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ESTRENA [i]A PUERTA FRÍA[/i]

María Valverde: “No se escriben papeles para la etapa en la que se pasa de adolescente a mujer”

sábado 16 de marzo de 2013, 01:05h
Su natural y contenida actuación en La flaqueza del Bolchevique le valió con sólo 16 años un premio Goya. Diez años después, María Valverde se ha convertido en una actriz con bagaje suficiente como para pasar de protagonizar un fenómeno de masas como Tres metros sobre el cielo y su continuación, Tengo ganas de ti, a meterse en un proyecto de cine independiente con un papel pequeño sin inmutarse. Este viernes se ha estrenado A puerta fría, un drama sobre los entresijos laborales en el sector comercial, en la que Valverde se pone a las órdenes del cineasta Xavi Puebla y comparte elenco con Antonio Dechent, Héctor Colomé, José Luis García Pérez y el mismísimo Nick Nolte.
Pasa de protagonizar algunos de los taquillazos del cine español a meterse en una pequeña película de autor. ¿En qué se fija a la hora de dar el sí a un papel?
Lo que me engancha es el guión, la historia de todos los personajes y cómo sea el ‘pack’ completo: el director y los demás actores. Se tienen que dar todas las circunstancias, pero creo que para un actor es bueno poder elegir tanto taquillazos como películas de autor como esta.

¿En qué se parece a Inés, su personaje en A puerta fría?
En su generosidad, sobre todo. Me considero una persona generosa e Inés lo termina siendo, empatiza, decide y hace lo que está en su mano.

En la película se habla de una forma cruel de relevo generacional en el ámbito laboral: relegar al viejo, apartarlo de la vida útil por considerarlo obsoleto. Sin embargo, si miramos las cifras de paro juvenil, parece que los jóvenes que vienen detrás tampoco lo tienen nada fácil…
Es una pena. España se va a convertir en un país envejecido. Si no hay otra salida, los jóvenes tendremos que irnos, tendremos que luchar por criar a nuestros hijos en el mejor lugar posible y si España no logra serlo, habrá que volar.

Yo, por suerte, no lo estoy sufriendo ahora directamente y eso es una ventaja, pero nadie sabe si mañana me va a tocar. Creo que uno tiene que estar preparado con varias opciones porque a nadie nos aseguran que cuando terminamos de estudiar una cosa vayamos a trabajar en eso. Yo hasta ahora he sido actriz, pero igual el año que viene me toca ser otra cosa.

Lo que sí estoy viendo es que la crisis está dando a la gente más creatividad y están surgiendo proyectos de la nada y con muy poco dinero. Estos momentos despiertan a la gente.

Cuando se empieza a trabajar en cine siendo tan joven, ¿cuesta mantener los pies en la tierra?
Mucho. Es una locura cuando empiezas tan joven y te premian, desestabiliza a cualquiera. A mí me desestabilizó, pero la gran ventaja que tuve yo es que mis padres han sido unos santos. Ellos son los que me han mantenido ya no en la tierra, sino enterrada casi. Y no sólo mis padres, también mi representante lo ha sabido hacer muy bien conmigo. Gracias a ellos creo que he ido haciendo las cosas bien. Lo que yo siempre he querido y por lo que he luchado es por sentirme respetada en mi trabajo y en mi vida. Pero cuando empiezas tan pronto, y de la forma en la que yo empecé, con el pelotazo que supuso para mí La flaqueza del Bolchevique y el Goya, es muy difícil. Tuve que ir construyendo muy poquito a poco desde arriba hacia abajo y para eso hay que andar con pies de plomo.



Aunque lleva más de diez años trabajando, fue sobre todo a partir de las adaptaciones españolas de los libros de Federico Moccia (A tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti) y de su participación en la serie La Fuga cuando su cara se hizo muy familiar para el público y muy deseada para determinado tipo de prensa. ¿Cuál es el precio de la fama? ¿Hay algo que eche especialmente de menos?
La libertad. Parece una tontería, pero hay muchos momentos en los que te la quitan de golpe. Saber reaccionar a eso lleva su tiempo y su proceso. A veces te enfadas, lloras y te sientes muy impotente, pero es parte de lo que tienes que vivir cuando trabajas en esto. Con lo que yo me quedo, lo que me llevo a casa, es el público al que le han llegado mis películas. La pasión con la que la gente vive las historias que les contamos compensa todo lo demás. Hacemos cine para el público, las películas son para ellos, y eso hay que adorarlo y cuidarlo.

Como le pasa al protagonista de la película, ¿ha llegado a sentirse alguna vez ‘esclava’ de su trabajo?
A veces sí. Algunas veces el nivel de trabajo ha sido muy alto y el ritmo de viajes, rodajes, entrevistas y cansancio muy duro. Me he sentido sola y he pensado que el precio que tenía que pagar por trabajar era un poco alto. Pero esto puede pasar en cualquier profesión, que llegues a priorizar más el trabajo que tu vida personal. Hay que ir con cuidado y tener mucha cabeza porque se te puede ir de las manos y olvidarte de la parte más importante, que es lo que eres tú como persona, no como trabajador. Hay que saber decir que no a veces.

