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Crítica de Ópera

Maurizio Pollini pone en pie al Teatro Real

lunes 03 de junio de 2013, 12:22h
El prestigioso pianista Maurizio Pollini protagonizó este domingo una de esas veladas inolvidables en las que el público, con sus aplausos, parece no querer dejar marchar al artista que les ha hecho vivir una maravillosa experiencia.
Hay aplausos que son atronadores, como los que anoche contrastaban al inicio del concierto con los suaves acordes que empezaban a brotar de los dedos del gran pianista italiano que este lunes será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid. Aplausos que, sin embargo, también casaban a la perfección con la rotundidad interpretativa del maestro, protagonista indiscutible desde hace más de 40 años en los más famosos teatros y salas de conciertos de todo el mundo, a donde viaja acompañado de su Steinway-Fabbrini que anoche lucía soberbio, colocado cerca del público. Para la cita de este domingo en Madrid, dentro del ciclo Las Noches del Real, Pollini había elegido un programa dedicado a dos genios del repertorio pianístico: Frederic Chopin y Claude Debussy, en un concierto que comenzó y terminó con un Preludio, forma que los dos citados compositores exploraron con precisión y profundidad.

La primera parte, de cuarenta minutos de duración, ha estado dedicada por completo a Chopin, el primero de los compositores que vienen a la mente al mencionar la palabra piano, y que ha comenzado con el Preludio en Do sostenido menor, op. 45. A continuación, Pollini ha interpretado tres de las formas que, junto al preludio, fueron favoritas del compositor polaco: baladas, mazurcas y scherzi, todas ellas pertenecientes al productivo periodo que va de 1836 a 1841, los primeros años de su relación con George Sand. Han sido: Balada nº2 en Fa mayor, op. 38; Balada nº3 en La bemol mayor, op. 47; Cuatro mazurcas, op. 33 y Scherzo nº3 en Do sostenido menor, op. 39. Y fue al finalizar esta primera parte, cuando se escucharon las primeras exclamaciones de bravo, junto a renovados pero igual de atronadores aplausos, que hacían presagiar que la noche de Pollíni en Madrid iba a ser larga e intensa.

PIE DE FOTODurante la segunda parte del concierto, dedicada en exclusiva a Debussy, Pollini ha interpretado los 12 Preludios incluidos en el Primer Libro, compuestos entre diciembre de 1909 y febrero de 1910, considerados como una de las cimas de la música impresionista y para los cuales el compositor francés escogió títulos que fueran capaces de crear asociaciones de imágenes o de sensaciones. Todos ellos, con un aire que varía de forma increíble de unas piezas a otras, desde la calma a la profunda pasión, pasando por la perfecta armonía o la complejidad de emociones que se desprende, por ejemplo, de uno de los preludios más conocidos de este Libro Primero, “La catedral sumergida”, que hace referencia a la leyenda de la sumergida ciudad mitológica de Ys, cuya catedral se elevaba por encima de la superficie una vez al día, para mantener vivo el recuerdo de la gloria de la ciudad antes de volver a hundirse en las aguas.

Una vez finalizado el recital, Maurizio Pollini ha recibido una intensa ovación que ha obligado al pianista milanés a salir muchas veces al escenario y a regalar al público, puesto por completo en pie, un total de cuatro bises: Estudio nº 12 o Estudio Revolucionario, Balada nº1, Preludio nº 24 en Re menor y la Berceuse Op.54. Con ellos se ha puesto el broche de oro al magnífico concierto, a tiempo para que Pollini saliera a recibir a quienes ya le esperaban haciendo cola en el hall del teatro para conseguir su firma en el último trabajo discográfico de este grandioso pianista de 71 años.
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