Un nuevo estilo de gobernar
lunes 05 de marzo de 2012, 21:37h
A estas alturas no tiene ya ningún sentido volver a reiterar que el anterior Gobierno socialista hizo de la mentira su indispensable instrumento político. No vamos a hacer el catálogo de la larga serie de mentiras emitidas y mantenidas durante casi una década, que sería interminable. Basta recordar en qué quedó su famosa promesa de “los brotes verdes” o la no menos famosa del “pleno empleo”. Rajoy, por el contrario, ha insistido desde el primer momento en que nunca mentiría ni presentaría versiones edulcoradas de la situación. Y lo ha mantenido aquí o en Bruselas. “Con la verdad por delante” podría ser el lema de este Gobierno, decidido a no desconocer la realidad, aunque en alguna ocasión ésta le obligue a desdecirse, como cuando anunció la necesaria subida de algunos impuestos. En aquella ocasión, Rajoy quiso demostrar que si es amigo de la contención fiscal, lo es mucho más de la realidad y de la verdad. Todo un programa de gobierno. Nada de trampantojos, presentando a los ciudadanos paisajes idílicos que no se corresponden en absoluto con lo que hay ahí fuera y con lo que viven a diario los españoles.
Y esta norma de decir la verdad aunque duela o aunque cueste algún disgusto, Rajoy la quiere aplicar no solo respecto de sus conciudadanos sino también cara al exterior: “Bruselas”, esto es las instituciones de la UE y los otros gobiernos que la forman. Por eso al final del último Consejo Europeo, en la conferencia de prensa, dio la campanada al anunciar que el objetivo de déficit para España en este año 2012 no iba a ser el 4’4 %, como prometió inicialmente Zapatero, tras pacto con la Comisión, sino del 5’8%. Reiteró que España se compromete a respetar el compromiso del 3% para 2013 y presentó el nuevo porcentaje como una decisión soberana de España. Rajoy no tiene que demostrar su compromiso con la UE y con las exigencias de compartir una moneda común. Pero tiene muy claro que los intereses generales de España –que nadie como él y su Gobierno pueden interpretar mejor- están por encima de todo. Podría haberse callado pero tal silencio no entra en su modo de ser ni en su estilo de gobernar. Sabiendo como sabe que el 4’4% no es un porcentaje realista de déficit más vale anunciarlo cuanto antes, en vez de hacerse el loco como otros tenían por costumbre. Ciertas verdades proclamadas a su tiempo, pueden producir de inmediato algún reproche, pero a la larga todo el mundo lo agradece y consolida uno de los objetivos más evidentes que Rajoy ha perseguido desde antes de llegar a La Moncloa: la credibilidad.
Como apuntan algunos comentaristas de esos que se suelen considerar “bien informados” es muy probable que, tanto Rajoy como el ministro de Guindos, hayan anticipado a los dirigentes europeos más importantes su propósito de alterar el techo de déficit. Y podemos estar seguros de que el secretario de Estado de la UE, Íñigo Méndez de Vigo, que ha pasado tantos años en el Parlamento Europeo y se mueve como el pez en el agua en las turbulentas aguas de Bruselas, ha contribuido a que la decisión española no se haya visto como un desafío inaceptable sino como una medida razonable por parte de un Presidente del Gobierno que en poco tiempo se ha ganado la confianza de sus colegas y se ha mostrado dotado de esa cualidad no demasiado abundante en los ámbitos políticos: la fiabilidad. Porque en solo dos Consejos Europeos celebrados a los que ha asistido como Presidente del Gobierno y, simplemente, contemplado las imágenes que podemos ver en televisión, Rajoy ha demostrado una enorme soltura y una amplia capacidad de contactar con sus colegas. Nunca le hemos visto solitario en su sitio, en torno a la gran mesa del Consejo Europeo, hojeando distraídamente papeles mientras sus colegas charlaban animadamente unos pocos metros más allá. Ahora sí hemos vuelto “al corazón de Europa”, sin derivas estúpidas hacia el chavismo o la Alianza de las Civilizaciones, de infeliz memoria.
Mientras en Bruselas el Gobierno trabajaba por nuestros intereses, aquí en España la izquierda radical, plural y heterogénea, hacía lo único que sabe hacer que es remar contra corriente en perjuicio de todos. Hemos tenido una semana caracterizada por el vandalismo de unos pocos –muy pocos aunque metan mucho ruido y hagan mucho el bestia, destruyendo patrimonio público y privado- y la desvergüenza de otros que, siguiendo la vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano, animan a “tomar la calle” y después se declaran inocentes de las barbaridades de aquellos otros. Hablábamos antes de credibilidad: ¡Qué poca tienen esos responsables del PSOE que se declaran contrarios a la violencia, pero que no condenan como se merecen esos actos violentos y a sus autores! La verdad es que PSOE y violencia tienen una compleja historia que quizás explica ciertas actitudes. Desde la amenaza de atentado de Pablo Iglesias a Antonio Maura, a la “asturianada” de 1934 y el “guerracivilista” Largo Caballero, ese partido no puede presumir precisamente de métodos pacíficos. En aquellos tiempos la “lucha de clases” lo justificaba todo. Con la llegada de la democracia empezamos a ver un PSOE diferente, pero lo estropearon con el GAL. Y después vino Zapatero que, desde el “Prestige”, pretendió enlazar con lo peor de esa historia partidista, adepta a los métodos totalitarios del “cordón sanitario”.
El PSOE se muestra incapaz de modernizarse y no hay más que ver y oír a su nuevo líder. Se podrían poner muchos ejemplos, pero basta uno bien expresivo. A Rubalcaba no hace falta ni pincharle para que le salgan exabruptos anticlericlares decimonónicos propios de la época del El Frailazo. Como ese reciente de “cada oveja con su pareja”, hermanando como manifestantes al PP y a la Conferencia Episcopal o aquel otro cuando Rajoy dijo que había que hacer las cosas •”como Dios manda”. Y es que a veces Rubalcaba da la impresión de que se ha anclado en la campaña electoral de noviembre y que ni se ha enterado de que Rajoy ha ganado y él ha perdido. Parece estar pedaleando desesperadamente en una bicicleta fija, sin darse cuenta de que no se mueve pero, además, sin tener muy claras las ideas de adónde querría ir si es que quiere ir a algún sitio. Todo eso queda muy añejo ante el nuevo estilo de gobernar que consiste en, con la verdad por delante, sumergirse en la realidad para conocerla mejor, elaborar después las políticas adecuadas y volver de nuevo a la realidad para transformarla.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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