¿Cómo fue el trabajo con Nick Nolte?
Pues muy normal. Cuando le vi por primera vez me impresionó, pero luego fue todo muy tranquilo. Estas grandes estrellas, como se les califica, es la gente más normal del mundo. Lo que se crea a su alrededor no depende tanto de ellos, nadie les pregunta. Creo que hay una cuestión de ‘business’ de la que uno, siendo el principal afectado, ni se entera. Él estaba con su mujer y con su hija, como uno más.

A diferencia del mundo de ‘tiburones comerciales’ que retrata la película, en el ámbito del cine envejecer no tiene por qué significar quedarse relegado, sino más bien un cambio en el tipo de trabajo, en los papeles que llegan. ¿Ha notado un cambio en los papeles que le van ofreciendo?
Sí, se nota el cambio, sobre todo en que yo voy creciendo. Voy a cumplir 26 años y no puedo seguir haciendo papeles de 16. O a lo mejor sí, pero no es lo que me apetece. Lo bonito es ir madurando y poder trabajar acorde con esa madurez. Lo que sí es cierto es que a veces los guionistas se olvidan de ciertas épocas de la vida, sobre todo de la mujer. Hay edades para las que no escriben personajes o, si los escriben, son muy pequeños. Creo que la etapa en la que se pasa de adolescente a mujer es una fase muy difícil, en la que no sabes dónde te toca estar.

En una actriz joven, ¿un físico atractivo ayuda o se puede llegar a convertir en un handicap?
Lo más importante es tener un físico sano. Lo atractivo va por modas y lo que no falla es ver en pantalla a alguien sano, que irradie luminosidad. No consiste en tener músculos, estar delgada o tener muchas tetas, cada uno tiene su belleza y eso es lo que hay que potenciar.

¿Podría quedarse con alguno de los personajes que ha interpretado hasta ahora? ¿Alguno que le marcara especialmente?
De los últimos que he interpretado, creo que me quedaría con María Teresa del Toro, de El Libertador, una película venezolana sobre Simón Bolívar que está en proceso de edición. Hay algunos personajes que para mí marcan un antes y un después, y este es uno de ellos. Es un personaje que ha significado otra manera de trabajar, otra forma de ver la actuación, un cambio de chip. Me he quedado con la magia que irradia.

Ha rodado en Francia, Alemania e incluso Estados Unidos. ¿Se notan diferencias con respecto a la forma de trabajar aquí?
En todos los sitios se rueda de diferentes formas, pero creo que tiene que ver más con el carácter de las personas porque el trabajo consiste en lo mismo. Lo que me sorprendió de Estados Unidos fue el silencio en el set. Cuando el actor llega al set, todo el mundo se calla y, al no estar acostumbrada, me impresionó muchísimo. Es más fácil a la hora de concentrarse, pero el primer día para mí fue un shock.

Eso sí, cuando sales fuera también te das cuenta de que en España tenemos muy buenos profesionales que, de hecho, ahora están yéndose al extranjero a trabajar.

Como actriz, es un gusto poder trabajar en diferentes lugares del mundo. Un intérprete tiene que prepararse para poder ser actor del mundo. Creo que a día de hoy es un error tener la meta puesta en Hollywood.

Tras conseguir varios premios en festivales, A puerta fría llega a los cines este viernes. ¿Qué espera de la taquilla y del público?
Espero que la gente vaya al cine porque yo la primera vez que vi la película fue en la televisión y no tiene nada que ver. Esta película está hecha para verla en el cine por el tempo, por la no música y por el sonido. Necesitas un ambiente que dé pie a introducirte en la película y en su oscuridad. Entiendo que salimos con muy pocas copias y todo el equipo sabe que no se ha hecho para que sea un taquillazo. Es una película que va dirigida a los amantes del cine y creo que puede funcionar muy bien en el boca a boca. El público ha de ser exigente con las películas que va a ver y buscar calidad, sea en una superproducción o en cine independiente.



Con la eclosión de Internet como nueva ventana del cine y el principio de acercamiento de la industria a su realidad, ¿aún se puede transmitir al público que hay películas que son para ver en una sala de cine?
Creo que para ver cine debes pagar sí o sí, como la persona que quiere escuchar música. Pero también hay que entender que estamos en otra época y que hay otros caminos para hacerlo. Me parece maravilloso que una película se estrene simultáneamente en salas y en Internet y que sea el público quien elija dónde quiere verla. El hecho de que existan videoclubs virtuales da una libertad maravillosa al espectador y sale más barato. La solución pasa por buscar la estabilidad para todos, porque nosotros también vivimos de esto.
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