Pifias que los devuelven a la tierra
Los políticos son humanos. A veces pueden parecer autómatas del discurso y la réplica, faltos de espontaneidad y tan asesorados que nada se les escapa. Fruto de la mala pasada de un micrófono, del éxito de un fotógrafo o de una traición del subconsciente, muchos de nuestros dirigentes han sucumbido a la pifia para deleite del espectador. Porque la política también puede ser divertida.