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Crítica de ópera

Teodor Currentzis borda un dramático Réquiem en el Teatro Real

martes 02 de julio de 2013, 10:00h
Dentro del ciclo de las Noches del Real, este lunes se ha ofrecido la primera de las dos únicas funciones programadas de la Misa de Réquiem de Verdi, dirigida por Teodor Currentzis con el tenor Jorge León como una de las cuatro voces solistas.
Se trata, en todo caso, de una gran obra maestra en la que el coro desempeña un papel protagonista, así como la orquesta, encargada de interpretar una inmensa partitura que, como todas las del gran compositor italiano, aparece plagada de anotaciones, advertencias e indicaciones. Muy importantes todas ellas para el director griego Teodor Currentzis, quien, días atrás, aseguraba que este Réquiem, el del Real, trataba de seguir al pie de la letra, y de la nota, aquello que, con tanta admiración, había escrito Verdi como homenaje a su escritor favorito, Alessandro Manzoni, cuando falleció en 1873. El poeta milanés era considerado como uno de los héroes del Resorgimiento, y Verdi se sentía de tal modo identificado con Manzoni, que entre los libros que siempre le acompañaban – la Biblia y la Divina Comedia – se encontraba también su famosa novela: I Promessi Sposi. No necesitaba Verdi “excusas” para componer una gran misa de réquiem - la pronta desaparición de su mujer y sus dos hijos marcó toda su trayectoria artística y, por supuesto, vital -, pero, cuando murió quien él llegó a calificar como “la mayor de nuestras glorias”, sin que, a su juicio, ningún periódico hablara de él como debiera: “Muchas palabras, pero pocos sentimientos hondos”, Verdi rompió el silencio musical en el que se encontraba inmerso a sus 60 años, después de haber compuesto Aída, y alumbró este Réquiem, que es, sin duda, una de sus grandes obras.



Por su parte, Currentzis – joven director griego de interpretaciones personales - ha sabido trabajar con la concentración que, según él mismo aseguraba, precisa esta partitura que refleja la seriedad de un compositor tantas veces mal entendido o, simplemente, subestimado, perdiéndose el verdadero sentido de lo que Verdi – tan marcadamente minucioso con sus propios cambios o correcciones – quería transmitir con lo que escribía. Por eso, este Réquiem, el de la Novena Noche del Real, es un Réquiem muy dramático, serio, trascendente, cuyas primeras notas, casi inaudibles, invitaban, aunque sólo fuera por cuestión de segundos, a cerrar los ojos delante de un poblado escenario en el que anoche estaban la Orquesta Titular del Teatro Real, acompañada de los integrantes del Coro Titular del Teatro Real reforzado para la ocasión por el Coro de la Comunidad de Madrid, y los cuatro solistas: el tenor Jorge León, la soprano armenia Lianna Haroutounian – espectacular en la última de las siete piezas de la obra, Libera me -, la conocida mezzosoprano Violeta Urmana y bajo italiano Ildebrando D’Arcangelo. Todos sin excepción, premiados por el público que sólo hizo más audible sus aclamaciones de bravo cuando, a indicaciones de Currentzis, se puso en pie el coro, al finalizar, con el mismo recogimiento que había empezado, esta obra sublime. Un recogimiento, cuyo acento de meditación había querido subrayar Currentzis, congelado el movimiento, con un silencio de décimas de segundo que parecía prolongarse un poco más de lo acostumbrado, subrayando lo trascendental del momento, de esas notas que hablan de muerte, de dolor, de miedo, de piedad y de incertidumbre. También de vida, porque es en ella donde habitan todos estos sentimientos.
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