junturas.

Pero, por supuesto, es la complejidad musical la que siempre acompaña a esta obra y así lo aseguraba el director de orquesta estadounidense de origen ruso Semyon Bychkov, que ha querido destacar el gran trabajo llevado a cabo por la Orquesta Titular del Real que arrancó con unos días de ensayos el pasado mes de julio. Tras el parón del verano, durante el cual siguieron trabajando de forma individual, volvieron a juntarse hace cuatro semanas para ensayar, con unos resultados muy destacados en la ejecución de esta producción que interpreta la partitura con la orquestación original de Strauss y reúne en el foso un total de 110 músicos.

Dos son los repartos que se alterarán en el escenario encabezados por dos sopranos norteamericanas de distintas generaciones, perfiles y caracteres muy diferentes: Deborah Polaski, de quien Mortier ha dicho que es una de las grandes Elektras de los últimos 15 años y Christine Goerke que debuta el papel en Madrid y que para Mortier puede constituir un importante descubrimiento, convirtiéndose la Elektra de los próximos 15 años. Completan el reparto Jane Henschel y Rosalind Plowright, en el papel de Klytämnestra; Manuela Uhl y Ricarda Merbeth en el papel de Chrysothemis. Junto a ellas Chris Merrit y Samuel Youn, así como la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Andrés Máspero.
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