El Ballet de la Ópera de Lyon es el encargado este año de inaugurar la temporada de danza del coliseo madrileño con la coreografía de Jiri Kylián titulada One of a kind.
Después de la ópera, le llega el turno a la
danza de iniciar temporada en el
Teatro Real. Entre los días 4 y 9 de octubre, el Teatro Real ofrecerá cinco funciones de esta coreografía, considerada una obra maestra del repertorio contemporáneo, dentro de la temporada de ballet que patrocina la Fundación Loewe. La compañía francesa, creada en 1969, con una profunda formación clásica, ha experimentado en los últimos años una evolución hacia la danza contemporánea para la que ha resultado decisiva la iniciativa y el empuje del director artístico Yorgos Loukos. Él ha sido el responsable de la fuerte personalidad del
Ballet de la Ópera de Lyon, que se basa fundamentalmente en la magnífica preparación técnica y expresiva de sus bailarines combinada con la apuesta firme por una concepción escénica de refinado vanguardismo. Llevada por ese espíritu, la compañía de Lyon ha ido incorporando paulatinamente coreografías de los creadores más prestigiosos de la danza actual, 48 de ellas estrenos mundiales.

La obra de
Kylián con la que se presentan en el escenario de la Plaza de Oriente ofrece la oportunidad de comprobar el buen momento que atraviesa la formación. De hecho, el Ballet de Lyon es, junto al Nederlands Dans Theater, la única compañía autorizada por el creador de One of a kind para interpretarla. En esta obra, el prestigioso artista checo reflexiona sobre la condición humana, que se encuentra permanentemente “dividida entre su deseo de independencia y su dependencia de la colectividad”. Está estructurada en tres actos, con una narración que llega cargada de melancolía y abstracción, basándose en solos y duetos alrededor de unas notas desgranadas por el violonchelista Matthew Barley, que interpretará la música en directo sobre el escenario.
El galardonado arquitecto japonés Atsushi Kitagawara firma la
escenografía que acompaña la obra de Kylián, principal exponente junto a Hans Manen de la escuela holandesa de ballet, con la que se pretende reforzar la idea de la lucha interna del ser humano que describe la coreografía. Así, el espacio se presenta ocupado por elementos fijos y móviles, así como por esculturas abrazadas por la iluminación de Michael Simon y que está dirigida tanto a apoyar como a exponer el virtuosismo de los bailarines.