Cuando Ernesto Giménez Caballero llegó a Taiwán a finales de los años 50 se encontró con un país pobre al que no obstante la ayuda americana estaba poco a poco transformando. Se estaban mejorando las comunicaciones y los recursos agrícolas que habían dejado preparados los japone-ses en sus más de cuarenta años de gobierno colonial, y pronto el país se embarcaría en una pro-digiosa aventura de modernización.
Desde aquella visita del escritor de "Yo, inspector de alcantarillas" han pasado varias décadas en las que Taiwán ha ido cambiando su modelo económico según las necesidades de la economía internacional y de su dialéctica histórica. De potencia agrícola se convirtió al modelo de industria pesada; y de ahí, al de industria ligera, por el que sería conocido en España el "Made in Taiwan" allá por los años 80-90. En los últimos 15 años, Taiwán ha deslocalizado cientos empresas en China aunque su economía sigue basándose en un 70% en las exportaciones. Es por ello, que con la crisis de deuda europea y estadounidense, la drástica reducción de exportaciones ha provocado una seria crisis económica que está poniendo en apuros al otrora popular presidente Ma Ying-jeou.

Como respuesta a esta crisis de su modelo de crecimiento, el ejecutivo presidido por Sean Chen ha decidido embarcar a la isla en un nuevo proceso de transformación que la convierta en un des-tino turístico, cultural y gastronómico de primer orden. Varias han sido las medidas más impor-tantes en esta dirección; desde la controvertida aprobación por referéndum local de la construc-ción de un complejo de casinos y tiendas de lujo libres de impuestos en el territorio exterior de Matsu, junto a la costa china; hasta la firma de acuerdos de libre comercio con países de su en-torno (incluida China), incentivos fiscales a la inversión extranjera y creación de un Ministerio de Cultura para potenciar la industria cultural de la isla.
En este sentido, la iniciativa ha sido seguida por las administraciones locales y el sector privado: desde la potenciación turística del gobierno local de la ciudad histórica de Tainán; pasando por la promoción de eventos deportivos internacionales (Universiada 2017); y renovación y crecimiento de las dos principales líneas aéreas del país, China Airlines y Eva Air.
El gobierno local de Taipéi, no ha querido ser menos y ha decidido concentrar sus esfuerzos en elevar a la capital del país en centro culinario de Asia y promocionar una gastronomía con características distintivas que atraiga la atención de los gourmets más exigentes y del turista gas-tronómico en general.
A mediados del mes de noviembre, la Oficina de Comercio de la ciudad de Taipéi junto al China Times Group organizaron un tour de cuatro días para expertos en periodismo gastronómico y de viajes, con el objetivo de promocionar la inmensa oferta culinaria y turística de la ciudad.
Taipéi posee una materia prima excelente que sólo necesita una campaña inteligente y decidida de promoción. La cocina popular está representada por los mercados nocturnos, donde pueden ser degustados todo tipo delicatessen en forma de tapas y raciones, y que los laboriosos taipeinitas frecuentan tras salir de trabajo. Los restaurantes donde se sirve el plato representativo de la isla, "niurou mian" (sopa de fideos con ternera), abundan por doquier y compiten fieramente por la clientela mejorando continuamente sus técnicas de cocción. La cocina tradicional taiwanesa también está sufriendo constantes intentos de popularización y adaptación a los nuevos gustos, que pueden reflejarse en la nueva cocina del restaurante My Zao, en el popular distrito de Zhongshan.

Pero Taipéi no es sólo mercados nocturnos y fideos a 4 euros. Si algo se pudo comprobar durante los cuatro días de tour, es que la alta cocina y el lujo han ganado muchos enteros y la oferta es variada y abundante. En este sentido destacan viejos conocidos como Shin Yeh y Ding Xian, un restaurante especializado en mariscos y pescados encaramado al piso 86 del que fuera edificio más alto del mundo hasta el año pasado, el Taipei 101.

El distrito de Beitou, al pie del Parque Nacional Yangmingshan, ofrece una experiencia diferente. El hotel Sweet Me, entre otros, tiene una oferta combinada de aguas termales de estilo japonés, spa y restaurante de lujo, donde se puede degustar la cocina "Jiujia Cai". Los platos que componen esta variedad estaban hechos no tanto para ser degustados sino para ser admirados mientras los clientes, siempre hombres ricos, reían y bebían alcohol acompañados de lindas se-ñoritas entrenadas específicamente para estas veladas.
Uno de los lugares más sorprendentes y gratos que se pueden encontrar en Taipéi es el restauran-te-jardín Yangming Spring Green Kitchen, enclavado en un área boscosa del Parque Nacional Yangmingshan y especializado en refinadísima cocina vegetariana. Taiwán es un paraíso herbí-voro, con varios restaurantes budistas que ofrecen dieta vegetariana, imágenes de boddhisatvas y canto de sutras. Pero Yangming Spring es algo fuera de lo normal, allí donde se ejemplifica a la perfección aquello que decía Julio Camba de que la cocina china es una sabia combinación de venenos y contravenenos. Desde 25 euros se puede disfrutar de una serie de platos tan exquisitos y coloridos que uno no sabe si quedarse con la placentera combinación de gustos y texturas o con la belleza artística de los colores y las formas.

Y un tour en Taipéi quedaría cojo si no se visitase la ciudad vieja, Dadaocheng, donde se pueden visitar las calles y edificios más antiguos de la ciudad de la mano del profesor de historia Chuan Yung-ming. Es de visita obligada el Templo Xia-Hai del Dios de la Ciudad, a donde los residen-tes acuden en busca de protección, suerte en los negocios y búsqueda de marido. También es im-prescindible la legendaria Dihua Street donde se pueden encontrar algunos edificios que en su día fueron residencias de magnates del té. Y es que en Dadaocheng aún se encuentran las más afamadas fábricas de té, del que se precia ser mejor té del mundo en todas sus variedades. El té Oolong de alta montaña, con un 20% de fermentación, es la joya de la corona y puede ser adqui-rido en toda la isla a muy buen precio y una calidad que hubiese hecho las delicias de Kakuzo Okakura, maestro japonés del té.
Como muestra de la aún potente influencia japonesa en Taiwán, podemos disfrutar en la capital de restaurantes japoneses de gran calidad. En este sentido, Hoteles Sakura, es el mejor ejemplo de esta otra alma japonesa de la ciudad, con un personal casi nipón en su totalidad, haciendo gala de finura, limpieza y exquisitez, y ofreciendo un servicio como sólo los japoneses (y ahora los taiwaneses) son capaces.
Galería de fotos El relajamiento de las relaciones con China está permitiendo a Taiwán una mayor presencia en el ámbito internacional que ahora quiere aprovechar para publicitar sus maravillas. Los taiwaneses son persistentes y ávidos de conocimiento, siempre abiertos a aprender nuevas técnicas que les abran caminos diferentes de crecimiento económico. La transformación de Taiwán en destino turístico tiene que ser una oportunidad que las empresas españolas del sector deben aprovechar. Nuestros vinos cada vez son más habituales en los supermercados y restaurantes. Quizás vaya siendo hora de nuestra industria alimentaria, hotelera y de restauración ponga los ojos en una isla, que como se precian los propios taiwaneses de decir, "es un tesoro".
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