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crítica

El zar Gergiev consagra la primavera en el Real

miércoles 14 de diciembre de 2011, 10:43h
Para Valery Gergiev fue, en realidad, la segunda noche en pocos días que se subía al escenario del coliseo madrileño, después de que el pasado domingo se pusiera al frente de la Orquesta de la Comunidad Valenciana para interpretar la versión francesa, compuesta por Hector Berliotz, de “Romeo y Julieta”. El de ayer era, por el contrario, un programa enteramente ruso. En la primera parte se escuchó la carismática música del ballet Petrushka, compuesta por Stravinski en 1911, y con toda su fuerza en manos de los expertos músicos de la Orquesta del Teatro Mariinski. El bajo Mikhail Petrenko fue, por otra parte, el encargado de sustituir a Evgeny Nikitin, de baja por enfermedad, para interpretar las cuatro piezas incluidas en los “Cantos y danzas de la muerte” de Modest Musorsky, desde la cálida “Canción de cuna”, pasando por “Serenata” y “Trepak”, para finalizar con la desgarradora canción titulada “El mariscal de campo”. Petrenko, cuyo primer éxito internacional fue en Die Walküre en Berlín bajo la dirección de Barenboim, ha sido premiado en distintos concursos del más alto nivel como los que dan nombre Plácido Domingo, María Callas y Elena Obraztsova, estuvo ayer intenso y su interpretación tanto vocal como actoral fue creciendo con cada frase.

Pero, sin duda, la parte más esperada en el concierto de ayer, y la que más aplausos cosechó, fue la segunda porque, aún hoy, la original y exquisita obra para ballet compuesta en 1913 por Stravinski “La consagración de la primavera” sigue provocando fuertes emociones, incapaz de dejar indiferente a nadie. Eso sí, en la actualidad se ha convertido en una de las piezas más valoradas precisamente por esa magnífica intensidad, por sus bruscos y a la vez refinados contrastes que llenan los espacios de esa inmensa disonancia polifónica. Una disonancia que, sin embargo, no fue muy bien recibida durante su estreno en el parisino Théâtre des Champs-Elysées el 29 de mayo del mismo año en el que fue compuesta. Todavía se sigue afirmando que el escándalo que provocó el estreno de este ballet estructurado en dos partes: La adoración de la Tierra y El sacrificio, para el cual Stravinski se había inspirado en el sueño que había tenido acerca de un ritual pagano, ha sido el más sonado de todos los que han tenido lugar en el mundo de la música. Probablemente esto sea mucho decir, porque en los tetaros más veteranos aún resuenan otras históricas protestas, pero lo cierto es que los asistentes se liaron a puñetazos durante la primera parte y sólo la vigilancia de la policía durante el segundo acto hizo posible que no se interrumpiera definitivamente la representación.

Valery Gergiev es, en todo caso, un auténtico experto en la obra de Stravisnky como lo es, en general, en el repertorio de los principales compositores de su país. El actual director artístico del Mariinski, apodado el zar por su forma autoritaria de dirigir dentro de la orquesta y fuera de ella, asegura, en este sentido, que está destinado a servir a la tradición rusa y, a parte de la obra del citado compositor, declara tener predilección por Chaikovski, Musorgsy, también presente anoche, Borodin o Shostakovich. Y su compromiso, que tampoco le ha impedido colaborar estrechamente con importantes orquestas de otros países, como la del Metropolitan, de la que es director asociado, la Filarmónica de Rotterdam o la Sinfónica de Londres, le ha colocado en su país en un punto muy cercano a las altas esferas de poder. De hecho, el gran director de 58 años, al que hemos tenido en Madrid varias veces durante los últimos años – la última en 2009 con el programa doble de Oedipus Rex y Le rossignol – tiene una estrecha relación con Vladimir Putin, y desde su posición ha sido capaz de resucitar al mítico Teatro Mariinski después de años “pasados en la sombra”. De “su teatro”, donde trabajan 2.000 personas entre músicos, bailarines y personal técnico, el enérgico Gergeiv llegó a decir que era una especie de Vaticano ruso, cerrado durante años, pero que ahora ha vuelto a relacionarse con el mundo. Anoche, el zar Valery Gergiev volvió a dejar en la capital la misma poderosa sensación de siempre, la de querer tenerle otra vez para deleitarnos con el poder de su música, de la que afirma que no le ayuda a ser perfecto pero sí mejor persona, porque enriquece su vida, y eso es algo, dice, que debe compartir.

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